La sala de reuniones del Ciutat de València dictó su veredicto. Fumata blanca y decisión tomada dos días más tarde del empate frente a Osasuna y consensuada con el Consejo de Administración, pese a las dudas que se despertaron tras no ganar el pasado domingo y estirar la dinámica de no conseguir tres puntos del tirón en la presente temporada. Alessio Lisci, quien fue ascendido al primer equipo como remedio a la destitución en bloque de Javi Pereira y de los miembros de la dirección deportiva (Manolo Salvador, David Navarro y Manuel Fajardo), se queda de manera definitiva en la élite del fútbol español. Pese a los ofrecimientos en el banquillo y la incógnita de si optar por una opción con experiencia o si apostar por su poco rodaje en Primera División, el técnico italiano asume el desafío de dejar al Levante Unión Deportiva en LaLiga Santander. Un sueño cumplido tras años de aprendizaje, desde abajo y haciendo realidad una aspiración remota cuando aterrizó en Buñol, pero que se ha labrado quemando etapas y paso a paso. A falta de saber qué deparará el futuro, Alessio Lisci ya es una realidad en Orriols. 

Independientemente del contexto en el que da el salto al banquillo del Ciutat de València, Alessio Lisci capitaneará la nave granota hasta final de curso tras horas de trabajo en las instalaciones de la Ciudad Deportiva de Buñol y escalando categorías mientras sus méritos le reforzaban. El club levantinista, a través de un Consejo de Administración que ya tuvo una primera toma de contacto después del encuentro del pasado domingo, tomó una decisión que, desde el momento en el que el proyecto dio volantazo tras sus últimas destituciones, tuvo tintes de incertidumbre, aunque también de confianza. «De momento nuestro entrenador es Alessio, hasta el domingo y de forma interina. Hay tiempo para salvar al equipo. Vamos a intentar entre todos sacar esto adelante», dijo Quico Catalán el lunes de la semana pasada después de la reunión de urgencia después de caer en el Benito Villamarín. Sin embargo, desde que se nombró hasta que se le ratificó en el cargo, la margarita se fue deshojando y las opciones se fueron barajando. Sergio González y Mendilibar fueron posibilidades que encajaron con los parámetros del club. Un perfil con mano dura y que atesore experiencia en Primera. No en vano, los méritos cosechados en Buñol y la imagen ante Osasuna, pese al empate, decantan la balanza hacia Alessio Lisci.

De hecho, el nombramiento del nacido en Roma es del agrado del vestuario. Su primera toma de contacto con la plantilla, durante la semana en la que el Levante estuvo llevando a cabo gestiones para cerrar el fichaje de Javi Pereira y su posterior salida de China, fue positiva, donde encontró a unos jugadores implicados, comprometidos y con ganas de revertir la dinámica. Ambiente con el que se topó también cuando ascendió de manera interina y en el que su mensaje caló de manera positiva. Dos meses después de una semana en la que doblegó esfuerzos dirigiendo tanto al primer equipo como al filial, el sueño de dirigir a un equipo de élite es un hecho tras diez años de éxitos.

Una liga con el Alevín D, el Infantil E, el Infantil C y el Juvenil B. Dos segundas plazas y unas Semifinales de Copa con el Juvenil A y una salvación heroica con el Atlético Levante. «Estoy encantadísimo. Tengo la oportunidad de entrenar un equipo muy bueno, de marrón nada. Es dar las gracias y ojalá todos los marrones fueran así», dijo en su primera rueda de prensa. El momento Alessio ha llegado.