22 de febrero de 2020
22.02.2020
22/02/2020

El violinista del Titanic

Del equipo que era el Valencia CF ya nada existe

22.02.2020 | 23:48
El violinista del Titanic

Esta vez les cayeron tres. Pudieron ser más. La Real se limitó a pasearse después del tercero y al tran tran bien pudo haber aumentado la cuenta. Enfrente tuvo a un conjunto de sombras. No se puede decir que no lo intentaran, pero parece evidente que han dejado de creer en lo que hacen. Fueron barridos del campo después de encajar, en otro regalo defensivo, el primer gol. Desde ese momento, corrieron para cumplir con el expediente, para que no se les vuelva a reprochar lo de la actitud. Pero el equipo que era el Valencia ya no existe, es una orquesta en la que cada cual hace la guerra por su cuenta. Del director ya no quieren ni oír hablar. Se ha quedado solo, a bordo del Titanic. Ha sacado su violín y ha empezado a tocar, convencido de que sus rivales son buenísimos, de que sus futbolistas son también buenísimos, de que tiene mala suerte con las lesiones, de que al rival le sale todo y a él nada, de que, en definitiva, el barco se hunde por todo menos porque el capitán lo ha llevado directo al iceberg. No es agradable observar lo solo que está Celades en su propia incapacidad.

Errores en cadena

Cada derrota descubre una nueva herida. Si en Mallorca quedaron retratados unos futbolistas engreídos y autocomplacientes y en Getafe o Milán el entrenador mostró su escasa preparación para el cargo que ocupa, ayer vimos un poco de esto último y un mucho de mala planificación deportiva. No es de recibo que el Valencia tenga que alinear una defensa donde coincidan Diakhaby, Mangala, Costa y ningún lateral derecho -la peor defensa de la historia del Valencia, me decía, antes de empezar el partido y no sin razón, Juan Lagardera-. Se racaneó en su día, y se racanea hoy, con el cuarto central y con el suplente de Gayà y en San Sebastián, ante un equipo de enjundia, el propietario tuvo que tragarse sin agua el sapo de su ineptitud. En el primer gol en contra, Mangala le entrega el balón al rival en la frontal y Diakhaby, una calamidad mayor según pasan los partidos, en lugar de marcar a alguien en el área pequeña, se queda quieto, esperando a que su hada madrina se interponga a la cabeza del delantero. El que rechazó 40 por este desastre debe estar más que satisfecho. En el tercero y definitivo, Costa dio hasta pena según uno observaba las repeticiones de su actuación. Parece imposible hacerlo peor.

Equipo patético

Entre error grosero y fallo aún más aberrante, el Valencia no ofreció nada. Unas cuantas paradas de Doménech, otra vez el más destacado, y alguna internada de Ferran, el único que parece correr más rápido que los del otro equipo. Y no intenten rascar más allá. Un delantero incapaz de irse de nadie excepto del fuera de juego, que lo cazaba una y otra vez. Un Soler que sale rebotado como una pelota de goma cada vez que choca con un defensa. Y, por encima, o por debajo, de todo una pareja de mediocentros que se arrastran por el campo como si llevaran un saco de piedras al hombro. Verlos correr detrás de los chicos de la Real producía vergüenza ajena. Ciervos frente a hipopotamos. Si es verdad que Parejo vuelve a ver todos los partidos que juega y después de este no se pone en manos de un preparador físico en condiciones, sus días de futbolista están contados.

El futuro y el pasado

A San Sebastián acudió un equipo envejecido prematuramente, descerrajado por un entrenador que ha exprimido hasta la lesión a alguna de sus estrellas, que ha marginado sin ninguna justificación a futbolistas que ahora le dejan en la estacada, que ha mandado a sus hombres a la escabechina con formas de jugar inadecuadas y que ha perdido todo el crédito que un buen día se ganó. El sábado vimos al futuro encarnado a Odegaard, Merino o Isak. Y vimos también el pasado, futbolistas que parecen acabados como Parejo, Kondogbia o Soler. El fútbol optimista, vibrante y lleno de energía de unos chavales que quieren comerse el mundo frente al trote cochinero, la anemia colectiva y el pase fallado a cinco metros de los que ya no parecen ser nada. Se vio al equipo de Imanol frente al de Celades. Con eso queda todo dicho.

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