La falta de gol, debate endémico en esta Roja en transición, condenó a España ante Suecia en su estreno en la Eurocopa, un torneo en el camino a la gloria viene gobernado por los destellos, por una intuición que durante toda la primera mitad desplegó Koke Resurreción, pero a la que le falló el remate. La selección de Luis Enrique se movió por el castigado césped de la Cartuja con la agilidad de un boxeador de peso ligero, pero con la mira desviada en el remate, con Álvaro Morata como símbolo de esa falta de pericia. En los minutos finales, con el groguet Gerard Moreno en el campo, España volvió a acercarse al gol, al anhelado respiro de todo debut, pero pese al asedio salvaje ya no le quedaba tiempo en la noche de Sevilla. La lección debería quedar clara, el sábado ante Polonia.

Koke jugó sin el brazalete de capitán, pero con todas las llaves de la Cartuja colgándole del bolsillo. Su dominio del juego fue oceánico, con la sabiduría de un futbolista antiguo, como Schuster, Baraja o Pirlo. Participaba en el nacimiento de cada jugada, en los pases incisivos al espacio y hasta llegó a posiciones de remate. Dejándose caer a la derecha, torcía desde esa ubicación todo el pesado entramado defensivo sueco. Generaba un espacio precioso a Llorente para que trotara despreocupado por la banda, se asoció con Pedri, indetectable entre gigantes amarillos y conectó con un Dani Olmo de colmillo afilado y un Ferran Torres muy activo.

Al extremo de Foios se le reservó plano de actor principal en la secuencia de los himnos. Sus 6 goles en 11 partidos en la Roja merecen tal puesta en escena. Además, volvía a uno de sus estadios fetiche y suyo fue el primer centro con peligro, apenas superados los dos primeros minutos. Una señal de lo que le iba a costar a Suecia la defensa de los centros laterales, con Lindelof muy fallón.

Koke y Pedri se intercambian posiciones y se abrían los espacios en la resistencia sueca, incapaz de seguir la posesión dinámica de una Roja muy activa para recuperar la pelota en campo rival. Luis Enrique, tipo pasional, contemplaba la función muy tranquilo, sentado sobre la neverita, como el Loco Bielsa. No solo se acaparaba la posesión, sino que también gozó de ocasiones sobradas para imponer su dominio. En el minuto 15 Robin Olsen, suplente en el Everton, salvaba un remate picado de Dani Olmo. En el 22 Koke probaba una pared con Alba dentro del área. El balón rechazado llegó al jugador del Atlético, que golpeó ligeramente desviado.

Morata, buen partido y mala puntería

En mitad de una función tan coral, la única nota rota era la de Álvaro Morata. Su titularidad, un acto de fe de Luis Enrique, fue y seguirá siendo el debate más encendido en la selección en esta Eurocopa. El atacante se vaciaba en el desgaste a los centrales suecos. Pero hasta en esa ingrata tarea se le podían apuntar matices, ya que muchas veces su presión acababa en falta. Y de cara a gol, no news, bad news. En el minuto 38 , solo ante Olsen tras un despeje pifiado de Danielsson, quedó mal perfilado en la definición y erró una ocasión clara. España había perdonado y dio la opción para que Suecia se estirara por primera vez. El inédito Aleksander Isak aprovechó una indecisión entre Pau Torres y Unai Simón en una clarísima ocasión desbaratada en una carambola afortunada de rechaces entre el meta del Athletic, el poste y Llorente. Dani Olmo se sacaba un zapatazo antes del descanso para quitarse el susto de encima.

Morata volvía a errar una ocasión clara al inicio de la segunda parte, que le frustró hasta desconectarle del partido. Pero Marcus Berg perdonaba en otra contra sueca liderada por Isak, incomprensiblemente retirado por su seleccionador. Suecia ya no tendría más presencia. España dejó de pisar él área rival y la búsqueda de soluciones era ya obligatoria. Luis Enrique retiró a Morata e introdujo a Sarabia y Thiago, quedando Ferran, antes de ser sustituido, como referencia en ataque, un oficio novedoso que ha aprendido con Pep Guardiola en el City. El seleccionador renovó el resto del ataque, con más centradores y rematadores, con la entrada de Oyarzabal y la tan ansiada de Gerard Moreno, uno de los delanteros más en forma de Europa, algo fundamental en un torneo corto como la Eurocopa.

Casi sin tiempo, y entre las rampas visitantes, a España le dio tiempo de armar un convincente asedio final, con envíos desde todos los flancos y con Gerard Moreno imantando cada centro. El gol no llegó. Y el gol ocupará todas las tertulias en torno a una selección a la que se le reduce el margen de error.