La Segunda División, pese a ser el escenario sobre el que volver a resurgir, empieza a convertirse en un mal sueño para un Levante que suspira por escapar de la categoría, pero que, al menos en los primeros coletazos del curso, no está a la altura del reto del ascenso. El Principado de Andorra le dio el beneplácito de rectificar su inicio dubitativo de temporada, de despejar dudas y de mirar al futuro con la esperanza de los que viven con la ilusión de volver a estar en los mejores, pero el cuadro de Eder Sarabia, con un doblete de Valera y otro gol de Bakis, encendió las alarmas en Orriols. Sobre todo, después de ser remontado dando una preocupante imagen de debilidad. Un nuevo tropiezo, dos semanas después de la derrota ante el Cartagena, que imprime temor en el entorno del Ciutat de València.

De la necesidad moral de salir victorioso en la Vella para coger tono entre los aspirantes al ascenso fue consciente el Levante, que arrancó la contienda con unas apariencias totalmente distintas a sus anteriores encuentros a domicilio. De hecho, no tardó en despeinarse. Una combinación, a los 180 segundos del inicio, entre Iborra y Saracchi, y finalizada por un uruguayo que topó el esférico en Alende, fue el prólogo del primer tanto del duelo, cosido con mimo y con la dedicación de que se ve con la obligación de estar a la altura de las circunstancias. Tras una recuperación del ‘10’ granota, Jorge De Frutos, en vez de meter la directa hacia la meta dirigida por Raúl Lizoain, vio por su mira la subida por la banda contraria de Roger Brugué y, a través de un sensacional envío en diagonal, encontró al extremo catalán para que rematase la jugada. El ‘17’ controló, avanzó de manera veloz y no tuvo piedad del guardameta rival. Con un disparo cruzado, colocó el primer tanto en el luminoso para felicidad de una afición, en especial la desplazada a Andorra, que suspiró por vivir tardes como en los tiempos pretéritos.

No en vano, el Andorra no jugó sometido a lo que quiso su contrincante. El conjunto de Eder Sarabia, después de equilibrar fuerzas en términos de posesión, tuvo sus momentos y oportunidades para colocar la igualada en el marcador. En la media luna de la primera parte, Bover robó en la medular, prolongó Héctor y Marc Fernández, con un lanzamiento desde la frontal, hizo trabajar a un Cárdenas que ahuyentó el peligro mediante una gran estirada. E instantes más tarde, un pase filtrado de Aguado no lo finalizó Héctor entre palos por poco. No obstante, la sensación fue de control, pese a que una genialidad de Iborra, rematando de tacón un centro desde la derecha, oxigenó a un Levante al que le costó activar la segunda línea. Pese a ello, la manija del partido la poseía el equipo dirigido por Mehdi Nafti, aunque los primeros compases de la segunda parte puso en tensión al Levante. Hasta el punto, de que la vuelta de vestuarios se convirtió en una pesadilla.

Bakis, referencia ofensiva del Andorra, dio un paso al frente para que su equipo, como mínimo, sumase en el Nacional. Primero, cabeceó un centro desde la izquierda que se marchó por arriba, y a los pocos minutos, cazó una asistencia de Altimira que mandó rozando el palo. Pero aunque el ‘2’ no conectó con el delantero alemán, sí encontró a un Germán Valera que provocó los primeros temblores en un Levante que terminó deshaciéndose sobre el verde. El ‘17’, prácticamente en boca de gol, batió a Cárdenas, y casi sin parpadear, el club de Orriols recibió un revés que no esperó, pero que se lo mereció. Tras una falta lateral de Bover, Bakis, opositor al tanto desde el comienzo del segundo asalto, tumbó a los de Nafti. Un 2-1 en un abrir y cerrar de ojos (del 58’ al 64’) que fue, sin duda, un giro dramático de los acontecimientos.

Desde entonces, el encuentro entró en un cúmulo de transiciones, entre un Andorra que no se arrugó ante la remontada y un Levante que jugó en medio de la desesperación. Mehdi Nafti quiso agitar el marcador cambiando piezas, pero sin el efecto deseado. De hecho, uno de los jugadores de refresco, Roberto Soldado, colocó el 2-2, pero en posición antirreglamentaria. Apretó al final, pero sin una puntería que sí tuvo Valero, quien puso el 3-1 definitivo en el descuento. Pese a que el encuentro ante los andorranos se postuló como el punto de partida hacia los puestos de privilegio, la realidad superó a la ficción, de ver a un Levante que no solo se congela en la clasificación, sino que se aparta lentamente de la carrera de fondo hacia la vuelta a la élite. Los interrogantes en el Ciutat de València y la incertidumbre comienzan a reinar.