13 de mayo de 2018
13.05.2018
13/05/2018

¿Todos los votos valen?

Otra vez la política en la elección de la sede del Mundial 2026

14.05.2018 | 10:30
¿Todos los votos valen?

Asistimos a una guerra de guerrillas con motivo de la elección del próximo Mundial de fútbol 2026, en el que se enfrentan los tres gigantes norteamericanos (Estados Unidos, México y Canadá, en orden de importancia de sedes pre-asignadas) y, por otra parte, Marruecos, el outsider pero que viene apretando fuerte.

De hecho, la pelea político-deportiva que está sobre la mesa ahora es la que ha propuesto el país alauita, con la solicitud de que cuatro miembros de la FIFA (ya saben, la organización con más miembros del mundo, y por encima de la ONU), que si bien son parte de la misma, Marruecos los ve como unos apéndices de los EEUU.

Se trata de Guam, Puerto Rico, Islas Vírgenes estadounidenses y Samoa Americana. Los cuatro son denominados 'territorios americanos no incorporados a los Estados Unidos', pero con mayor o menor dependencia de los EEUU. Por ejemplo, el Jefe de Estado de Samoa es Donald Trump.

Ese mismo Donald Trump que, otra vez tuiteando, amenazó a sus 'amigos' para que no votaran contra la candidatura de los tres norteamericanos. Por ello, los marroquíes han solicitado a la FIFA, quien de momento no ha contestado, que se les excluya del voto, que no de la asamblea que el día 13 de junio próximo, dará luz verde a una sede para ese Mundial de 2026.

Claro está que, en democracia, un individuo es igual a un voto y que en el fútbol también un miembro de FIFA vale lo mismo que otro. Así China, la India, Rusia, Brasil, Nigeria o Estados Unidos tienen ese voto, al igual que Jamaica, San Marino o los cuatro nombrados.

Sin embargo, ese problema, que algunos ya han levantado, sobre el poder igual frente a desigual fútbol, no es el que aquí se va a dar, y ya llegará el momento de poder discutir sobre eso, sino que esos cuatro miembros son Estados asociados en algún caso (Puerto Rico) y los cuatro son territorios de los Estados Unidos, pero 'no-incorporados'.

Esa tenue diferencia es la que lleva a los marroquíes a levantar la voz y solicitar la exclusión, ya que cuatro votos pueden ser la misma diferencia que lleve el Mundial a un sitio u otro. También es cierto que Marruecos obvia que los miembros que pujan por ese mismo acontecimiento no pueden votar y ahí tres (los norteamericanos) no lo harán por uno (los vecinos alauitas), lo que significa dos votos menos para los primeros?

Es decir que nos vemos en un impasse que tendrá que decidir FIFA, quizá anteriormente a la asamblea o en la misma, que es lo que yo propugnaría si fuera marroquí. Pero, la cuestión va más allá de eso y si bien es cierta la cercanía económica, jurídica y, en algún caso incluso política (Trump es presidente de Samoa americana), ¿qué hay de todas las demás cercanías?

Así, Francia ya ha dado su voto previo a Marruecos, como ex colonia y también porque el Presidente Macron quiere que el francés vuelva a la grandeza anterior, lo que quizá sea un intercambio para que los marroquíes vuelvan a tener a ese idioma como oficial, que ya no lo es.

Quitados esos cuatro votos extraños, la alta política se mezcla con el fútbol y con los miembros de FIFA que habrán de votar el próximo día 3. Y nos debemos preguntar si es justa la reclamación magrebí o si no hemos de ir más allá, porque todos los países musulmanes ya han dado su visto bueno a su correligionario.

¿No sería eso también impugnable por los norteamericanos? En verdad, ¿es mayor o igual de fuerte el lazo político de los Estados isleños con EEUU que el religioso entre musulmanes? Entramos ya en un ponzoñoso estado de cosas que, quizá, no convendría remover porque veríamos la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio...

Lo que sí nos da que pensar es en lo que se juega aquí: infraestructuras, inversiones (estatales o privadas), más trabajo, mayor proyección mundial (sobre todo para Marruecos), más influencia deportiva (los tres americanos del norte) o mejores patrocinadores, así como un turismo deportivo que puede conllevar que siga otro ulteriormente.

En definitiva, sean unos u otros, no dejen de leer lo que pasará después porque una película de James Bond no será nada comparada con lo que saldrá a la luz pública. Mientras esperamos esos acontecimientos, leamos la primeriza novela del francés Olivier Bourdeaut, 'Esperando a míster Bojangles'.

Más artículos de opinión de Juan de Dios Crespo, aquí.

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