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LALIGA SANTANDER

El Levante se gana otra vida a costa de un Villarreal en clave Bayern (2-0)

El equipo granota se levanta del bache de Pamplona con doblete de Morales que complica la clasificación europea de un Villarreal irreconocible

Morales celebra uno de los goles granotas ante el Villarreal

Morales celebra uno de los goles granotas ante el Villarreal / Francisco Calabuig

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Rafa Esteve

Rafa Esteve

València

Dos semanas después de triturar su esperanza de lograr la salvación tras caer derrotado en Pamplona, el Levante demostró tener orgullo y capacidad de resiliencia para no desfallecer en el tramo final de competición. Con la permanencia como cima que escalar, el cuadro de Alessio Lisci consiguió una victoria (2-0) revitalizante, cargada de moral y ante un rival de entidad como el Villarreal. Que, después de sus tropiezos a domicilio frente a Osasuna y Cádiz, ratificó que siente mucho frío lejos de La Cerámica, para lastre de un equipo que, tras caer en el Ciutat, se complica jugar en el Viejo Continente la próxima temporada. Dos goles de Morales, el primero del duelo tras una delicatessen de Roger, y el segundo mediante una jugada maradoniana, son los culpables de que Orriols no solo no tire la toalla, sino que se arme de autoestima para dar guerra y terminar salvándose.

El Villarreal, confirmando su artillería en tres cuartos de campo pero con la vista puesta en la cita de Champions ante el Bayern, generó peligrosidad arriba con sus futbolistas más diferenciales arriba. Danjuma, a los sesenta segundos del inicio, avisó de sus ideas, pero su intento de disparo fue interceptado por Róber Pier.

Sin embargo, Gerard Moreno, fintando y mareando a la zaga levantinista, creó, a los cinco minutos, la más clara con un golpeo con la izquierda desde la frontal que se marchó por la escuadra derecha de Cárdenas. Pese a las revoluciones de los primeros compases en clave amarilla, el Levante trasladó voluntad e hizo méritos, pero desde una posición timorata, fruto de la delicada situación en la que habita. No en vano, tuvo las suyas pese a que se le nublaron las ideas en las proximidades del área rival. La más clara, un centro de Miramón al área que no llegó a rematar Morales, que recogió Franquesa y que, en una nube de rebotes donde la voluntad granota fue la de rematar a portería, el esférico terminó fuera.

Mientras tanto, los de Unai Emery actuaron con tranquilidad y aprovechando el nerviosismo del rival, reflejado en el ambiente que se generó en la grada del Ciutat de València. Entregada cuando su equipo funcionaba, pero malhumorada cuando transmitió indecisión. En medio del enrarecido clima, el Villarreal terminó la primera mitad con situaciones favorables a la contra en los últimos diez minutos. A pocos centímetros se quedó Yeremy Pino de batir a Cárdenas con un disparo que se marchó por alto, después de que Gerard Moreno condujese el esférico a zona de peligro. Al igual que estuvo cerca de batir al canterano levantinista un Trigueros que, desde la frontal y recibiendo una incursión de Pedraza, lanzó con un interior un disparo que se marchó por poco.

Pese a ello, el Levante que entró al terreno de juego en los segundos cuarenta y cinco minutos tuvo ímpetu. Sobre todo, un Miramón que se armó de valor y valentía para tirar del carro desde la banda izquierda. No en vano, las indeterminaciones no solamente siguieron apoderándose del espíritu sin alma del Levante, sino que dejaron escapar escenarios favorables para adelantarse en el marcador y que beneficiaron a un Villarreal que, cuando le otorgas el beneplácito de construir acciones a su favor, es difícil de detener. Un lanzamiento de Danjuma al lateral de la red y un larguero de Foyth fueron los encargados de provocar tensión en Orriols, pero, a veinte de la conclusión, la euforia en las gradas estalló gracias a dos estandartes del club.

Un despeje de Postigo a la nada, en primera instancia, pareció inofensivo, pero Roger Martí fue capaz de crear la acción del primero del encuentro. El '9' guerreó frente a una de las parejas más imponentes de la Primera División, Pau Torres y Raúl Albiol, adquirió los dominios del cuero y, con un elegante, sutil y preciso pase de tacón, habilitó a Morales para que el Comandante no errase ante Rulli. Una jugada marca de la casa, labrada desde abajo y con ADN levantinista.

Una diana con la que el Levante se ganó el derecho de, por qué no, combatir sus opciones de conseguir el milagro ante una afición que se sube al tren de la esperanza tras el mazazo en Pamplona. Sin embargo, el '11' quiso también firmar su obra de arte para delirio de un Ciutat que enloqueció con su maravilla.

Estupiñán le dejó con metros por delante, y cuando se situó delante de Rulli, amagó con disparar, le inhabilitó, se marchó del argentino y puso el balón en el fondo de la red. Fue, sin duda, el gol de la locura, el de la fe y el que colocó al Levante decimonoveno y a cinco de la salvación. Agárrense, que este equipo está listo para sudar hasta que se quede sin aliento.

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