El Levante, desde que Paco López se hizo con los mandos del banquillo, siempre salió del Camp Nou con la miel en los labios, pero esta vez, ni amagó con llevarse, como mínimo, sensaciones positivas, dejando al Barça la posibilidad de gustarse y pisotear más si cabe la moral de un equipo sin sangre. El conjunto levantinista continúa alargando el drama, sigue sin mostrar una identidad clara y la preocupación se extiende en el ecosistema de Orriols, enrabietado al tener la percepción de que el talento de su plantilla no casa ni con la negativa dinámica ni con la actitud mostrada en tierras catalanas. Su rival solo necesitó quince minutos para olvidar, de manera momentánea, la crisis deportiva y económica en la que está sumergido el club, en una cita vespertina que se convirtió en una fiesta no solo por el resultado (3-0), sino también por la vuelta de Ansu Fati a los terrenos de juego. Un regreso triunfal para sus intereses, en una gran tarde en la que el Levante fue el invitado idóneo. El juguete roto al que agitar para dejar atrás las malas vibraciones. Un Levante que, con Paco López en cabeza, está en su situación más crítica, dando a entender, además, que está más lejos que nunca de volver a ganar, tal y como indicó desde el minuto seis, cuando encajó el primero.

Memphis, endiablado, se armó de autoestima para bailar sobre el verde del Camp Nou y, desde los primeros instantes del encuentro, ganarse a su público, necesitado de estímulos y motivaciones tras la abrupta salida del mejor jugador del mundo hacia París. Con una sutil pisada, eliminó de la ecuación a Jorge Miramón y a Jorge De Frutos para, posteriormente, ser derribado dentro del área por la inocencia de Radoja, quien consideró que estirar la pierna hasta el máximo de sus posibilidades fue la mejor opción para impedir una ofensiva del holandés. El ‘9’ provocó y finalizó la infracción, poniendo el primero en el marcador con un disparo cruzado, fuerte y a la derecha del portero. Sin embargo, fue el preludio de un Levante que, además de empezar su deriva, dio pasos hacia atrás de manera constante. Luuk de Jong, criticado desde el día que aterrizó en la Ciudad Condal, se reconcilió con los aficionados a través del factor que tuvo ausente en el Sevilla y le relegó a un papel intrascendente en el Ramón Sánchez Pizjuán. El futbolista cedido por el Sevilla aprovechó la mala cobertura de Miramón y la tardía reacción de Mustafi para defender la jugada para recibir un pase de Dest, que jugando a pierna cambiada por la izquierda, se enfundó, en más de una ocasión, la camiseta de Diego Armando Maradona. Un cuarto de hora que equivalieron a dos goles en contra, fruto de un Levante indigno que fue incapaz ni de trasladar fogonazos de optimismo.

El baño culé, para más inri, pudo ser una realidad, pero Aitor Fernández dio argumentos para que la derrota fuera menos sonrojante. El meta de Arrasate, rabioso por la sensación endeble de su equipo, se entrometió en el frente de ataque del rival. Durante la primera mitad, se agigantó ante Gavi para blocar un balón picado del centrocampista, quien actuó en detrimento del sancionado Frenkie de Jong, y a Memphis le impidió engordar su cuenta goleadora, concretamente, en cuatro ocasiones: tocando lo justo el esférico para que el delantero no marcase a portería vacía, volando para mandar a córner un remate con la cabeza, solventando una pérdida de Postigo que el holandés se encargó de finalizar y negándole el gol en un mano a mano.

Aitor, titular y destacado

Aitor Fernández, más allá de la derrota, aprovechó su vuelta a la titularidad con grandes intervenciones y demostrando que su demarcación no tiene unas carencias que sí se vieron en otras ubicaciones del terreno de juego culé. Pablo Martínez y José Luis Morales, protagonistas por sus suplencias, salieron en la segunda mitad para darle un lavado de cara a su conjunto, pero fue el Comandante el único incentivo granota, con arrancadas y activando a los suyos. No en vano, fue insuficiente para que el Levante saliera del encuentro sin probar a Ter Stegen en exceso. Cantero, aprovechando un balón filtrado de Pablo Martínez, se lanzó en plancha, pero el alemán tapó bien su portería, mientras el ‘11’, junto al ’25,’ fue el único que lanzó un disparo, en un momento de plena catarsis en el Camp Nou debido a la entrada de Ansu Fati, quien tras superar una lesión de diez meses de lesión, volvió por la puerta grande: con gol y con el Camp Nou aplaudiendo su vuelta y depositando su fe en él. No obstante, fue la estocada definitiva hacia un Levante gris, que con el paso de los partidos, empeora y va cuesta abajo y sin frenos.

Ficha técnica del Barcelona - Levante