Julián Calero: un hombre de buenos comienzos
El míster del Levante UD ha demostrado con actos y palabras que es el hombre adecuado para llevar al club al éxito que la afición desea para esta temporada 24/25

Calero, en su debut en el Ciutat ante el Cádiz

Julián Calero no es un hombre, es el hombre que actualmente lleva al levantinismo a aspirar a lo máximo, a ser positivos y optimistas. Además, el entrenador madrileño está siempre muy comprometido con la causa vaya donde vaya, y sobre todo, sabe cuándo acaban sus ciclos, todo por el bien del club. Siempre que ha dirigido a un equipo siempre le ha hecho ir a mejor, ser más competitivo e incluso luchar por puestos que estaban fuera de lo preestablecido al inicio de las temporadas, como con el Burgos CF.
Sus números no son exageradamente buenos, no es el entrenador que ha inventado la fórmula secreta para ganarlo todo, pero, desde luego, sin su carácter y filosofía del positivismo extrapolado al fútbol, nada de lo que ha conseguido y está consiguiendo con el Levante sería posible. En el año 2018 comenzó su andadura por los banquillos como entrenador principal con el Navalcarnero en la antigua Segunda B. Descendió de categoría, pero el Rayo Majadahonda sabía de su potencial transformador de la mentalidad de sus jugadores.
En la temporada 19/20 llega al club como persona que tendría que devolver al Rayo a segunda división tras su ascenso en 2018 consiguió una imponente sexta posición que, aunque no devolvió la ilusión, trazó la primera línea para que se fraguase un proyecto. En sus primeros cinco partidos con ellos consiguió 10 puntos de quince posibles, su mejor registro hasta la fecha. Viajó a Burgos para entrenar durante tres años al club de la ciudad, su primer proyecto a largo plazo, pues estuvo tres temporadas. Siguió en 2ª B, pero su buen hacer les llevó a ganar la liga y tras una fase de grupos y unos play-off de ascenso logró la gesta que llevó al Burgos CF a ascender a la Segunda División. Aquel año consiguió 9 puntos en sus primeros cinco partidos, cifras parecidas a las del año anterior.
El ascenso a segunda siempre es complicado para los recién llegados, pero, su ya mítico 4-3-2-1 ahora implementado con efectividad y éxito en el Levante fue el que le llevó a mantenerse en la categoría y con creces, demostrando que el proyecto tenía potencial. Terminó undécimo en liga, aunque sus cifras en cuanto a puntos se refiere en los primeros cinco partidos no superaron las cinco cifras, es decir, 5 puntos de quince. Su segundo año en segunda división y último con el Burgos CF fue un completo despropósito, pero para bien. Por primera vez en la trayectoria de Calero su conjunto se mantuvo invicto durante las primeras once jornadas de liga, lo que le impulsó un extra para creer en algo más.
Nueve puntos de quince posibles tras dos victorias y tres empates le colocan como el mejor inicio en particular sin derrotas en los primeros cinco partidos. Aquel año repitió posición en liga e hizo un punto menos que en la 21/22. De Burgos a su efímero paso por el Cartagena, un año sin mucho éxito, sobre todo por la anulación de su 4-2-3-1 por falta de efectivos con capacidad de funcionar con esa alineación. De hecho, un dibujo muy diferente a los que suele presentar el míster. Probó con una defensa de cinco, un 4-3-3 ofensivo, un 4-5-1, inclusive el 4-2-3-1 que, de momento, funciona tan bien en Orriols. Solo consiguió 3 puntos en sus primeros cinco partidos, todos tras empatar, su peor cifra desde que es entrenador. Con el Levante la cosa cambia mucho, pues siguiendo los pasos del Burgos, va en buen camino para superar sus registros tras una victoria en Gijón y el empate que pudo ser victoria contra el Cádiz.
Lo importante de la filosofía Calero son las sensaciones que demuestran sus jugadores en el campo, y con ello «no tiene por qué salir mal». En su andadura de dos temporadas seguidas en Segunda División el Levante ha cuajado dos inicios positivos aunque el objetivo de ascender no se cumpliera. En la 22/23 consiguió 9 puntos de 15 posibles y sin derrotas. En la 23/24 un punto menos y con una derrota. Es decir, los inicios de liga del club del Ciutat son esclarecedores, pero, la falta de goles que certifiquen las victorias es el pan de cada día del Levante. Sin embargo, Calero ya lo dijo tras el encuentro contra el Cádiz:
«Los goles son como el champán, cuando se descorcha... Van a llegar y van a llegar bien». El Levante tiene un hombre proyectual, un míster que lo da todo por los intereses del club y la sociedad ‘granota’. Con un contrato hasta 2026 se certifica su vinculación con el club para tener la posibilidad de entrenar a su Levante en primera, y bajo su «todo va a salir bien porque lo que estoy viendo me indica que no tiene por qué salir mal», el optimismo por ascender será permanente en el Ciutat de València.
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