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COPA | ATLÉTICO 0 - BARÇA 1

Del penalti de Julián al chándal de Simeone: los 21 días que destruyeron al Atlético

El Atlético ha visto cómo, en tres semanas, ha perdido sus opciones de ganar la Champions, la Liga y, este martes, la Copa: sólo le queda el Mundial de Clubes

Simeone, durante el Atlético - Barça.

Simeone, durante el Atlético - Barça. / JUANJO MARTIN / EFE

Sergio R. Viñas

Sergio R. Viñas

Madrid

Llega ya la radiante primavera, pero a Diego Pablo Simeone le invade la insoportable sensación de estar sumergiéndose en el otoño. Como si estuviera pisando el hemisferio sur que le vio nacer y al que escapó en el parón de selecciones porque estuvo "muy jodido". Tenía razones para ello, más aún hoy que entonces. Llega, lo sienta así o no, la primavera en Madrid y a Simeone no le queda más remedio que hacer ya el cambio de armario.

Hace 21 días colgó el traje negro de la Champions; el que usa en Liga lo seguirá vistiendo unas semanas más, aunque ya sin ambición de sentirse guapo con él; y este martes metió en el trastero el chándal gris con el que se ha presentado en todos los partidos de Copa de esta temporada, amuleto gastado. Ya no habrá más Copa, ni más Champions, aún tendrá que padecer la Liga. En el fondo, para el Atlético llega el invierno.

El Metropolitano ya no es talismán

Han sido 21 días de ilusiones rotas. Del polémico penalti en dos toques de Julián Álvarez a la remontada liguera del Barça en 20 minutos (de 2-0 a 2-4). De ahí a la derrota de este martes frente a un Barça al que cada día se le adivinan más hechuras de multicampeón. Todo, para mayor dolor, ha ocurrido en el Metropolitano, desprovisto de su aura de aldea gala.

En las causas para el análisis es difícil disociar lo futbolístico de lo emocional. Incluso del extemporáneo "échale huevos" que le cantó el Metropolitano a los suyos pasada la media hora, cuando nada había sucedido lejos del área de Musso. Este martes, el Cholo buscó el 'electroshock' renovando todas sus bandas, construyendo una alineación inédita, aunque mirando más al peligro de Lamine y Raphinha por las bandas que a las virtudes ofensivas de sus jugadores. Tampoco le funcionó.

Tres cambios al descanso

La mejor prueba de que así sucedió fue el triple cambio que Simeone ejecutó al descanso, sacando del campo precisamente a tres de sus cuatro hombres de banda iniciales (Reinildo, Azplicueta y Giuliano). Se agarró a su vieja fe, con apariencia de último recurso, de jugar con tres centrales, dos carrileros largos y dos puntas natos.

Y el Atlético mejoró, sí, en algunos momentos incluso intimidó al Barça, hasta logró marcar un gol anulado por fuera de juego a través de Sorloth, el más eficiente de sus revulsivos. Superado el susto, algo que básicamente ocurrió cuando Pedri agarró el balón y decidió que era suyo, el Atlético enfiló sin remedio el tramo final de su desplome primaveral. Ya no habrá más chándal, confiando el Cholo en que el verano estadounidense aún le conceda, en este anticlimático Mundial de Clubes, una oportunidad de alirón.

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