28 de febrero de 2021
28.02.2021
Superdeporte
28/02/2021

Otro severo correctivo

Nadie sabe a qué juega el Valencia. No tiene estilo ni sello , ni siquiera entrenador

28.02.2021 | 13:07

Venía el Getafe de una racha pésima. Seis partidos sin ganar. Cinco sin marcar gol. Tambores de guerra y hasta Bordalás cuestionado. Para taponar la herida, volvió a sus esencias. Algo que, enfrente, no pudo hacer el Valencia porque, básicamente, no las tiene. Nadie sabe a qué juega el Valencia CF. No tiene estilo ni sello personal, seguramente porque ni siquiera tiene entrenador más allá de que se presenta una ficha con la foto de Javi Gracia para que el árbitro redacte el acta del partido. En ese contraste de esencias, el Valencia nunca fue candidato a ganar en Getafe. Otra vez se conformó con no perder y sacar luego pecho diciendo que allí le pusieron tanto ardor como el rival. Todos encantados de conocerse porque aquello no fue Valdebebas. Terminó siendo goleado porque, aparte de no generar fútbol de ningún tipo, sus centrales tuvieron una tarde para olvidar.

Terreno conocido

El primer tiempo se ajustó al canon. Más incluso por parte del Getafe. Bordalás se dejó esta vez de experimentos y puso a los de toda la vida. No son lo que eran porque Cucurella ha perdido el hilo, la novedad Unal parece cada temporada un poco peor que la anterior -y no empezaba muy arriba- y los dos mediocentros ya no llegan a todos los balones. Pero regresó la jauría que todos conocemos, como si el Valencia fuera un bocado demasiado apetitoso como para relajarse. En la maraña permanente, el único que parecía ofrecer algo diferente fue Kang In, pero estaba demasiado lejos del área rival como para hacer daño. El fuego cruzado fue especialmente intenso por la zona aledaña a los banquillos, donde la dupla Damián-Nyom pareció casi siempre superior, empezando por lo físico, a la pareja Musah-Gayà. Poco puede reclamar el Valencia sobre lo acontecido cuando pasó 45 minutos sin chutar una sola vez a puerta. Tampoco es que el Getafe hiciera mucho más, con la excepción de un disparo desde muy lejos de Arambarri que acabó colándose por la escuadra. Un golazo sobre el que el nivel de oposición de Cillessen es, cuanto menos, opinable. Venía de distancia suficiente como para intentar colocarse de otra manera. En todo caso, si alguien salió a por el partido fue el Getafe y sólo por ello se puede decir que recibió justo premio al volver a vestuarios.

¿Diakhaby-Paulista?

Cualquier esperanza de remontada quedó enterrada por la ineptitud de los centrales del Valencia. Primero Diakhaby ¿Había merecido regresar a las primeras de cambio? La torpeza que precedió a su expulsión ya no coge a nadie desprevenido. Luego Paulista. Si había que abrir paso al káiser Diakhaby, ¿de verdad era Guillamón el que más merecía el banquillo? El brasileño dio un recital de despropósitos. Regaló el gol a Mata, lo intentó con Unal, reculó hasta su casa en el tercero, no lo expulsaron de milagro y se movió siempre como si acabara de cumplir los sesenta, como si llevara un saco de plomo en las piernas. Con un jugador menos y con Paulista haciendo aguas a una velocidad pasmosa, los tímidos intentos del Valencia de buscar una reacción no fueron más que disparos al aire. Nunca, ni remotamente, dio el equipo la sensación de poder engancharse al partido, que el Getafe terminó dominando a placer.


Mera supervivencia

Más allá de los errores de los centrales, el Valencia nunca estuvo cerca del gol. Desaparecidos Soler y Racic, ocupados en la guerra de trincheras en la zona central del campo que les encomendó su entrenador, el equipo se quedó sin juego de ataque. Bordalás supo cerrar los caminos por los costados y Maxi ya casi se desactiva solo. Ni Musah ni Wass tienen el poderío físico para llegar arriba cuando el equipo planta el campamento en la frontal del área propia y Kang In se limita a caracolear sin apenas cruzar la raya del centro del campo. La actitud individual, esta vez inatacable, poco tiene que ver con la actitud como equipo, de nuevo alejada de la ambición que exige ganar en campos como el del Getafe. Sea consciente, cosa que sospechamos, o inconscientemente, el Valencia se encierra tan atrás cada vez que delante tiene un rival con cierto empaque que le resulta imposible llegar al área rival con efectivos suficientes para hacer daño. Así lo único que se consigue es este simple sobrevivir.

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