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115 ANIVERSARIO DEL LEVANTE UD

"Los valores que me transmite el Levante UD son los que mis hijos se encontrarán en la vida"

Vicente Iborra y Paco Fenollosa describen lo que es el levantinismo en su 115 aniversario: un sentimiento que te «atrapa», pero que les enseña que «nadie te va a regalar nada»

«Quizás celebres menos, pero lo que celebres, será de verdad», afirman los dos símbolos

Vicente Iborra y Paco Fenollosa atendiendo a Superdeporte

Vicente Iborra y Paco Fenollosa atendiendo a Superdeporte

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Rafa Esteve

Rafa Esteve

Valencia

Ser del Levante no es una tarea sencilla. Nunca ha destacado por ser de los clubes más laureados del país, ni tampoco por tener influencia entre los poderosos de la élite del fútbol español. Siempre supuso nadar a contracorriente, superar obstáculos y, en numerosas ocasiones, tropezar. En definitiva, caer y levantarse, más allá de las veces y de la cantidad de batacazos. No obstante, ser del Levante no es sinónimo de desgracia o lástima, sino de virtuosismo. De que pocos son los elegidos para representar los valores de un club centenario, a pesar de que la tendencia de su masa social esté en constante crecimiento.

Independientemente de su estado, el Levante siempre engancha. Tanto para lo bueno como para lo malo. La multitud de sentimientos y emociones que genera son difíciles de explicar. Y más, cuando, después de que decepcione sobre el verde, la rabia y las ganas de redención aumentan. Por ello, las victorias, independientemente de la categoría en la que se produzcan, se celebran como si fueran las últimas de nuestras vidas. Una sensación que solo sienten los que por sus venas corre sangre granota. Los que saben que el Levante tiene similitudes con la vida. 

Mientras el coliseo de Orriols siente orgullo por lo que representa, sus fieles cuentan con referentes que abanderan lo que son no solo como aficionados, sino también como personas. Entre Paco Fenollosa, presidente de honor, y Vicente Iborra, capitán del primer equipo masculino, existen 56 años de diferencia, pero ambos entienden a la perfección lo que es el Levante y lo que significa manifestarlo. Paco, de hecho, tardó décadas en ver a su club vivir tiempos de bonanza. No obstante, tal fue su enamoramiento, que se acostumbró a amarlo, incluso, en Tercera División. Tras una vida de levantinismo puro y duro, no concibe un mundo sin su Levante.

«El día que me vaya me iré con el Levante, es mi vida. Antes, no. Lo tengo bien claro. Mi mujer murió, tengo hijas y nietas, pero no me escondo. El Levante lo es todo para mí», afirma a Superdeporte un Fenollosa que, a pesar del paso del tiempo, no olvida sus primeros recuerdos con el equipo de sus amores. «Tenía 9 años y me llevaron al campo de Vallejo. Me enamoré del césped, de las gradas y de las porterías. Me volví loco. Entonces, fui a las taquillas a por un pase, pero me dijeron que, hasta los 14 años, no podía tenerlo. Me desmoralicé, pero me tiré cinco años esperándolo. No he fallado a ningún partido. Estaban en Tercera División, pero el Levante me atrapaba».

Paco Fenollosa quiere a Vicente Iborra como si fuera un hijo. En sus ojos, aunque en un escenario diferente, ve reflejado al publicista que creció obsesionado con el conjunto de Orriols. «Pienso en el Levante constantemente. Me levanto y pienso en el Levante. A lo largo de mi vida busqué siempre dinero para el Levante porque era mi obsesión. Si estoy con alguien, sin querer, le hablo del Levante. A mis 92 años puedo decir que he estado en todos los ascensos y me produce un orgullo muy grande. Me llevaba a mi mujer con la moto a los partidos y había días que ella no quería ir, pero yo entraba en el campo igualmente. Toda mi familia se hizo del Levante por mí. He envenenado a todos. Incluso, cuando estuve en la mili, mi hermano utilizaba mi abono para no perder mi antigüedad. El Levante marca mi calendario para estar con mi familia».  

Vicente Iborra, por su parte, reconoció que firmar por el Levante con 15 años no solo le sirvió para convertirse en profesional, sino también para forjar a la persona que es a día de hoy: un capitán en mayúsculas y un jugador con el que se sienten identificados todos los que tienen sentimientos hacia el club. Para el ‘10’ todo fue un proceso, tanto en las buenas como en las malas. «Firmé siendo un niño y, a partir de ahí, recibí unos valores y me formaron hasta convertirme en profesional.

Quizás es lo más bonito, pero también es duro a la vez. He vivido momentos que me han marcado, como estar al borde de la desaparición, pero, también, he vivido los más bonitos. Fue un privilegio formar parte de ese equipo que jugó la Europa League, pero también, ascender a Primera División. Pese a ello, el Levante va más allá de lo deportivo. Perdí a una hija con el Levante y sentí el cariño de mucha gente en un momento muy difícil. Son muchas cosas las que me agarran al Levante y me agarrarán para siempre», indica en SUPER el capitán.

Parece, según las desventuras de un club que celebra su 115 aniversario, que ser del Levante es un deporte de riesgo. Nunca garantizará disfrute, pero siempre dará sufrimiento y estabilidad emocional, ya que, quien es levantinista, lo es en todos los ámbitos de la vida. Siempre influirá gane o pierda. Quizás, porque ser de los que vencen es muy fácil. Sin embargo, en Orriols son adictos a la adrenalina y a pelear contra viento y marea por sus ilusiones. «El Levante es una adicción. Cuando lo pruebas ya no te puedes desenganchar. Lo más fácil para mí hubiera sido que mis hijos se hicieran del Barça o del Madrid, que van a ganar siempre, pero no es la realidad de la vida. Es más bonito engancharse al sentimiento granota. Quizás celebres menos, pero lo que celebres será de verdad», asegura un Vicente que nunca dejó de transmitirle a sus hijos lo que significa el Levante. «Creo que los valores que me transmite el Levante son los que se van a encontrar mis hijos en la vida. No olvidamos de dónde venimos: de un ambiente humilde y de que nadie nos ha regalado nada. Peleamos, con uñas y dientes, por el reconocimiento de un título. Eso es la vida. Lo que me transmite el Levante es lo que veo en la vida. Por eso quiero que mis hijos aprendan a través del Levante lo que se van a encontrar», comenta Vicente.

Por ello, el eterno ‘10’ se atrevió a describir lo que significa ser del Levante. No obstante, él es, junto a Paco Fenollosa y otros ilustres del levantinismo, de los que más derecho tienen de hacerlo. «Ser del Levante es vivir. Pasar por momentos positivos, negativos, bonitos y difíciles. Y, ante ellos, sobreponerse, aprender, luchar, levantarse… Eso es el Levante, como la vida misma. Sufrir, querer e identificarse con algo y con unos valores. Los valores del Levante son los de la vida misma: nada es fácil, nadie te regala nada y, cuando te puede golpear, te golpea. Si te levantas es porque al Levante lo quieres y no lo vas a abandonar. Aceptas lo que le venga, pero siempre estarás acompañándolo. Para mí eso es el Levante», señala, antes de mostrar su esperanza de vivir tiempos mejores. Porque la vida, si no dejas de insistir, ni de pelear, termina recompensando. «Creo que lo mejor está por llegar. Hemos recibido muchos palos en nuestra historia y merecemos un futuro un poco mejor. Tengo la sensación de que estamos sufriendo ahora para disfrutar en el futuro, que será bueno, bonito, exitoso y brillante. Estoy seguro de que así va a ser». 

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