Entrevista | Roger Brugué Futbolista del Levante UD
"No puedo predecir el futuro, pero mi sueño es estar siempre en el Levante"
El ‘7’ afronta el 2025 con el pálpito de que puede ser un gran año en Orriols: "Nos merecemos una alegría después de todo. Si se termina dando seré la persona más feliz del mundo. En este club he encontrado mi sitio"

Roger Brugué siente al Levante como si militase desde siempre en el club. Su máximo sueño es jugar en la élite del fútbol español, pero solo piensa en conseguirlo como granota. / DANIEL TORTAJADA

No ha crecido rodeado de las enseñanzas y los valores que se inculcan en la Ciudad Deportiva de Buñol. Tampoco procede de una gran cantera ni ha tenido un camino sencillo hacia el profesionalismo. Pero Roger Brugué, estandarte y emblema en las profundidades del Ciutat de València, se ha ganado el respeto y, sobre todo, el cariño de una afición que ve en sus ojos a una auténtica referencia. A un futbolista con el que identificarse tanto en las buenas como en las malas. Así lo ha demostrado desde que volvió de su cesión en el Mirandés, dejándose la piel en cada balón, deleitando con sus virtudes ofensivas y sacrificándose siempre en beneficio del grupo pese a que le haya tocado vivir los peores años en la vida moderna del club.
Sin embargo, el ‘7’ siente que en el Levante ha encontrado su sitio. No solo en el fútbol, sino también en la vida. No le ha hecho falta experimentar momentos inolvidables a nivel deportivo ni tirar de tópicos para ganarse a la que considera su gente. Simplemente ha entendido lo mucho que representa su club, la grandeza que atesoran las barras azulgranas y que la categoría de su entidad es independiente a lo que suceda sobre un campo de fútbol. Una serie de argumentos que le hacen sentirse un auténtico afortunado cada vez que se enfunda la elástica granota.
Roger Brugué es feliz, pero, para alcanzar la estabilidad emocional sobre la que vive con la ilusión de ser futbolista del Levante, ha tenido que trabajar mucho a nivel mental. El doloroso revés de caer en el último suspiro de la final del playoff de ascenso a Primera ante el Alavés le dejó tan hundido que, por momentos, llegó a perder la motivación y vivió sumergido en la más profunda tristeza. Fue el peor momento de su vida, pero, tal y como indica en esta entrevista, para tumbarle tienen que “hacerle y pasarle muchas cosas”. Limpio de mente y motivado con el desafío de subir a Primera, su máximo sueño desde que tiene conciencia, siente que “nos merecemos una alegría después de todo, puede ser el año y siento que se puede dar”. Sin embargo, el ‘7’ va más allá: “mi sueño es estar siempre en el Levante”.
En medio de la peor racha del Levante esta temporada, ¿es momento de ver el vaso medio lleno o medio vacío?
Si nosotros vemos el vaso medio vacío se complica todo. Entiendo que haya gente que lo vea desde ese lado, pero hay que ver las cosas con perspectiva. Obviamente no estamos en nuestro mejor momento porque hemos dado un nivel muy alto, pero hay que darle la vuelta a esta situación. Apretar, cargar pilas y afrontar con todo la segunda vuelta. Estamos muy motivados.
Después de perder contra el Mirandés, subió una historia a Instagram con el título ‘confianza máxima’, refiriéndose al grupo.
Ese día me fui muy jodido a casa. Era un rival directo, estábamos ganando y nos veíamos segundos. Era una victoria muy importante fuera de casa. Y, en cinco minutos, se nos fue. Después de lo que pasó tuvimos un viaje de vuelta de seis horas en bus, y miraba a mis compañeros y entendí que fue un accidente. Confío mucho en cada uno de ellos. Tenemos que ser positivos y fuertes, creer mucho más entre nosotros. El grupo es lo más importante.
¿Qué le transmite el grupo?
La gente está muy comprometida e ilusionada. Todo huele muy bien. Solo nos queda Tenerife, pero, ante todos los rivales, hemos competido de tú a tú. Somos conscientes de que si sumamos, y estamos juntos, puede salir todo bien. Tanto los que juegan como los que no vamos en la misma dirección. Si vamos todos a una estaremos más cerca del objetivo. Queremos lograr grandes cosas juntos.
Lleva tres años defendiendo el escudo del Levante y da la sensación de que esta temporada es la que más feliz se siente.
