Rafa Nadal y Mery Perelló cumplen este miércoles su segundo aniversario de boda. Se casaron el 19 de octubre de 2019 en la espectacular mansión de la Fortalesa del Port de Pollença, que se alquila por 40.000 euros al día, en una ceremonia, oficiada por Tomeu Català, y posterior celebración que consiguió reunir a los Reyes eméritos, don Juan Carlos y doña Sofía, y a más de doscientos invitados.

La boda fue un fiel reflejo del deseo de los novios. Querían un acto íntimo y discreto. Por eso escogieron el enclave fortificado y de difícil acceso del Port de Pollença para unirse en matrimonio. Y por eso pidieron a todos los invitados que se olvidaran de sus teléfonos móviles para asistir al acto.

Rafa Nadal y Mery Perelló se casaron con 33 y 31 años, cuando llevaban casi quince años de relación, un tiempo en la que ella se mantuvo siempre en un segundo plano tras las gestas deportivas del campeón de Manacor. En el día de su enlace matrimonial Mery Perelló lució un vestido de Rosa Clará. La diseñadora catalana también vistió a a la madre de la novia, Maria Pascual, a Ana Maria Parera, madre del tenista y su hermana, Maribel.

La pareja continúa viviendo con la discreción que les caracteriza y, de momento nada se sabe de sus intenciones de convertirse en padres, aunque Nadal ya ha manifestado en alguna ocasión su deseo de tener hijos pronto. Ya en 2017 Nadal expresó cuánto le gustan los niños y se definió como una persona "muy familiar" si bien reconoció que estaba esperando a que finalizara su carrera deportiva para disponer de más tiempo.

Como marido y mujer la pareja estrenó el año pasado su nuevo yate: el catamarán Green White, valorado en 5,5 millones de euros, que sustituyó al Beethoven, vendido por la pareja antes de adquirir la nueva embarcación. El Green White atraca en Porto Cristo, muy cerca de la residencia de la pareja.

Un año difícil para el campeón

Este último año no ha sido fácil para Rafa Nadal en el terreno deportivo. Apenas ha jugado un partido desde que el pasado 11 de junio cayera en las semifinales de Roland Garros ante el serbio Novak Djokovic, en lo que fue su tercera derrota en 108 partidos en el grande de tierra.

Nadie sospechaba que después de esta dolorosa derrota iba a renunciar, pocos días después, al torneo de Wimbledon y a los Juegos Olímpicos de Tokio. La enfermedad congénita en su pie izquierdo, conocida como Müller-Weiss, fue el motivo de su retirada momentánea de las pistas. “Renuncio a jugar en Londres y en Tokio para alargar mi carrera deportiva y seguir haciendo lo que me hace feliz”, justificó su ausencia.