11 de marzo de 2011
11.03.2011
HUGO BALLESTER

Tan cerca, tan lejos...

El entrenador dispone de futbolistas que comparten espacio pero cada uno maneja los tiempos y el hábitat a su antojo.

14.01.2012 | 16:45

En la variedad está el gusto y por suerte para el valencianismo, la confección de la plantilla del equipo blanquinegro mantiene ese discurso. El entrenador dispone de futbolistas que comparten espacio pero que cada uno maneja los tiempos y el hábitat a su antojo. Todos ellos virtuosos que abren un abanico de posibilidades a la hora de afrontar cualquier tipo de envite. Ahora falta acertar en la selección de su momento.

El misionero
Acerquémonos a Jonas. «Es un falso lento. Parece que no va y cuando te acercas a robar, cubre el balón con el cuerpo, arranca y no lo alcanzas». Así me lo definía un compañero suyo hace unas semanas y así lo entienden sus rivales, que le sufren en el terreno de juego. Jonas es simple y seguro en el manejo del balón y comanda la presión en su recuperación. Vive abriendo y cerrando la puerta del área en beneficio del grupo y del equipo. Cuando el Valencia ataca ejerce de enlace entre la medular y el ataque, esa zona en la que, cabeza y pies, deben sincronizarse: recibir, pensar, asistir; gol. Roberto Soldado ha encontrado en él al eslabón perfecto de una cadena que une al goleador con el resto de sus compañeros. Porque Jonas no es un jugador de inspiración con apariciones aisladas pero decisivas; aquel genio era Silva. Jonas siembra la cosecha, la recoge, prepara los fogones y lleva la comida a la mesa aprovechando el camino para ayudar al vecino con su cultivo. Es un misionero al servicio del colectivo y por ello, debemos empezar a reconocerle sus méritos. Internacional con Brasil y protagonista de este Valencia, los focos que empiezan a alumbrar su figura le invitan a festejar los goles con imaginación y con ello hasta contagia con su sonrisa a los que acuden a la celebración. «El ritmo lo marco yo», debió decir.

´Taco largo´
Mostrado el camino, sigamos con aquellos que ocupan el mismo lugar y sin embargo son distintos. Llegamos a Tino Costa, quien ha pasado del ostracismo al indulto hasta alcanzar el éxito. «Continuidad» reclamaba en su juego y continuidad ha tenido para demostrar la clase de futbolista que es. En el fútbol del argentino se aglutinan pequeños retales de innumerables virtudes que juntas nos muestran a un jugador completo; mucho. Se ofrece, bascula, distribuye, brega y por encima de todo: golpea. Zurdo de nacimiento, Tino Costa es un seguro a balón parado que asiste con escrupulosa precisión y dispara entre los tres palos sin miramientos. Nada que ver con Banega, no gasten más horas en la comparación. Son la ópera y el rock, dos estilos musicales, dos gustos, muchos colores. Tino es un arquitecto de ´taco largo´ que todavía no ha alcanzado su techo. Ahora nos queda asumir que, en el fútbol, no es necesario buscar antagonismos y aceptar que dos futbolistas que juegan en una misma posición son distintos y no por ello debemos quedarnos solo con uno de los dos. Más si cabe cuando, por suerte ambos son muy buenos.

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