José Luis Morales fue la estrella principal del apoteósico triunfo contra el Mallorca que le dio vida al Levante en su objetivo de pelear por la permanencia. El capitán levantinista, tras dar positivo en las horas previas al encuentro contra el Villarreal, reapareció saliendo desde el banquillo en la segunda parte y anotando el gol definitivo para delirio de los aficionados que acudieron al Ciutat de València. Fue un regreso triunfal y soñado que, hasta poco más de veinticuatro horas antes, fue una remota posibilidad.

En la mañana del 7 de enero, el capitán, antes de la última sesión de trabajo de la semana, fue notificado, a través de vía telefónica, de que dio negativo en las pruebas PCR y que podía estar con el resto de sus compañeros tras el visto bueno de LaLiga. Una noticia que, además de recibirla con los brazos abiertos cuatro días después de caer contagiado, hizo que se vistiera de corto y se marchara corriendo hacia el estadio para entrenar, entrar en la lista de convocados y, por la tarde, concentrarse con la plantilla.

Desde que regresó en 2015 de su cesión en el Eibar al Levante, nunca se perdió un encuentro por lesión hasta que el COVID imposibilitó su presencia contra el Villarreal. De los once en los que no estuvo presente desde que tiene ficha de primer equipo, todos fueron por motivos de sanción. Sin embargo, el coronavirus le impidió competir en La Cerámica y cortó una racha de 119 encuentros consecutivos jugando con su equipo, ya sea desde la titularidad o partiendo desde el banquillo.

Pese a ello, el capitán levantinista se negó rotundamente a dejar atrás a los suyos en un trascendental encuentro ante el Mallorca en el que tuvo impacto directo, con un gol que, pese a que llegó con el tiempo prácticamente consumado, estuvo cargado de sentimentalidad. De esta manera, Morales se vistió de héroe y se apuntó al tren de la permanencia, con próxima parada, en dos semanas, frente al Cádiz.