La oportunidad de asaltar el liderato de la categoría de plata tendrá que esperar para lamento de un Levante que, seis jornadas después de inicio de liga, ya conoce cuál es el sabor amargo de la derrota. En una semana de diferencia, el cuadro dirigido por Mehdi Nafti pasó de la felicidad absoluta a la frustración que, en ocasiones, somete la división de plata. Independientemente de haber actuado un peldaño por encima de su rival, el Cartagena se llevó el botón de los tres puntos pese a sus pocos acercamientos. Sin apenas merecimiento, pero a través de la complejidad de una Segunda División difícil de descifrar. Una derrota cuya única función debe ser la del aprendizaje en vez de la de la desmotivación.

El encuentro, en clave levantinista, no arrancó con el viento a favor. Incluso, fue una predicción de lo que ocurriría posteriormente. Como sucedió frente al Villarreal B, el combinado granota se encontró con una situación propicia para adelantarse en el luminoso, después de que Ortuño, dentro del área, impactase con su brazo izquierdo una 'picadita' de Son para superar a Aarón Escandell. Sin embargo, Arcediano Monescillo, tras consultar la acción con el VAR, decidió invalidar el penalti señalado. Pese al trepidante arranque, el Levante no mostró su versión más dominante en los primeros coletazos de la cita. Wesley Moraes, tímidamente y por partida doble, le buscó las cosquillas al guardameta visitante desde fuera del área, pero sin imprimir una peligrosidad que sí plasmó De Frutos, aunque fuera, simplemente, por tentar a la suerte. Sobre la media hora, el '18', desde la banda y a una distancia de 30 metros aproximadamente, ejecutó un lanzamiento que tuvo veneno y virulencia, pero al que le faltó unos cuantos centímetros para tocar la red. No obstante, Soldado también la tuvo. Franquesa centró desde la izquierda y el '9' cabeceó desde el punto de penalti. Escandell, con un palmeo, impidió que el valenciano siguiese de dulce.

Sin embargo, en el tramo final de la primera mitad, cayó un jarro de agua fría en Orriols. Sadiku, en el descuento, cazó un disparo de Datkovic dentro del área pequeña que superó la línea de gol. En primera instancia, el árbitro lo anuló por fuera de juego, pero el desvío de Iborra en el lanzamiento le dio validez al tanto del exfutbolista granota. Un revés que no arrugó al Levante dentro de la inmediatez, ya que, en la siguiente acción, Montiel impactó con el larguero un disparo de falta directa. No en vano, la segunda parte le puso a los locales la obligación de remontar. De hecho, le costó ser superior a un Cartagena que no alteró su plan de partido tras el gol, en una segunda parte en la que los visitantes solo se centraron en cortar el juego de forma constante. Pese a ello, el Levante, más con el corazón que con la cabeza, se negó a dar por perdida la oportunidad de mirar al resto de oponentes desde la cima.

Sin embargo, no fue el día del Levante. Ni el corazón de su estadio les ayudó a, como mínimo, darle un punto a su afición. Tampoco el banquillo, que aunque le dieron aire fresco a su equipo y más pólvora en la punta de lanza, fue insuficiente. Pese a ello, el Levante no solo se acercó de manera insistente a la portería del Cartagena sin la precisión ni la tranquilidad necesaria, sino que aún tuvo dos claras a través de los refuerzos desde la parcela técnica. Bouldini, en boca de gol, no tocó un centro medido de Montiel y Rober Ibáñez, a la contra, envió fuera una acción por centímetros en el descuento. La derrota, por primera vez esta temporada, entró en el casillero de un Levante que tendrá que recuperar sensaciones en el estadio del Burgos.