24 de septiembre de 2020
24.09.2020
Superdeporte
OSASUNA-LEVANTE

Ante el Levante empezó el calvario del Chimy

Ávila, ausente tras romperse nuevamente un ligamento cruzado, cayó por primera vez ante los granotas hace ahora ocho meses

24.09.2020 | 20:58
Ávila en el lance de su primera lesión.

Chimy Ávila no estará contra el Levante en el Sadar este fin de semana. Hace apenas unos días el carismático y aguerrido delantero argentino se rompió el ligamento cruzado de su rodilla derecha en un entrenamiento en Tajonar, una circunstancia que prolonga su particular calvario, que precisamente se inició contra el conjunto granota y en el estadio rojillo.

Fue el viernes 24 de enero, hace ahora ocho meses, cuando en un recorte de Rubén Vezo en el minuto 67 de partido (un encuentro que Osasuna venció 2-0) el argentino intentó presionar, lo que le llevó a hacer un mal apoyo que le produjo la rotura del ligamento cruzado de su pierna derecha. Mientras realizaba ostensibles gestos de dolor y la grada de El Sadar coreaba su nombre fue sustituido y poco después se confirmaban los peores presagios que le obligaban a estar como mínimo seis meses en el dique seco.

La espera tras aquella dura lesión fue larga, pero el pasado 26 de agosto Chimy Ávila se volvió a sentir futbolista. Jagoba Arrasate, entrenador de Osasuna, le dio la alternativa después de siete meses de baja por una lesión que según se apuntó desde algunos sectores frustró su posible fichaje por el Barça ya que el conjunto blaugrana le habría elegido a él y no a Braithwaite, de haber estado disponible, para cubrir la baja de Luis Suárez. El Chimy pudo disfrutar durante media hora frente al Mirandés. «Es una sensación muy linda porque he trabajado duro para que llegara este momento», señalaba tras su reaparición y prometiéndoselas muy felices entonces.

Sin embargo, apenas dos semanas después y justo antes del debut liguero ante el Cádiz, vio como se repetía la misma lesión, en esta ocasión en un lance con Aridane, pero en su rodilla derecha. De nuevo las malas sensaciones y la mirada perdida de algunos de sus compañeros mientras él se retorcía todavía de dolor en el suelo hacían presagiar una lesión grave y la exploración en la Clínica Universidad de Navarra confirmó que padecía una rotura del ligamento anterior de la rodilla derecha.

«Viene un año muy hermoso», había asegurado apenas unos días antes de su segunda lesión. Sin embargo, poco después se veía obligado a compartir en Twitter el siguiente comentario: «Es otra batalla que la vida me pone y superaré una vez más; Mientras más difícil se haga el camino, Dios multiplicará mis fuerzas y mientras más fuertes sean los desafíos, más grandes serán mis victorias». Fue operado el pasado día 16 y ha iniciado su segunda cuenta atrás.

El Chimy Ávila llegó a Osasuna procedente del Huesca, donde había jugado cedido por San Lorenzo de Almagro, que le vendió sus derechos al club navarro por 2,7 millones de euros, y hasta su lesión se había convertido en el jugador más determinante del equipo con nueve goles.

«Estuve desde los 18 hasta los 20 años sin jugar al fútbol. Fui padre y mi hija enfermó sin tener yo dinero. No podíamos mantenerla y estuvo internada en una clínica sin seguro social y había que pagar.  A los 20 fui papá y la obra social que llamamos  nosotros en Argentina 'Futbolistas agremiados' se portó muy bien conmigo. Al no ser jugador profesional ya, no me cubrían las obras sociales, y ellos me cubrieron». Son palabras del Chimy Ávila en las que hace no demasiado tiempo explicaba como fue su vida hasta triunfar en el fútbol profesional, algo que sin duda le dio un empujón a nivel tanto personal como anímico y económico.
«Mi hija estuvo al borde de irse para arriba. Yo tenía que hacer 30 kilómetros en bicicleta todos los días para trabajar y ver a mi hija en el hospital hasta que un día mirando la televisión me di cuenta de que todos mis compañeros eran ya profesionales y me puse a llorar. Mi mujer me preguntó que qué me pasaba y le expliqué que sentía que se me había ido el fútbol, que a veces uno por elegir mal se le escapan las cosas. 'Si yo quiero no se te va a escapar', me dijo. A partir de ahí me entrené. Mi agente, el que tengo ahora, me ayudó y llegó el momento de sacar a mi hija de la clínica y no teníamos cómo sacarla.  Y mi representante con Ariel Galarza fueron y pagaron la cuenta de la clínica, porque yo era albañil. Trabajaba con las mazas de cinco kilos rompiendo paredes».

En el alambre

De hecho el Chimy llegó a afirmar que su carrera se pudo echar a perder y estuvo jugando en el alambre: «Yo en el barrio me estaba tirando por la opción A que era la más fácil, la delincuencia y la mala vida». Ávila, por tanto, según el mismo ha revelado en más de una entrevista, trabajó en varios oficios hasta que San Lorenzo apostó por él.  El fútbol le salvó y ahora le pone otra dura prueba. Ya lo ha superado una vez y ahora está ya en el camino de hacerlo nuevamente porque después de todo lo vivido lo pondrá todo en el empeño.

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