Sin duda. Voy a trabajar contento y trato siempre de dar el cien por cien de mí. Estoy muy feliz. Le dedico 24 horas al fútbol. Me cuido, descanso y tengo mi vida tranquila y ordenada, con mi familia, mis cosas y mi mujer, que me suma muchísimo. Tengo la sensación de que he encontrado mi sitio. Cuando lo das todo y, a cambio, también lo recibes ayuda mucho. Intento que la gente nunca pueda reprocharme nada, más allá de fallar algún gol. Siempre quiero meter, no soy tonto (ríe). Pero, sinceramente, estoy muy a gusto en el Levante. Es verdad que, en mi primera temporada, tuve la mala suerte de que me tuvieron que operar. Y, aun así, volví con una ilusión increíble. Se me estaba dando todo, sentía que era un sueño. Pero, finalmente, pasó lo que pasó. El año pasado fue muy complicado para mí. Sobre todo, en el inicio. Venía muy tocado del desenlace del curso anterior y se me juntaron varias cosas que me afectaron mucho. De ahí que no pudiera dar mi mejor versión, aunque creo que terminé bien la temporada. Sin embargo, este año lo afronto limpio de mente y con ganas de dar mi cien por cien. Habrán rachas en las que me entre todo y otras en las que no. Ahora me está costando más, pero hay que insistir. Solo insistiendo puedes conseguir grandes cosas.
¿Siempre quiso ser futbolista?
Siempre lo he soñado y lo he tenido claro. También he seguido estudiando, porque he sido consciente de la dificultad que tiene y de lo complicado que es llegar. Ese Brugué soñaba con vivir del fútbol. Veía a los futbolistas con ilusión, los admiraba. Ahora soy uno de ellos. Cómo nos miran y cómo nos tratan los niños me parece espectacular. Siempre intento ser buena persona, amable y simpático con ellos porque cuando era pequeño, y me saludaban, era increíble. Para mí es importante cuidar la parte humana y tenerla presente. Somos la ilusión de mucha gente y tenemos una gran responsabilidad sobre ellos.

Brugué, celebrando un gol con el Levante mostrando la Senyera / F. Calabuig
¿Qué estudiaba?
Al no proceder de ninguna cantera, ni haber militado en un filial de equipo grande, siempre he podido ir estudiando como una persona normal. Hice Bachillerato, empecé Economía y, al darme cuenta de que no era lo mío, me pasé a Ciencias de la Actividad Física y del Deporte. Hice el primer año entero y algo del segundo hasta que me tuve que ir. Lo tengo parado, pero mi intención es terminar esta carrera cuando sea.
¿Alguna vez perdió la ilusión de llegar al fútbol profesional?
Nunca perdí la ilusión de ser futbolista. En el último año de Juveniles, estaba en el Figueres en Tercera División y Eduardo Vílchez, que fue profesional durante muchos años y tuve como entrenador, confiaba mucho en mí. Me hacía entender que todo era posible. Siempre me daba consejos y me ayudaba. Me decía a mí mismo que si él, que jugó 200 partidos como profesional, me transmitía eso sería por algo. Me veía capacitado, pero después, cuando me fui al Nàstic, y en mi segundo año hice pretemporada con un primer equipo que competía en Segunda División, sentí que con muchísimo trabajo lo conseguiría. Además, con mis compañeros no desentonaba. Con 19 años me dije a mí mismo: voy a creer, a luchar y a darlo todo. Me voy a cuidar y a trabajar para lograrlo. Si lo hago así, se va a dar. He tenido momentos difíciles en mi carrera, pero he podido disfrutar del fútbol. Llevo ya cinco años como profesional y espero que sean muchos más. Eso sí, que sean en el Levante y en Primera División.
¿Qué tal fue en Tarragona?
Fue una etapa de altos y bajos. Mi época en el filial fue bonita, con gente joven y disfrutando, pero el salto al primer equipo fue un tanto agridulce. Ese año jugué algunos partidos, debutando en Segunda División en el campo del Lugo, pero, la siguiente temporada, ya con el primer equipo, fue muy difícil. Tuvimos entre cuatro y cinco entrenadores y me tocó estar la segunda vuelta apartado porque, si jugaba un partido más, me tenían que cambiar el contrato y no querían. Encima, ese año se descendió. Me dio rabia porque no lo sentía como propio.
¿Y cómo fue su llegada al Levante?
Terminaba contrato con el Nàstic de Tarragona e imaginaba que, con 23 años que tenía, y tras hacer una buena temporada, me iban a llegar ofertas. Tenía varias opciones en Segunda División, pero lo que no me esperaba para nada era que un equipo como el Levante se interesara por mí: un club de Primera División que veía muy grande, que estaba disputando unas semifinales de Copa del Rey y que jugaba como los ángeles. Fue muy emocionante, de los mejores días de mi vida. Cuando llegué a la Ciudad Deportiva para firmar y pasar el reconocimiento médico tenía una ilusión tremenda. Estaba flipando.
