Mateu Lahoz, Hernández Hernández, Gil Manzano son algunos de los árbitros que tratan de poner orden en la actualidad y tienen algo en común con otros históricos como Iturralde González, Díaz Vega o Undiano Mallenco. A todos se les conoce mediáticamente por sus dos apellidos. ¿Por qué en España se reconoce a los árbitros con dos apellidos?, ¿por qué no ocurre lo mismo por ejemplo con los futbolistas? Todo ello tiene una explicación histórica.

Remontémonos a finales de los años 60, cuando el colegiado murciano Ángel Franco Martínez empezaba a destacar con el silbato. Arrancó en Segunda división antes de ascender y posteriormente destacar en Primera e incluso pitar internacionalmente. Algunas críticas de la prensa se cebaban injustamente con él en algunas ocasiones: "Franco se cargó el partido", "Franco es muy malo", etc... Resultaba evidente que el motivo era extradeportivo, buscando el ataque directo contra Francisco Franco Bahamonde, dictador en esa época.

El caudillo era muy forofo del balompié y dichas crónicas no le harían ninguna gracia, como es normal. Y fuera idea del militar o de alguno de sus asesores, se dio orden de empezar a tratar a los colegiados por sus dos primeros apellidos, evitando así tanto esta polémica como otras en el futuro.

ETA quiso matar al árbitro murciano

La banda terrorista ETA, muy activa por aquel entonces, tenía planeado un nuevo asesinato que se hubiera hecho más mediático internacionalmente que la mayoría de los que realizaba.

Ángel Franco Martínez

El reparto arbitral le había asignado un Derbi vasco entre la Real Sociedad y el Athletic Club. Las intenciones de los terroristas pasaban por cumplir una consigna previa: "Primero mataremos a este Franco y luego al de Madrid".

El plan de los extremistas no pudo ejecutarse gracias a un soplo. Poco antes del partido, pidieron al colegiado que acudiera a una reunión en Murcia. Ángel Franco pensó que se trataba de un soborno, por lo que acudió a la cita junto al presidente del colegio murciano de árbitros, Manolo Cerezuela, tal y como reconoció en una entrevista años después. Al llegar a la cita, se encontró con un sacerdote de la localidad y a Tomás Garitano, ministro de Gobernación, que le informaron de los planes de los extremistas. El árbitro fingió una lesión para salvar su vida.