02 de noviembre de 2020
02.11.2020
Superdeporte
02/11/2020

No todo está perdido

Regalos aparte, casi todo el mundo estuvo a la altura

02.11.2020 | 12:20
No todo está perdido

Fiel a la historia reciente, este Valencia-Getafe fue un carrusel de emociones. El reparto de puntos fue seguramente justo pero no deja satisfecho a casi nadie. Ni siquiera a la afición local, que esperaba la llegada de los Bordalás boys como los polacos el ataque de las Panzer Divisionen: con el terror pintado en la cara. Y, sin embargo, esta vez el Valencia CF respondió. Lo hizo sin grandes alardes, agazapado atrás, pero sabiendo sufrir a la espera de algún resquicio por donde responder. Fue un equipo pequeño y meritorio, que ni siquiera en inferioridad numérica se acobardó. Y que si no ganó fue más por errores propios que por aciertos ajenos, siguiendo una tónica cruel y habitual. Se le pedía al entrenador que pusiera a los mejores y casi todo el mundo estuvo a la altura, pero ni con eso da para ganar si se siguen prodigando regalos al adversario.

Racic

El serbio merece que se empiece por él. Ahora que la última rata ha abandonado el barco, parece que el chico tendrá su oportunidad. Igual que ha pasado con Correia o Guillamón, será cuando no tenga a nadie más que su entrenador, obtuso como pocos en la elección de sus onces, tendrá que 'descubrir' a Racic. Tuvo media hora y le alcanzó para ser el mejor de su equipo. Lo curioso del caso es que a poco que le vaya bien, y tiene pinta de que le irá bien, el mérito de su 'descubrimiento' recaerá en quien se sigue negando a ponerlo. La calidad del análisis en el fútbol es así.

Los regalos

Correia tiene la ventaja de contar con excelentes condiciones para ser futbolista. Y el inconveniente de serlo. Consiguió equilibrar un duelo vibrante de melenas al viento con Cucurella. Lejos de arrugarse, llegó a vacilar a su par con algún caño de los que pican fuerte. Estaba siendo, otra vez, de lo mejor de los de casa. Y de repente le faltaron esas neuronas que tan poco se trabajan en las escuelas de fútbol. Condenó a los suyos a galeras cuando tenían la cosa bajo relativo control. Estaba tan arrepentido el pobre que da hasta lástima. Una llamadita de Mendes y una noche sin dormir acaso nos lo arreglen para el futuro.


Doménech

El problema de Doménech no es el de Correia. Ya quisiéramos. Lo que no le alcanza al portero del Valencia es la técnica individual. Tiene buenos reflejos y es un gato en el área, pero en disparos como el que precedió al gol del Cucho comete errores de portero suplente. La mano no se pone así. La solvencia, por desgracia, se trae de serie a estas alturas, de modo que no queda otra que resignarse. El holandés es incluso peor.

El equipo

En esta nueva versión empequeñecida, el Valencia estuvo abnegado. Se vio por fin una pareja de centrales transmitiendo tranquilidad -el genio del banquillo estuvo a punto de poner a Mangala, échale arrestos-, a un Soler que fue el mejor mediocentro de la noche y una solidaridad grupal que resulta imprescindible si se quiere conseguir algo medio decente. Supo sacudirse el dominio del rival con una galopada de Musah a lo Usain Bolt y luego guardar la ropa. Le falta dejar de ser perro flaco y para eso tiene que volver a ganar partidos. Un empate en casa con el Getafe, me temo, no te saca de pobre. Que algún despistado esté hasta contento demuestra lo bajo que se ha caído.


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