La ausencia de fichajes y el regreso del galés Gareth Bale, tras haberse pasado cedido toda la temporada pasada en el Tottenham, colocan al belga Eden Hazard en el punto de mira después de dos temporadas marcadas por las lesiones y la falta de protagonismo.

El extremo belga afronta su tercera campaña en el Real Madrid con la obligación imperiosa de confirmar de una vez por todas que no es un jugador de cristal y que el club madridista no cometió un grave error al invertir 160 millones de euros en su incorporación, tal y como desveló el diario belga ‘HLN Sport’ hace un año contradiciendo la versión oficial, que hablada de solo 100 millones.

Hazard puso punto y final hace una semana a sus vacaciones y ha iniciado la pretemporada condicionado más que nunca por su discreto rendimiento en los dos cursos anteriores. Al internacional belga le salvó la ausencia de público como consecuencia de la pandemia. De haberse seguido jugando en el Santiago Bernabéu sin restricciones, sus oídos se hubieran acostumbrado a los pitos, como le sucedió en su día a Bale.

PASO ADELANTE

Hazard arranca exigido y obligado a dar un paso adelante de forma definitiva si no quiere ser recordado como uno de los más grandes fracasos de la historia del club blanco.

Hasta ahora ha pasado desapercibido y no ha sido capaz de dejar ninguna huella durante su estancia en el Real Madrid. Su balance es más que discreto, puesto que acumula 43 partidos de los 113 que ha disputado su equipo durante los dos últimos años. Y su renta goleadora ha sido mucho más decepcionante todavía, ya que solo suma cinco tantos, apenas el 2,6 por ciento de los que consiguió su equipo en total en competición oficial (187 goles).

Hazard no puede presumir precisamente de haberse resarcido ni de haber recuperado el crédito con una actuación convincente en la pasada Eurocopa. Ha perdido tanto fuelle desde que se puso por primera vez la camiseta madridista que parece un futbolista de segundo fila sobrevalorado.

Esta vez, además, el belga tendrá la presión de verse sometido al escrutinio de la afición madridista (poco numerosa en un primer momento) en cada partido.

CALVARIO

Nadie olvida su calvario con las lesiones, que le han acabado convirtiendo en una sombra de aquel habilidoso extremo que se consagró con la camiseta del Chelsea. De blanco apenas ha disputado el 38 por ciento de los partidos y acumula menos de 2.500 minutos de competición. La ausencia de fichajes le obliga a convertirse en el jugador determinante que el Real Madrid creyó haber fichado en 2019.

Su balance a nivel colectivo estos dos últimos años también es poco edificante, ya que únicamente ha podido celebrar una Liga y una Supercopa de España. En ambas competiciones apenas intervino en 16 ocasiones en su primera campaña en el Real Madrid.