03 de febrero de 2012
03.02.2012
PACO LLORET

No es casualidad

La designación de un árbitro inexperto en choques de esta envergadura, debutante esta temporada en Primera División, es la raíz del asunto que explica lo inexplicable.

03.02.2012 | 12:32

No es la primera vez que sucede y me temo que no será la última. La designación de un árbitro inexperto en choques de esta envergadura, debutante esta temporada en Primera División, es la raíz del asunto que explica lo inexplicable: cómo el colegiado y su auxiliar no vieron lo que sí que vio el resto de los presentes en el campo de Mestalla. Hay algo peor todavía, ni siquiera se pararon a dialogar en torno a lo sucedido, después de que Pinto se llevara el balón con el brazo fuera del área. La acción suponía la expulsión inmediata del guardameta, demasiado castigo para uno de los colosos del fútbol español. González González no estaba preparado para un choque de este voltaje ni capacitado para enfrentarse a una situación tan desequilibrante: echar al portero del Barça con más de una hora de juego por delante no entraba en sus planes.

Vaticinio cumplido
Me lo vaticinó antes del partido un exárbitro valenciano de Primera, Manuel Fandos (a quien como los Sanchis le machacaron desde la meseta el apellido con una tilde indebida en la o de la sílaba final), y no se equivocó: «El Barça tendrá un arbitraje favorable y el Valencia será perjudicado». El subconsciente dejó en evidencia al trencilla castellano-leonés, una decisión de semejante calibre pesa mucho y hay que estar muy preparado para afrontar con garantía esta clase de choques, no es igual llevar una década en la máxima categoría que estrenarse. Sin embargo, no le tembló el silbato cuando pitó el máximo castigo a favor de los barcelonistas. La historia se repite, lo mismo le pasó al Valencia con el célebre penalti inventado por Raúl en el Bernabéu en 2004, cuando otro novato, Tristante Oliva, se columpió a favor del más poderoso.

No es munición
En esta insoportable y vomitiva letanía de clásicos, algunos medios de comunicación no tienen reparo en utilizar al Valencia como munición para disparar sobre el adversario, aprovechando el lance y así, de paso, mantener el fuego encendido de un conflicto que harta incluso a algunos de los protagonistas. Un respeto, el único perjudicado que tiene derecho a quejarse es el club de Mestalla porque sus intereses se han visto dañados y su afición está indignada ante la evidencia del fallo y sus consecuencias. Las injusticias siempre van en la misma dirección. No es una sospecha, se trata de una realidad apoyada en la casuística.

Todo por decidir
La eliminatoria está abierta y el Valencia sigue vivo. Nadie esperaba una diferencia considerable a favor de los de Unai Emery que, por otro lado, no habría sabido administrar. Conociendo las particularidades de este equipo tan atípico, mejor salir a jugarse la clasificación para la final desde cero y a explotar algunas de sus virtudes. La empresa no resultará fácil, pero todo está por decidir. Desde luego, habrá que mejorar la propuesta futbolística respecto a lo visto en Mestalla y evitar fallos tan clamorosos como el que propició el gol de Puyol.

Cita inoportuna
El calendario obliga en el peor momento a medirse con el Atlético de Madrid. Por unas horas habrá que apartar la Copa del Rey de la mente. Los ´colchoneros´ se perfilan como el rival más cualificado para ser terceros en la liga. Se trata de un duelo directo y en liza hay algo más que tres puntos, también se decide el gol particular entre ambos aspirantes El Valencia se juega mucho en el Calderón, esta vez sí que sirve el empate.

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