E l viaje a Mendizorroza aparece en el horizonte en un contexto de presión para el cuadro granota después de la derrota en Balaídos. No tanto por la clasificación, con una permanencia virtualmente conseguida pero no matemáticamente, sino por la dinámica de un equipo que ha ido haciendo pequeños borrones a una página que estaba prácticamente impoluta. Por eso el vestuario asume la visita al feudo babazorro con el objetivo de cambiar la dinámica. Sensación similar a la de Balaídos, pero con un punto más todavía en lo competitivo y en la mordiente ofensiva. El rival además no será como el Celta, que lejos de tener algo en juego tenía la salvación en el bolsillo y Europa lejos.

Con ese contexto, la plantilla es consciente de que los cuatro encuentros que quedan son fundamentales. Alavés, Barcelona, Getafe y Cádiz. Y el primero de esos pasos es el de Mendizorroza, donde los de Paco López no pueden permitirse, en el plano anímico, una nueva derrota. Por eso, el vestuario ha cerrado filas y es ‘optimista’. De Vigo salió con la sensación de que el encuentro pudo caer para cualquiera de los dos lados. Se compitió mejor que ante el Elche, donde la herida se abrió por completo, y se puso la primera piedra de una recta final que puede suavizar la sensación de crisis o terminar por empañar un curso con muchas notas positivas. Y en ese día de la marmota lleva viviendo la plantilla del cuadro granota desde hace muchas semanas. Contra el Huesca de hecho perdió en casa y viajó a Ipurua en un contexto similar al actual.

Incluso con un peor ‘feeling’. El gol de Jorge De Frutos contra los de Mendilibar ayudó a calmar las aguas y a pensar en positivo para el futuro más inmediato. Y contra el Sevilla se compitió en defensa pero el equipo se quedó muy corto en ataque. Cero disparos ante un Bono que jugó el partido más cómodo de la temporada probablemente. Pero sin tiempo prácticamente para descansar el equipo pensó en el Elche y en ganar para sumar esos 41 puntos y olvidar las penas. Nada más lejos de la realidad. La derrota con gol de Boyè evidenció que el equipo no está en su mejor momento. Pero ahora, los de Paco López quieren sacar las uñas contra el Alavés en un partido que puede medir el pulso del vestuario, concentrado en sacar tres puntos para cambiar la dinámica.

El técnico fue el primero en intentar cambiar algo como ya avisaba en la previa. Apostó por Cárdenas en portería, Cantero arriba, una defensa de tres consciente de que ni Son ni Coke están dando soluciones y un centro del campo con Róber Pier, Melero y Bardhi. Con ese planteamiento el perjudicado, entre comillas, fue De Frutos, que actuó como carrilero, que a pesar de eso aún participó en algunas de las mejores ocasiones del cuadro granota.

El camino al gol sin embargo sigue siendo el principal problema y es ahí donde el equipo quiere cortar su sequía en Mendizorroza. Más allá de la zaga, incluso en un partido en el que se encajaron dos goles, la cuestión volvió a estar en lo poco que genera el grupo en esa fase ofensiva. Y ya van unas cuantas jornadas por el camino.

De hecho, los de Paco López solo han sido capaces de marcar dos goles en los últimos siete partidos. Uno de ellos el de De Frutos para sacar los tres puntos de Ipurua y el otro el de Malsa contra el Villarreal en un duelo que no tuvo demasiada historia. En positivo. Por eso, el duelo contra el Alavés se marca con la mirada puesta en Pacheco y en cerrar los tres puntos.