La esperanza en Orriols todavía perdura. A tiempo y en el momento preciso. Si no, que le pregunten al Levante, que después de vencer a la Real Sociedad (2-1), se acerca a la frontera de la salvación apretando los dientes. Valiente, sin miedo y con la ilusión de conseguir una gesta histórica. Pese a los momentos de incertidumbre, de desilusión y de drama, los pupilos de Alessio Lisci se niegan a que les den por muertos. Ni el 1-1 tumbó ni su empuje ni su entereza. Los goles de Miramón y de Melero no solo sirven para lograr tres puntos, sino para mantener viva la llama de la permanencia, que a día de hoy, se sitúa a tres puntos. Un corazón que late más fuerte que nunca.

Sin embargo, el Levante entró en el partido rabioso, con hambre y con decisión de ir a por los tres puntos en los primeros minutos. Sin importar la envergadura de su rival y priorizando su necesidad. No obstante, pese a que los de Alessio Lisci intimidaron al rival en el tanteo inicial, los de Imanol Alguacil metieron el miedo en el cuerpo mediante su futbolista más ofensivo, Alexander Isak, que tras recibir un envío entre líneas de David Silva, dejó sentado a Óscar Duarte para picársela a Cárdenas, pero el '34' se hizo grande estirando su brazo derecho para deshacer el peligro al cuarto de hora del comienzo. Pese a ello, las ofensivas donostiarras fueron en aumento.

Un disparo de Dani Gómez, obstruido por Zubeldia, fue un respiro ante el dominio de la Real Sociedad, que se sintió cómoda tanto con la posesión del cuero como a la hora de contragolpear. De hecho, aumentaron sus niveles de peligrosidad topándose dos veces con la madera y quedándose a centímetros del gol. Primero Sorloth, estrellando un testarazo al palo. Después Isak, con un fuerte lanzamiento desde la media luna del área que se encontró con el larguero. Y más tarde Gorosabel, finalizando con la izquierda un pase lateral de Silva al que no llegó Cárdenas, pero donde apareció Son para rebañar el balón cuando estuvo dispuesto a superar la línea de gol.

No obstante, las sensaciones indicaron que, pese a la voluntad, no era el día del Levante. Tampoco el de Morales, abanderado principal de la redención levantinista, quien de cara a portería se quedó con la miel en los labios. Tuvo tres en el primer acto y Remiro se las arrebató. Ni finalizando desde la frontal, ni con una asistencia de Dani Gómez que le dejó en una posición ventajosa, ni recibiendo un pase erróneo de Mikel Merino que le dejó solo. El exguardameta granota le tapó todas, para mala fortuna de un Comandante vehemente.

No en vano, la segunda parte dio nuevos aires a un combinado que, independientemente de cómo le salgan las cosas, nunca pierde la fe. Su premio lo halló a los cinco minutos de volver de vestuarios. Pepelu filtró, Dani Gómez descargó, abrió Campaña y Miramón, golpeándole con el alma, superó a Remiro con un disparo cruzado. Una diana que dinamitó la alegría en el Ciutat de València, al igual que aumentó la esperanza de conquistar la cima de la permanencia.

Pese a ello, la Real entró en el partido asestando un revés que desestabilizó a su adversario en forma de empate. En el ecuador del segundo tiempo, Isak se volvió a encontrar con el larguero, pero esta vez, la jugada terminó en el fondo de la red. Gorosabel, que recogió el rechace, detectó la internada de Silva desde atrás y se la colocó en la testa del '21' para igualar la contienda. Una anotación que hizo daño, aunque el intento de ir a por la victoria no cesó. De hecho, Roger Martí, que reapareció de su lesión para imprimir más pólvora en ataque, anotó el segundo después de cazar un despeje, pero Morales, inmerso en la acción, participó en posición antirreglamentaria.

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Desde entonces, los de Alessio Lisci compaginaron el pelear los tres puntos con minimizar las virtudes de una Real Sociedad que, en las proximidades del área, y con futbolistas de buen pie como Mikel Merino, Silva o Rafinha, generó escalofríos. Pese a ello, no desistir le dio alas para que los tres puntos se quedasen en Orriols. Y fue, para más inri, desde el punto fatídico, tras un manotazo de Diego Rico sobre Roger que convirtió Melero. Tres puntos que, más fuerte que nunca, dieron a entender que sí, que claro que se puede.