Cuatro meses después de poner punto y final a una década de servicio en Buñol, donde sus últimos 180 días los ocupó haciéndose cargo del banquillo del primer equipo del Levante UD, Alessio Lisci rompió su silencio en los micrófonos de À Punt para hablar sobre su periplo en Orriols mientras fue entrenador en el Ciutat de València después de un verano "tranquilo". "He podido pasar tiempo en mi casa, pero siendo como soy yo he intentado trabajar y actualizarme. He ido a ver entrenamientos, he ido a ver equipos como el Napoli, la Fiorentina, el Rayo Vallecano...".

Sin embargo, su reciente etapa en el Levante fue el tema más tratado de la conversación. Desde la amargura de no lograr la permanencia, pero consciente de la dificultad por el déficit de puntuación. No obstante, y pese a la complejidad del desafío, se sintió orgulloso del trabajo realizado. "Siento orgullo. Un poco de amargura por no salvar al equipo, pero con la cantidad de puntos que había que hacer era casi imposible. No ha sido bastante la puntuación. La segunda vuelta fue de Europa League", comentó.

"Siento que era lo que tocaba. Debutar en Primera División no iba a ser sencillo. Con el filial no iba a ser fácil tampoco. No me chocó mucho porque estuve de interino y siempre me acercaba al primer equipo. El impacto fue de grandes jugadores escuchándote. Era un reto. Viví momentos duros. Lo del Villarreal fue tensión, pero son cosas de fútbol. En Italia esa es la rutina. Después de Getafe y Betis, fueron los más duros. Desde ahí empezamos a funcionar", dijo.

A raíz de la propuesta que le puso sobre la mesa el club, haciéndose cargo de la Metodología en la cantera, el italiano la consideró, pero nunca dudó de que quería continuar dirigiendo un banquillo. Entendió la decisión, pero creyó que merecía la oportunidad de seguir en Segunda. De hecho, se arrepintió de esperar al club de Orriols, ya que dejó escapar un proyecto que le sedujo mucho.

"La oferta llevaba otras situaciones que me interesaban, no la entendí como una invitación a dejar el club. Quería entrenar y creo que me merecía una oportunidad, pero hay que saber diferenciar. Tanto Felipe como Quico tomaron una decisión. El tiempo dice si será acertada o no. El problema grande fue los 20 días que pasaron desde la primera reunión hasta que supe que no iba a seguir. Tuvieron que ser menos. Esta pausa me hizo perder un tren muy importante que no se pudo cerrar. De todo se aprende. Entrenar al Levante era lo que más ilusión me hacía. En esta vida hay que apostar, me fié y no salió bien. Esto es muy largo y el tiempo dirá", comentó.

Mientras, el Levante se encuentra lejos de su aspiración, pero no piensa en volver a Orriols pese a no cerrar la puerta. A día de hoy, y mientras espera un banquillo, se muestra agradecido con los aficionados y le desea la mayor de las suertes a Mehdi Nafti. "En esta vida todo puede pasar, no es justo hablando de un banquillo donde hay un compañero que esté trabajando al máximo y dedicándose las 24 horas del día. Le deseo lo mejor a Mehdi Nafti. Los levantinistas me paran, me escriben, son una afición fantástica y les quiero mucho", finalizó.