Sin embargo, en Orriols vivió uno de sus peores momentos como profesional. Días después de la final ante el Alavés redactó en redes sociales, mediante un largo texto, las siguientes palabras: “si os soy sincero, lo daba por hecho, sabía que ocurriría. Nos quedamos a 20 segundos de mi mayor sueño de toda la vida”.
Ese texto lo escribí hundido. Redacté lo que sentía. No sé si fue esa misma semana o dos semanas antes, pero mandé un mensaje por el grupo del equipo diciendo que confiaba mucho en ellos. Veía gente de mucho nivel. Se estaba dando todo. El equipo estaba bien y en semifinales arrasamos. Pensaba que se daría. Es el mayor sueño de mi vida, llevo desde siempre peleando por jugar en Primera.
Además, su confianza no carecía de argumentos.
Que va, ni mucho menos. Ese año estaba jugando, me lesioné e hice un trabajo de recuperación muy grande. Recuerdo hablar con Javi Calleja, ante el miedo de que me quitaran la ficha para inscribir a alguien, pidiéndole, por favor, que me esperaran. Trabajé muchísimo y llegué bien. Tras la operación fue todo rodado. Y, al final, terminó mal. Sin embargo, soy de insistir. Para tumbarme tienen que hacerme y pasarme muchas cosas.

Brugué, celebrando un gol con el Levante en el Ciutat / F. Calabuig
¿Cómo vivió aquellos últimos minutos?
Nunca lo di por hecho en los minutos finales. Nosotros fuimos mejores en Vitoria, pero, en casa, ellos fueron superiores. No tenían nada que perder por su obligación de marcar para ascender. Salimos a ganar pero a ellos les salían mejor las cosas. Ni en el 120’ lo di por hecho, pero, en el 122’, pregunté cuánto quedaba. Y cuando me dijeron que quedaba un minuto… Me giré a la grada para alentar a la gente. Por primera vez en mi vida di algo por hecho antes de tiempo. Veía a todo el mundo listo para saltar la valla, para abrazarnos, para celebrarlo, para vivir algo que he soñado tantas veces… Pasé de todas esas emociones a sufrir el mayor drama que he vivido en mi vida. A sentir el mayor golpe y la peor situación que puede vivir un futbolista. Me atrevería a decir que la final de Las Palmas-Córdoba y la nuestra son las más dramáticas de la historia. Un penalti en el 127’, pitado por el VAR, muy dudoso, raro… Fue durísimo. No levantaba cabeza. Solo lloraba. He vivido situaciones duras, pero ese Levante-Alavés lo superó todo. Mira que me han sucedido cosas, pero ese día lo recuerdo como el peor de mi vida. Encima, mi familia me animó recibiéndome con mi camiseta puesta. Lo pienso y me emociono. Ese verano fue muy difícil. Me puse en manos de profesionales porque sentí un poco de depresión. Perdí la ilusión, la motivación y me levantaba sin ganas. Esa pretemporada fue muy dura, pero la pude superar. El fútbol no para. Ahora vivo como el niño que soñó con jugar en Primera División. Lo voy a conseguir cien por cien. Y lo lograré aquí.
Encima no empezó jugando la temporada siguiente.
Y con el mismo entrenador, ¿no? (ríe). Creo que una cosa llevó a la otra. Fue duro porque durante ese verano todo el mundo se fue. Encima, la pretemporada fue un desastre. Sentía que a todos nos afectó muchísimo esa final. Anímicamente y mentalmente no estaba bien y se trasladaba al terreno de juego. También es verdad que tampoco sentí la confianza de poder levantarme. En ese momento me sentí solo. Fue dura esa primera vuelta, se me juntaron muchas cosas, pero gracias a mi mujer, a mi familia, a mi perro y a mi gente más cercana saqué cabeza y tiré hacia adelante. Siento que lo he superado, ahora estoy feliz y motivado. Poder contarlo es una muestra de ello.
¿Pasó por su cabeza la opción de salir en enero?
No se me pasó por la cabeza. Sabía que el fútbol de un día para otro te puede cambiar. Tenía ofertas para poder salir, pero sabía que mi sitio está en el Levante. Era consciente de lo que podía dar y me frustraba porque sabía que podía ayudar mucho, pero no se me permitía. Decidí tener tranquilidad. De hecho, hablé con el presidente y le dije que no contemplaran la opción de sacarme del Levante. Que estaba convencido de que iba a darle la vuelta a mi situación. Y, mira, jugué la segunda vuelta entera y a muy buen nivel.
¿Ha dado un paso al frente después de un año con cierta inestabilidad?
