Algo pasa en el PSG, cuando sus dos megacracks, Neymar Jr. y Kylian Mbappé, no solo no han firmado aún sus sendas renovaciones, sino que no descartan un cambio de aires. La incertidumbre que ronda el futuro de los dos superastros muestra que el proyecto deportivo-fnanciero-político de los qatarís en París presenta algún fallo estructural para no seducir lo suficiente a dos de las mayores estrellas del fútbol mundial.

Deportivamente, el campeón francés ha dado pasos importantes en Europa, donde ha superado tabús y traumas. El año pasado llegó a su primera final de Champions, donde no pudo con un Bayern en un estado de forma apoteósico. Y, en este 2021, ya está en las semifinales de los petrodólares contra el Manchester City. Antes eliminaron al Barça y se vengaron de los de Munich (que no pudieron contar con Lewandowski en toda la eliminatoria de cuartos). Nadie ya duda que el PSG sea un equipo competitivo continentalmente. Incluso así, sus dos tótems dudan sobre la idoneidad de permanecer en el Parque de los Príncipes.Del punto de vista financiero, el PSG tiene el músculo y la capacidad de financiación (con el Emirato de Qatar a sus espaldas) para afrontar la renovación de los dos futbolistas sobre los cuales pretende sostener su dinastía en el fútbol europeo. Aquí la diferencia es abismal. Neymar si vuelve al Barça será con un retracción significativa en su salario (en 2019 aceptaba cobrar lo mismo que en 2017) y a Mbappé no parece que lo que más le importa sea su cuenta corriente.

Por todo ello, entrar en la fase decisiva de la temporada sin que ninguno de los dos superastros haya ampliado su vínculo contractual es un fracaso monumental del PSG, personalizado en su máximo dirigente, su presidente, Nasser Al-Khelaïfi.

LA REBELDÍA DE NEYMAR

Neymar lleva toreando al PSG ya hace más de un año. Tiene cerrado un acuerdo para quedarse en París hasta junio de 2026, pero no lo firma porque antes pretende oír al Barça. Si tan convencido estuviera que quedarse en París es su primera y mejor opción, ya habría cerrado el tema y ya tendría la prima de renovación en su bolsillo. Muy hábilmente, Neymar padre ha extendido la negociación hasta que falta solo un año para la finalización del actual vínculo.No hay que olvidar que cada verano que Neymar ha pasado como jugador del PSG ha intentado regresar al Barcelona, con la excepción del año pasado. En medio de la pandemia, y con la Champions decidiéndose en Lisboa en agosto, el brasileño buscó estabilidad y expuso públicamente su deseo de permanecer en el club. Quizás porque era imposible irse a cualquier otro destino. En 2019, en el que llegó a plantarse y se negó a jugar, estuvo a un paso de conseguir su objetivo.

LA INSTATISFACCIÓN DE MBAPPÉ

Mbappé es diferente a Neymar. Juega en su país. Fue campeón del Mundo en Rusia 2018 siendo futbolista del PSG y tiene siete años menos que el brasileño. Otra nacionalidad, otra generación y, sin embargo, el mismo deseo: irse de París. Tiene un año más de contrato, como Ney, hasta el 30 de junio de 2022, pero no hay un acuerdo cerrado, como sí existe con el brasileño. Es más, las posturas entre el delantero galo y su club están muy pero que muy alejadas.

Mientras, Florentino Pérez y el City, con los petrodólares de los Emiratos Árabes travestidos de proyecto deportivo, están al acecho. Y Kylian, y su familia, se dejan querer por Zidane y por Pep Guardiola, con un poder de seducción, que, por lo que parece, es mucho mayor al que tenía Tuchel y ahora Mauricio Pochettino.

El PSG, por mucho que acabe ganando la Champions, tiene que convivir con la humillación de saber que es ahora mismo el segundo plato para sus dos figuras, únicamente atadas (y nunca mejor dicho) por sus vínculos contractuales. Si Neymar sigue será por falta de opción y Mbappé sabe que le toca esperar, ya que su salida este verano es prácticamente imposible, independientemente del futuro de su colega brasileño.