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La contundencia del Alavés castiga a un Castellón muy espeso (0-3)

El doblete de Lucas Boyé y el gol de Mariano concretan la superioridad de los vascos, que hacen valer la diferencia de categoría

Primera derrota de la pretemporada para los albinegros, que anduvieron incomodísimos y tampoco tuvieron acierto

Iñigo Córdoba, durante el Castellón-Alavés.

Iñigo Córdoba, durante el Castellón-Alavés. / Alex Ivars / CD Castellón

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Enrique Ballester

A base de robar, correr y acertar el Deportivo Alavés superó al CD Castellón, que vio cómo sus buenas intenciones se estropeaban en cada una de las trampas que preparó el rival, que compitió mucho mejor y se llevó con justicia la victoria. El doblete de Lucas Boyé en la primera parte y la rúbrica de Mariano en el tramo final elevaron hasta el 0-3 el resultado de la primera derrota del verano de los orelluts, que a buen seguro tomarán buena nota de lo sucedido para seguir aprendiendo.

Porque el partido fue incomodísimo para el Castellón. Amasó la pelota durante buena parte de la contienda, pero en ningún momento, hasta más allá del 0-2, fue capaz de desarbolar al Alavés, que no dejó una sola rendija abierta. El orden del rival, la pierna fuerte y la acumulación de contactos lastraron la circulación albinegra, que no fue lo ágil que necesitaba para encontrar los espacios y los caminos al gol. Además, los orelluts descuidaron el balón más de la cuenta, enlazando demasiadas pérdidas, y ahí el Alavés no perdonó.

El equipo vasco, asentado en Primera, hizo valer el escalón diferencial de las categorías: castigó en el área ajena con la misma contundencia que empleó para acogotar el ataque orellut, que se antojó muy tierno. La fiera de Lucas Boyé se dio un festín. El ariete gobernó la contienda lejos y cerca del área. Ganó duelos, aseó balones de espaldas y vio portería, a un nivel superior. Antes del descanso, de hecho, Boyé celebró dos goles.

El primero, en el minuto 21, fue de penalti. Mañas aprovechó un error doble de Sienra (mal despeje) y Matthys (salida atropellada) para provocar la pena máxima. Lucas Boyé marcó con un disparo incontestable. Poco después, antes de la pausa de hidratación, aprovechó una pérdida de Barri para correr en la contra, maniobrar frente a Alberto y cruzar el chut perfecto.

El 0-2 se explicaba porque al Castellón se le descarriló el plan (demasiadas imprecisiones forzadas y sin forzar, permisividad arbitral en las faltitas que eran robos, buen nivel del rival, etc.) y el Alavés tenía clarísimo lo que debía hacer. Lo intentó un millón de veces el Castellón, antes del descanso, y solo enhebró sendas al gol en dos ocasiones, ambas en los últimos minutos del primer tiempo. En una mezclaron por dentro Barri, Álvaro Martín y Fran Castillo, cuyo disparo repelió Sivera a córner. En la otra, Jakobsen inició, abrió para Juanjo Nieto y pisó área para no acertar en el remate.

Aún antes del descanso, como fuere, Boyé recordó quién mandaba en la matinal del Royalverd Training Center. Cazó una dejada en el área y solo el travesaño le negó el triplete.

Segunda parte

La segunda mitad, desde el punto de vista albinegro, comenzó con novedades. Pablo Hernández dio bola a Gala en el enganche, adelantando a Jakobsen; apuntaló el flanco izquierdo con Lucas Alcázar y abrió campo con el mundialista Mabil por la derecha. El plan no varió mucho, tampoco cuando a la hora de juego activó el carrusel de cambios propio de estas fechas. El Castellón trataba de tejer, con paciencia, y el Alavés de robar y correr con la misma mala idea.

Así, se reprodujo el goteo de pérdidas albinegras. Cada vez que el Alavés, que esperaba con sabiduría el momento exacto para apretar a la víctima, mordía y recuperaba, se lanzaba a la carrera sobre la pradera. Por esta vía amenazó (ya sin Boyé, pero con Toni Martínez) y acertó en el tercero, en una cabalgada afilada de Mariano.

Antes y después del tercero, para ser justos, el Castellón hizo méritos para arañar al menos un tanto que no llegó. La ocasión más clara la tuvo el espumoso Nzanza, que no acertó a embocar un centro combado y preciso de Mabil. También Raúl Sánchez exigió al portero con dos voleas en el área, como antes Lucas Alcázar en una incursión. Hubo más centros y más intentos, pero nada que dañara de veras la coraza de un Alavés muy serio. Demasiado hoy para los albinegros.

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Fuente: El Periódico de Mediterráneo

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