No solo estoy feliz y motivado por mí mismo. Mi sueño es colectivo y tengo claro que lo mejor para mí es lo mejor para el grupo. Intento ayudar siempre. Sumar, animar, estar encima de los que no juegan… Un ascenso se consigue solo con toda la plantilla. Si no, es imposible. Individualmente tengo la cabeza limpia y me siento ilusionado, pero lo más importante es darlo todo para que el grupo vaya hacia adelante. Va a ir todo genial, así lo siento.
Habla con mucho entusiasmo. ¿Siente que este puede ser el año del ascenso?
Sí, aunque intento no desgastarme en objetivos a largo plazo. Te quitan energía y son situaciones que no puedes controlar. Lo único que puedes controlar es el día a día y el partido a partido. No tiene sentido pensar en la jornada 42 si en la 38 estamos sin opciones. Hay que ganar encuentros, sumar de tres y trabajar centrados en el día a día. Cuando lleguen los últimos partidos veremos dónde estamos y por qué objetivos peleamos.
Sin embargo, lleva cuatro años en el club pero nunca ha sido capitán. ¿A qué se debe?
Para mí es lo de menos. Intento sumar como si fuera un capitán. Los cuatro están muy bien. Intento serlo sin tener que llevar el brazalete contagiando mi energía en el día a día. El grupo es muy bueno y hay muchos capitanes sin brazalete. Si me toca tenerlo en un futuro lo luciré con orgullo.
¿Qué tal con Julián Calero?
Muy bien. Está consiguiendo grandes cosas a nivel de grupo y de juego. Es muy serio y trabajador. El equipo está respondiendo, muy unido y yendo en la misma dirección. Estoy muy contento con el míster, con su cuerpo técnico y con su forma de trabajar. Nosotros intentamos darle lo mismo que nos da él. Es una persona que lo da todo. Se entrega al máximo. Así seguro que todo puede ir bien.
El míster tiene competencia en ataque a la hora de elegir un once.
Sí, pero eso es importante. Para ascender necesitas de todos. A veces uno estará mejor y otro peor, pero son rachas. Es difícil mantener un nivel muy alto toda la temporada. Cuando uno esté mejor será el que juegue. El míster pondrá la alineación para ganar el partido, pensando en el bien común y nosotros lo respetamos. Si tienes media hora, media hora. Esa media hora puede ser decisiva e importante para uno mismo. Estoy muy tranquilo con la competencia, es muy sana y nos llevamos muy bien todos.

Brugue y Fabricio celebrando un gol / M. A. Montesinos
Sus cuatro goles y tres asistencias denotan un notable rendimiento, pero, ¿el tanto que le hizo al Elche es el más emocionante que ha marcado desde que milita en el Levante?
Sí. Para mí fue espectacular. Viví la Dana desde dentro. Fue muy impactante. No estamos para vivir algo así, pero nos llegó y nos tocó vivirlo. Fue mi primer partido desde mi lesión en Santander, por lo que volver y marcar en un partido tan especial, y sentir que le había dado esa alegría a mucha gente que lo había pasado tan mal y que había perdido tantas cosas, fue muy emocionante, emotivo y especial. Si ese día los muchísimos levantinistas afectados fueron un poco más felices, encantado de poder dedicárselo a ellos.
¿Qué le transmite el Levante?
Intento ser real y hacer las cosas tal cual las siento. He encajado muy bien en el Levante, lo siento como mi casa y a su gente la siento como si fuera mía. Espero que todo siga yendo bien porque soy el primero que lo desea. No quiero tener ninguna situación mala en este club. Es un auténtico orgullo haber entendido todo lo que es el Levante. Quiero seguir en su camino, haciendo las cosas bien y aportando mi granito de arena en su historia. Para mí este club es muy grande.
El futuro de Brugué
Termina contrato en 2026, pero se expresa como si quisiera estar toda vida en el club.
A día de hoy quiero seguir aquí. No puedo predecir el futuro, pero mi sueño es estar siempre en el Levante. Así lo siento. Cuando digo siempre me refiero a que, si puedo dar un nivel alto y aportar, quiero estar. Si las cosas van mal y la gente me odia no voy a molestar. Si llega ese momento seré yo quien dé un paso al lado. Siempre voy a hacer las cosas pensando en lo mejor para el club. Si lo mejor para el club es que yo esté con ellos estaré encantado y seré feliz.
¿Qué le pide a 2025?
El otro día visualicé con mi mujer lo que quería para 2025 y lo pusimos en fotos. Fueron cosas muy buenas a nivel individual, colectivo y de club. Soñar en grande y, sobre todo, seguir por el mismo camino de trabajo y de ilusión. Le pido que las cosas salgan bien. Nos merecemos una alegría después de todo. Puede ser el año y siento que se puede dar. Si finalmente se termina dando seré la persona más feliz del mundo. Mi sueño es jugar con el Levante en Primera.
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