El Villarreal cayó derrotado ante el Celta en un encuentro en el que en cierto modo evidenció estar de 'resaca' tras la clasificación para la final de Europa League lograda el jueves. Eso es incuestionable, como también lo es que las decisiones arbitrales apenas favoreciero. Quizás alguien pueda decir que con el reglamento en la mano tampoco le perjudicaron, pero no parece muy normal que la balanza casi siempre se incline del mismo lado. Es muy mala fortuna, si bien es cierto que los árboles tampoco deben impedir ver el bosque.

En la primera parte del encuentro pasaron tantas cosas que no hay espacio físico en esta crónica para describirlas. Tan solo para enumerarlas. Se adelantó el Celta con un cabezazo potente de Santi Mina precedido de una clara falta cometida por Nolito que el colegiado no interpretó como inmediatamente anterior al tanto (18'). El Villarreal, pese al golpe, reaccionó y logró restablecer las tablas con otro testarazo, en esta ocasión de Moi Gómez, tras una excelente jugada personal de Rubén Peña (24'). Y los vigueses se volvieron adelantar tras un controvertido penalti que Medié Jiménez señaló después de un choque de Asenjo con Hugo Mallo en una salida y que Santi Mina transformó (34').

A esas alturas de encuentro el colegiado ya era el triste protagonista del encuentro, al menos para el conjunto groguet, porque hasta ese momento todas las jugadas grises en el ámbito arbitral habían caído del lado visitante, pero la balanza se acabó de decantar de forma ya definitiva cuando poco después el colegiado primero expulsaba al celtiña Néstor tras una acción en la que es cierto que tocó balón entrando de forma aparatosísima, pero después y a instancias del VAR reducía la sanción para dejarla en una amarilla.

La cara de Emery en el banquillo ya era un poema y la cosa se acabó de encender cuando lo que inicialmente era una falta de Capoué a Denis en la frontal (el francés levantó el piececito de forma inoportuna e imprudente) se convirtió en un penalti, porque la infracción, punible, fue levemente dentro del área. Brais Méndez lo lanzó para hacer el 1-3 (48') y con ese marcador, y los nervios groguets a flor de piel, se llegó al descanso.

En ese primer acto el equipo, aunque la actuación arbitral pueda servir de coartada, no anduvo bien. Demasiadas concesiones en una defensa plagada de no habituales (Emery apostó de inicio por dar descanso a muchos pesos pesados) y falta de mordiente en ataque, un aspecto este último que se quiso revertir en la reanudación con la entrada de Gerard Moreno, pero una llegada por banda izquierda bien culminada por Solari en los primeros compases (56') significó el 1-4. Fue el tiro de gracia al encuentro.

De ahí al final el Villarreal quiso pero tan solo pudo en una acción en la que esta vez sí el colegiado señaló un penalti por manos también en una posición límite, pero dentro del área. Gerard transformó el lantamiento (2-4 en el 84') y aunque en los últimos minutos se jugó incluso en superioridad por la expulsión de Facundo, los puntos se fueron a Vigo.

Sin dramas, es obligatorio pensar que la cita europea es lógico que aglutine la atención, pero más vale no descuidar LaLiga porque la plaza de acceso directo a Europa League no está asegurada.