07 de diciembre de 2019
07.12.2019
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Gameiro y Rodrigo en plan estelar

El trío de ataque del Valencia es de lo mejor de Europa y en tardes como la de ayer eso se traduce en tres puntos más para la saca

07.12.2019 | 23:17
Gameiro y Rodrigo en plan estelar

Derbi intenso, emocionante, casi siempre igualado, con un fútbol irregular y decantado a favor del Valencia en una noche inspiradísima de su dupla de ataque. Pocas veces dos delanteros marcan diferencias de una manera tan descarada. No estuvo especialmente fino el Levante, que supo sacar ventaja a una salida otra vez timorata del Valencia CF para después nadar un poco en agua de nadie y acabar sucumbiendo a su propia incapacidad defensiva. En los visitantes tampoco pasará a los anales el desempeño de la mayoría de sus futbolistas, cuya mayor virtud ayer fue saber sobreponerse a ese inicio desolador que hacía presagiar lo peor y conseguir colocar el encuentro en el lugar en el que deciden los superclase. Rodrigo y Gameiro fueron un hueso demasiado duro de roer para la defensa granota.

Errores imperdonables

En medio del desconcierto de la apertura, permitió el Valencia que un Levante mucho más enchufado se pusiera dos a cero. Señalados, de nuevo, dos habituales. En primer lugar un Cillessen que ha mostrado ya demasiadas veces ser capaz de lo peor. De lo mejor también, pero eso ya se le supone al portero del Valencia. Ahí, en la portería, es donde se está desangrando este equipo desde la llegada del holandés, que ya ha emitido suficientes señales de alarma como para dejar de tomárselo a la ligera y empezar a buscar recambio. Regalos como el de ayer al Levante en otros escenarios te mandan a la lona sin remisión. Y en el segundo apareció en la foto otra vez Parejo. Picos, muy poquitos, y valles, de estos muchos, durante toda la temporada y ayer un penalti cometido, no es el primero, del todo absurdo que retrató la empanada monumental con la que saltó al campo. Es cierto que luego, cuando el equipo se vio con el agua al cuello, el capitán lideró el toque de corneta para la remontada, pero no admite justificación que se evapore de los partidos con esta reiteración.

El Levante

Sus fallos en defensa son consustanciales a su fútbol, sin que las ausencias sirvan de coartada. De hecho fue Miramón, un habitual con actuaciones bastante irregulares, quien más mostró las vergüenzas. Seguramente el mundo granota se pregunta si no hubo manera mejor de administrar la notable ventaja que le puso en bandeja el rival. Y la respuesta es negativa. Con Paco López, una bendición caída del cielo para los azulgranas, el Levante no sabe jugar a otra cosa. Tuvo al Valencia contra las cuerdas pero nunca dio la impresión de saber cómo noquearlo sin vuelta atrás. Sus recitales de este año han pasado por las botas de un Melero que ayer lo vio desde la grada y por los escasos momentos de inspiración de un Comandante que ni ayer ni esta temporada se acerca siquiera al que hace un año derribaba a cañonazos la puerta de la selección. A la hora de la verdad, al fútbol vistoso y bien organizado de los de casa le faltó arriba la calidad que sí tuvieron Rodrigo y Gameiro.

El Valencia

Dos caras opuestas, algo que, como sucede con las lesiones en la plantilla, a veces nos pensamos que solo le ocurre al Valencia. Y no es así. En una temporada tan larga es imposible estar siempre enchufado. Pero salir a verlas venir, contemporizando cuando los del Levante van como aviones, es una cosa y que Roger te la enchufe con un tirito por el palo corto y cometas el innecesario penalti sobre Rochina otra bien distinta. Era todo tan absurdo que quizás por eso el equipo reaccionó. Rodrigo, desaparecido en un costado hasta el minuto 30, decidió regresar del ciberespacio y se puso a hacer lo que sabe. Subieron, acaso por contagio, sus compañeros una marcha y empezó otro partido. Pero, por mucho que el resultado pueda indicar lo contrario, al Valencia ayer lo salvan de manera casi exclusiva sus delanteros. Ninguno de sus centrocampistas estuvo inspirado. Coquelin fue una sombra de sí mismo, lo mismo que, más atrás, Garay. El peaje natural de los esfuerzos realizados.

Gameiro

Se viene señalando aquí la excelente temporada del francés. La mejor desde que llegó al Valencia y, seguramente, de su carrera. Ni siquiera sus recurrentes bajas por lesión están menoscabando sus prestaciones. Desde el primer partido se le ve con chispa y, por añadidura, trabaja como nunca. Da gusto verlo correr hacia atrás como una fiera cuando la ocasión lo exige. Ayer el fútbol le pagó una deuda que tenía pendiente. El trío de ataque del Valencia es de lo mejor de Europa y en tardes como la de ayer eso se traduce en tres puntos más para la saca.

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