Mientras la España de Luis Enrique espera en el corredor de la muerte a que llegue la "final" ?aquí debería ir un emoticono de la cara de un mono tapándose la cara? frente a la todopoderosa Eslovaquia, en el plano en el que se mueven los mortales la vida sigue (casi) igual. Por ejemplo, las pulsaciones del fútbol astur se mantienen al ritmo del cuerpo criogenizado de Walt Disney, esa leyenda urbana que resiste el paso de los años, las décadas y los cambios de siglo.

En Oviedo, Rubén Reyes regresa a su casa para tomar el mando de las operaciones. Llega con el entrenador renovado y la misión de reforzar una plantilla que entre cesiones, salidas y otras cosas del comer anda necesitada de refuerzos vitamínicos para seguir en pie y disfrutar de una temporada sin grandes sobresaltos. Mientras, a 28 kilómetros, aún está por conocer el parte de bajas una vez que, un verano más, ha comenzado el fuego amigo.

En Gijón se está a la espera de que la maquinaria empiece a rodar en cuanto acabe la Eurocopa y se mueva el poco dinero que ha dejado la pandemia en la caja del fútbol de todos nosotros. Javi Rico conoce su tarea desde hace meses: vender bien (Djuka es su hombre) para tapar agujeros y hacer milagros con lo que sobre. Por lo demás, como en el cuartel de Simancas: "Disparan sobre nosotros, el enemigo está dentro".