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España se acerca a su segunda estrella tras colapsar a Francia

La selección de Luis de la Fuente tramita su billete para la final del Mundial y se cita con la historia en Nueva York después de superar a los de Didier Deschamps de manera autoritaria y rozando la perfección

Mikel Oyarzabal y Perro Porro fueron los goleadores de un encuentro en el que La Roja le robó el esférico a los franceses, impuso su ley y ejecutó una exhibición de fútbol inolvidable que hace soñar a todo un país

Mundial 2026: Francia - España, en imágenes.

AGENCIAS

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Rafa Esteve

Rafa Esteve

València

La línea que separa el éxito del fracaso es muy fina. A veces, la distancia entre ambos mundos es milimétrica. Depende, en ocasiones, de la suerte. Hasta que, de una vez por todas, te sonríe. Es injusto depositar todo el mérito en la fortuna, pero no es el caso de la España de Luis de la Fuente, cuyo rendimiento en el Mundial ha ido en aumento hasta el punto de surcar el cielo de la final con absoluto merecimiento. La victoria en semifinales contra Francia devuelve a La Roja al último escalón para tocar la copa del mundo 16 años después de la última (y primera) vez. Desde entonces, España estiró su periplo conquistador levantando la Eurocopa de 2012, que sirvió de espejo para iniciar un camino victorioso en 2024, tras una travesía por el desierto, quién sabe, como consecuencia por ser la envidia del panorama internacional en 2010. Sin embargo, atrás queda el fracaso de Brasil, la decepción de Rusia y el resbalón en Catar. La España de Lamine Yamal, Rodri Hernández, Dani Olmo u Oyarzabal, autor del tanto que abrió el marcador, antes de que Pedro Porro sentenciara la eliminatoria, quiere emular a la de Andrés Iniesta, David Villa, Iker Casillas, Carles Puyol y compañía. Este equipo quiere hacer historia. Y este equipo merece hacer historia.

Da la sensación de que la España de Luis de la Fuente se amolda a cualquier circunstancia sin prácticamente despeinarse. Francia, la selección más temida del torneo, aterrizó en las semifinales del Mundial como un auténtico rodillo, basando la velocidad de sus bandas en su arma más peligrosa. El combinado comandado por Didier Deschamps auguró electricidad sobre el terreno de juego. Buscó, en repetidas ocasiones, que el encuentro se convirtiera en un correcalles, pero su idea no encajó en los planes de España, ansiosa de tener el balón y mimarlo con sentido. Así trazó su camino hacia la meta de la victoria, allanada en el minuto 19 gracias a un penalti de Lucas Digne sobre Lamine Yamal. El lateral francés, en su intento de despejar un balón que merodeó el área gala, impactó su bota izquierda sobre el extremo para que Oyarzabal empezase a afilar sus colmillos.

Si es infalible sobre el punto de penalti, su condición de eficiente no iba a verse alterada, por mucho que el escenario fuera imponente, en las semifinales de un Mundial. El delantero de la Real Sociedad cogió el esférico, lo puso con delicadeza sobre el césped y ejecutó un lanzamiento inapelable a la izquierda de Maignan. El arquero del Milan le adivinó las intenciones al '21', pero el destino empujó con fuerza para que su disparo fuera imparable. La totalidad del país gritó el 1-0 y, minutos después, 'celebró' los problemas de espalda de Saliba, de los mejores centrales del campeonato, que le impidieron seguir sobre el campo. Mientras a una Francia completamente irreconocible se le acumulaban los problemas, España no solo se sentía cómoda, sino que empezaba a gustarse sobre el verde. La triangulación, superada la media hora, entre Olmo, Lamine y Fabián, a la que le quedó unos centímetros de bota para intimidar a Maignan, fue la señal de que el plan transcurría por su cauce, ya que la primera mitad acabó sin sobresaltos. Pese a ello, todo salió según lo previsto: esperar el error de Francia y hacerla correr tras el balón.

Pedro Porro celebra con sus compañeros su gol contra Francia.

Pedro Porro celebra con sus compañeros su gol contra Francia. / SAM WASSON / EFE

El descanso, de hecho, no alteró el estilo de juego de una selección de Luis de la Fuente, que siguió el plan establecido hasta que, en el 58', la zona de creación española habilitó un espacio entre centrales para que Pedro Porro encontrase a Dani Olmo en la media luna del área, y el '10' descargase nuevamente hacia el lateral para que se plantase frente a la portería francesa y marcase el segundo de la contienda. Locura absoluta, a la altura de las ilusiones que ha despertado España en su sueño de bordar su segunda estrella sobre el pecho, y que pudo ser mayor si Lamine Yamal, deshaciéndose de Lucas Digne para colocarla en la mismísima escuadra, no hubiese arrancado en fuera de juego. Tal fue la superioridad del combinado nacional que Francia no probó los guantes de Unai Simón hasta el minuto 64. Fue Mbappé, desaparecido durante prácticamente todo el partido, el encargado de despertar a los suyos. Instantes después, ejecutó un lanzamiento desde la frontal que, de no haber sido desviado por Cucurella, hubiera tenido un elevado porcentaje de opciones de superar la línea de gol.

Exhibición inolvidable

Sin embargo, Francia no contó con la figura de Unai Simón, imperial cuando más apretaron los de Didier Deschamps. El arquero se anticipó a todos los balones filtrados que dejaban a los atacantes de Francia en situación de peligro. Provocó alguna taquicardia que otra. Y más, cuando una salida de las suyas acabó en los pies de Doué y dejó la portería desierta, pero se entrometió en el lanzamiento del futbolista del PSG y, en el descuento, aún tuvo tiempo para negarle el gol, en dos ocasiones, a Dembélé. El pitido del colegiado estalló las lágrimas y la emoción de toda una sociedad y sentenció un partido histórico, digno de una exhibición memorable y que ya es eterna en las profundidades de un país que sueña con todas sus fuerzas. El espíritu de 2010 sobrevuela por las calles de Nueva York. Nada es casualidad: España está a un paso de bordar su segunda estrella y se dejará la vida por conseguirla.

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