RADIOGRAFÍA ECONÓMICA
La herencia sigue haciendo estragos
La ruina económica que dejó la anterior gestión provoca que el agujero continúe sin cerrarse. Ya son cinco ejercicios con déficit financiero, siendo el de la 2023/2024 el primero con José Danvila a pesar de su aportación de 23 millones

Junta general de accionistas del Levante UD

La economía del Levante sigue sin estar en sus mejores niveles de rendimiento. Todos los esfuerzos realizados hasta la fecha, desde que la gestión comandada por Quico Catalán arruinó el club, continúan sin cerrar la hemorragia aunque hayan servido para frenar una caída que parecía imparable. Sin embargo, no ha sido suficiente. Con la Junta General de Accionistas pendiente de anunciar una fecha de celebración que apunta a ser a finales del mes de marzo, los números siguen provocando temblores en las profundidades del Ciutat de València.
Tal y como informó ‘Sin Tregua', el Levante acudirá a la próxima Junta presentando un ejercicio con 12 millones de pérdidas en la temporada 23/24: curso en el que José Danvila se convirtió en accionista de referencia, después de inyectar 23 ‘kilos’ en sus arcas para poder hacer frente a pagos pendientes y refinanciar deudas con acreedores, debido a un crítico escenario donde la radiografía de 107,4 millones de deuda, de los cuales 85,3 son a largo plazo, obligó a reaccionar de manera urgente. Ya son cinco años con resultados negativos, de los cuales, cuatro fueron con la anterior gestión. La que hizo un ejercicio de irresponsabilidad que sigue haciendo estragos en los interiores del coliseo de Orriols.
La última vez que el Levante generó superávit fue en la temporada 19-20, en un año en el que tres meses estuvieron marcados por la pandemia, pero donde no solo el beneficio después de impuestos fue de poco más de 77.000 euros, sino que también se cancelaron los créditos ordinarios de la ley concursal. El marco fue esperanzador, pero supuso el inicio de un descenso hacia la inestabilidad financiera en la que, un año después, la viabilidad de su presupuesto solo contempló 16,5 millones en traspasos para seguir con beneficios.
No obstante, además de desecharse la condición, se empezó a abrir el agujero debido a que la temporada 20-21 reflejó unas pérdidas de 23,2 ‘kilos’, siendo presentadas en una Junta General de Accionistas donde la delicada situación deportiva, con el equipo a siete puntos de la permanencia en Primera División después de caer ante el Valencia (3-4), provocó una tormenta perfecta. Los números, de hecho, se repitieron 12 meses más tarde y con el club en Segunda.
Los 22 millones de déficit de la 2021/2022 llegaron tras otro mercado en el que no se cumplió con el objetivo de traspasar, esta vez, a cambio de 10,5 millones. Sin ventas en el verano de 2021, los 49,5 ‘kilos’ ingresados por derechos televisivos apenas sirvieron para sujetar el coste de plantilla, amortización incluida, de 44,9 millones de euros y el gasto destinado al cuerpo técnico, que se disparó a 4,1 millones de euros en una temporada en la que el equipo tuvo tres entrenadores: Paco López, Javier Pereira y Alessio Lisci. Con salarios prohibitivos e inasumibles en la categoría de plata, como los de Roberto Soldado y Wesley Moraes, cuyos rendimientos fueron muy insuficientes, se decidió retener a gran parte de la plantilla de Primera División, se apostó la economía del club al ascenso y la no consecución del objetivo provocó la explosión de la que el Levante intenta salir como puede.
Del «anuncio, al 95 por cien, que volveremos a dar un resultado positivo» de José Danvila en la última Junta General de Accionistas, quien trabaja sin descanso en la explotación de activos, a otra temporada con pérdidas pese a su inyección de 23 millones de euros. El próximo encuentro frente a los accionistas merece explicaciones. Mientras, el rumbo deportivo sigue siendo firme: conseguir el ascenso a Primera. Sin lugar a duda, la vía más rápida hacia la recuperación económica, independientemente de la ilusión y felicidad que generaría en un levantinismo que cree en sus jugadores, quienes han demostrado no tener techo y ser capaces de lograr lo que se propongan.