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Orgullo intacto incluso en la rabia más absoluta (2-2)

El conjunto de Julián Calero, después de ponerse por delante en el 92' por mediación de Álex Forés, recibió el doloroso revés de no solo perder dos puntos sobre la bocina, sino también de toparse con el larguero posteriormente y por partida doble. Un resultado frustrante, pero conseguido desde una actitud y una mentalidad de Primera División

Jugadores del Levante celebrando el segundo gol frente al Córdoba

Jugadores del Levante celebrando el segundo gol frente al Córdoba / LaLiga

Rafa Esteve

Rafa Esteve

Nadie quiere lanzar las campanas al vuelo. La prudencia impera en Orriols en medio de una calma, por momentos, tensa. Pocos se atreven a pronunciarlo. Tampoco a asegurarlo, ya que en el Levante, a no ser que lo agarre fuertemente con la palma de su mano, no se atreven a festejar ni las victorias más clarividentes. Son las secuelas del dichoso penalti que arruinó el presente de un club gigante y de una afición que se levantó a marchas forzadas no solo por una cuestión de orgullo, sino también por la fuerza de su sentimiento por las barras azulgranas. Quedan pocos partidos para determinar cuál es el destino del Levante y el ascenso es una posibilidad, pero, lo que es cada vez más evidente, es que será sufrido y peleado hasta el final. Será un camino de alegría y tristeza, donde la montaña rusa de emociones será la ruta de un trayecto con muchas curvas pendientes. No obstante, el empate contra el Córdoba, por mucho que sirva para seguir sumando en la clasificación y mantenerse entre los dos primeros, es de los que duelen y dejan tocado el ánimo de la parroquia de Orriols

El cuadro de Julián Calero se vio dos veces por delante en el marcador. Y la segunda de ellas, en el tiempo de descuento que tanta vida le ha dado a un equipo que tiene el presentimiento de que puede vivir un año histórico. Sin embargo, el gol de Rubén Alves sobre la bocina (2-2) destruyó la alegría de un Levante que, literalmente, dio guerra hasta el final, donde se topó dos veces con el larguero. Fue la secuencia tras el mazazo del empate de un Levante que dejó escapar dos puntos con el orgullo malherido, pero no intacto. Incluso en los días más amargos, los pupilos de Julián Calero no dejan de trasladar competitividad y ambición. Ese es el motivo por el que la afición vive entusiasmada con los futbolistas que les representa. Es momento de contener la rabia y de desatar la ira provocada por el empate. Pero, sobre todo, de no perder la firmeza en el camino que le ha permitido al Ciutat volver a ilusionarse.

Lozano lamentándose

Lozano lamentándose / LaLiga

Roger Brugué abre el marcador

El Arcángel es sinónimo de batalla. De no tener más remedio que aceptar un intercambio de golpes frente a un Córdoba propositivo, que arrancó la contienda plantándole cara a un Levante que, pese a vivir los primeros minutos en su área, tomó el camino del contragolpe para hacer daño a los locales. Así llegó el primero de los de Julián Calero, después de una combinación que cayó en los pies de Carlos Álvarez y que sirvió para que Roger Brugué arrancase su motor y, aprovechándose de una mala salida de Carlos Marín, se deshiciese del meta con un autopase para, prácticamente a placer, adelantar a los visitantes. Los 200 desplazados a Córdoba lo festejaron con euforia, sabiendo que el tanto del ‘7’ era agua en el desierto porque los de Iván Ania no levantaron el pie del acelerador. De hecho, tras verse por debajo en el luminoso, aumentaron su intensidad y Antonio Casas, en el ecuador del primer tiempo, se estrelló con el larguero. No fue la única de los cordobeses. Albarrán, cazando un balón colgado desde la esquina minutos después, se topó con un Andrés Fernández que, poniendo fuerte su pie derecho, le negó el empate.

Segunda parte de infarto

El Levante resistió y, tras robo, proyectó a sus hombres más veloces para hacerle cosquillas a los verdiblancos. El descanso, aun así, fue un respiro para un cuadro granota al que le tocó remangarse, sobre todo, el defensa. Sin embargo, el paso por vestuarios debilitó a un cuadro de Julián Calero que vio cómo le igualaron la contienda a las primeras de cambio. No pasaron ni dos minutos desde la reanudación cuando el Córdoba, por mediación de Pedro Ortiz, empató el partido. El ‘2’ recibió de espaldas un pase de Antonio Casas, se giró para deshacerse de su oponente y ejecutó un fuerte disparo al palo corto de Andrés Fernández que acabó en el fondo de las mallas. A pesar de que los de Iván Ania siguieron insistiendo y embotellando a su rival, el Levante no le perdió la cara al partido, pero tuvo en sus manos la oportunidad más clara del encuentro. Giorgi Kochorashvili tiró desde fuera y Álex Forés, recogiendo un rechace de Carlos Marín, la mandó fuera sin oposición alguna y de manera casi imperdonable. 

Deselace final

No obstante, el Levante peleó por un gol que le elevase hacia la victoria. Mantuvo su personalidad y metió madera sobre el campo. Pese a ello, el Córdoba fue con todo a buscar tres puntos que acarició con las botas de Carlos Isaac, quien superada la media hora de la segunda parte, se topó con el palo desde la media luna del área aunque, a pocos minutos del final, pudo adelantarse en el marcador tras una acción de Elgezabal que casi acaba en pena máxima. De hecho, el colegiado señaló penalti, pero su revisión de VAR determinó que la acción del ‘5’ sobre Theo Zidane fue limpia. Cuando el partido se encaminó hacia un reparto de puntos, la locura se derramó sobre el verde del Nuevo Arcángel.

Si Álex Forés se lamió los labios con su ocasión fallada, se quitó la espina en el descuento con una diana que representa su talento. Control, orientación y disparo al palo cruzado para desatar la euforia más absoluta en la grada visitante del estadio cordobés. No obstante, al Levante le sobraron segundos para llevarse un botín que se le escapó de las manos en el último suspiro cuando, en un intento de despejar el peligro de su propia área, el esférico cayó a la pierna zurda de un Rubén Alvés que la puso imparable para Andrés Fernández, ante la incredulidad de un Levante que, pese al mazazo, todavía tuvo tiempo para toparse dos veces con el larguero: primero Espí y después Elgezabal. El punto, pese a que sirva para seguir sumando y mantenerse en ascenso directo, duele por las formas. Pese a ello, el orgullo con el que el Levante terminó el partido es el motivo por el que Orriols sueña con que todo vaya a salir bien. 

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