Poder y lujo
¿Qué hace un tecnomagnate como Jeff Bezos en la primera fila de la moda?
El fundador de Amazon ha pasado del uniforme de camiseta y chinos de Silicon Valley a la primera fila de la alta costura, junto a su esposa, Lauren Sánchez, y a la sacerdotisa de 'Vogue', la Met Gala y 'El diablo viste de Prada', Anna Wintour

Lauren Sanchez y Jeff Bezos, en Santa Monica, California, el 5 de abril de 2025. / EFE
Laura Estirado
Jeff Bezos ya no viste como un hombre que quiere convencer al mundo de que ha inventado el futuro desde un almacén. Ahora viste como un hombre que quiere que el futuro le quede bien. Durante años, su imagen pública fue la del fundador aplicado: camisa azul, chinos, vaqueros rectos, polos sin misterio, chaleco de ejecutivo logístico, gafas de tecnócrata y zapatos cómodos. Era el uniforme moral de Silicon Valley: no importaba parecer interesante, importaba parecer eficiente.
El Bezos de ahora pertenece a otra especie visual. Cuerpo trabajado, piel bronceada, gafas de sol, chaquetas de cuero, trajes negros muy ajustados, esmoquin de terciopelo, sastrería de gala y una nueva conciencia ante las cámaras. No es solo que se vista mejor. Es que se viste con intención. El viejo magnate funcional ha sido sustituido por un personaje de alfombra roja: menos almacén, más yate; menos Excel, más Schiaparelli; menos fundador en retirada, más consorte de la industria del lujo.
En 2012 empezó todo
La pregunta no es por qué Jeff Bezos se interesa ahora por la moda. La pregunta es qué obtiene la moda aceptándolo en primera fila. Durante años, los oligarcas tecnológicos fingieron despreciar el estilo. Mark Zuckerberg convirtió la sudadera en doctrina. Steve Jobs hizo del jersey negro una religión minimalista. Bezos, en su primera Met Gala en 2012, todavía parecía un invitado desplazado de otra conferencia. Sí, ya entonces Amazon patrocinaba la gala para anunciar sus ambiciones en la venta de ropa, pero su fundador no transmitía poderío estético ni estilo alguno.

Jeff Bezos, CEO de Amazon, durante una conferencia en Nueva York, en febrero de 2009. / JIN LEE / BLOOMBERG NEWS
Catorce años después, la escena ha cambiado. Jeff Bezos y su 'fashionista' esposa, la reportera Lauren Sánchez Bezos, no solo acuden a desfiles: ocupan la primera fila. No solo visten marcas: las activan. No solo van al Met: ayudan a financiarlo. Según publica 'Page Six', la pareja habría destinado unos 10 millones de dólares a su papel como anfitriones de esta Met Gala. Según 'The Wall Street Journal', Anna Wintour llamó personalmente para pedir presencia y patronazgo. Ahí está la clave. Wintour no funciona solo como editora o anfitriona, sino que con su varita mágica otorga prestigio.
Lo de la clase, según los detractores de los Bezos, es otra cosa, y no está a la venta, por más que la fortuna del fundador de Amazon supere los 250.000 millones de dólares.
Sin embargo, tal como escribió Amy Odell, biógrafa de Wintour, en un artículo titulado 'La Met Gala ahora es la Gala Tecnológica': "En su afán por recaudar más dinero cada año, Anna ha encarecido tanto las entradas que prácticamente nadie puede permitírselas, salvo las empresas tecnológicas". Según la misma periodista, la entrada de dinero 'tecnológico', ha restado "atractivo" al evento.
Amazon Fashion
Amazon Fashion lleva más de una década intentando comprar credibilidad en una industria que siempre la miró con prevención. Patrocinó los desfiles masculinos de Nueva York, donó medio millón de dólares al fondo CFDA/Vogue durante la pandemia, fichó perfiles procedentes de 'Vogue' y trató de acercarse al lujo a través de Saks (la prestigiosa cadena estadounidense de grandes almacenes de lujo). La moda, que presume de detectar la impostura a veinte metros, ha terminado aceptando una verdad incómoda: el dinero tecnológico puede resultar vulgar, pero sostiene instituciones, becas, galas...
Ese es el negocio simbólico. Bezos no necesita un traje caro. Necesita lo que el traje representa cuando lo avalan Tom Ford, Dior, Dolce & Gabbana, Schiaparelli o el Met. El dinero compra aviones, barcos, seguridad y viajes al espacio. Pero no compra automáticamente clase. Para eso están los códigos culturales: una invitación imposible, una mesa bien situada, una portada digital de 'Vogue', una foto junto a Anna Wintour...
Lauren Sánchez Bezos ha sido decisiva en esta mutación. Con ella, el fundador de Amazon ha entrado en su era hipervisual. Su boda en Venecia, con vestidos a medida de Dolce & Gabbana y presencia de Schiaparelli, fue menos una celebración privada que una operación de posicionamiento. Sánchez entiende algo que los viejos tecnomagnates fingían ignorar: en la era de Instagram, el poder que no se ve no existe.
Nuevo territorio para oligarcas 'tech'
Por eso la moda se ha convertido en el nuevo territorio de legitimación de los multimillonarios tecnológicos. Ya no basta con financiar inteligencia artificial, satélites o plataformas que usamos millones de personas a diario. Falta una capa más blanda y más eficaz: el prestigio. Las donaciones al Met, los patrocinios del CFDA, las becas para diseñadores y la filantropía sostenible funcionan como una lavandería simbólica. Aunque no borren las críticas a Amazon, ni a las condiciones laborales, ni a los vínculos políticos con Trump, ni a la acumulación obscena de riqueza. Pero introducen otra imagen en circulación: la del benefactor vestido de gala.
Suscríbete para seguir leyendo
- El Valencia CF no está salvado. ¡Las opciones de posible descenso a Segunda!
- Juan Roig: 'Ha sido impresionante, estoy feliz por la afición, sólo falta que compremos todos en Mercadona
- Baja importantísima en la Real Sociedad contra el Valencia CF en la jornada 37
- El Valencia Basket ofrece viaje, hotel y entradas a sus aficionados para la Final Four de Atenas
- Carlos Corberán: 'No me siento salvado porque es imposible que ningún equipo de abajo se pueda dar por salvado
- Gayà y Renzo, adiós a la temporada con el Valencia CF
- El Roig Arena le come la tostada al Movistar Arena de Madrid
- Las notas (bajas) de los jugadores del Valencia CF en el empate contra el Rayo Vallecano