Orriols se resiste a caer
El Levante UD rasca un punto ante el RCD Espanyol a base de empuje y dando argumentos para creer en la gesta de la permanencia

Iker Losada, autor del gol del Levante, pelea un balón con Omar El-Hilali / Edu Ripoll
Nunca es tarde para reaccionar mientras queden balas por disparar. Por mucho que el tiempo pase, y la necesidad apriete, siempre existirán razones para creer en las gestas si la lucha es permanente. Y es que el Levante, sobrado de fuerza y entrega, pero ausente de argumentos de salvación según señala la clasificación, comienza a cambiar su tendencia desde el aterrizaje de Luís Castro al banquillo de Orriols a pesar de que su delicada situación dé a entender que todo lo que no sea ganar, será tiempo perdido. Habrá quien vea el vaso medio lleno y otros que lo oteen desde el pesimismo más absoluto. Cuatro puntos de diferencia con la permanencia, independientemente del partido pendiente contra el Villarreal, entristecen. Y más, en un club malacostumbrado a sufrir.
Sin embargo, el empate del Levante frente al Espanyol, uno de los equipos más contundentes de la categoría, le da a los de Luís Castro el beneplácito de la confianza. De que, con una vuelta entera por delante, el crítico escenario es reversible aunque cada punto que se quede por el camino sea doloroso. No obstante, si da su brazo a torcer, o reduce sus niveles de confianza, estará completamente perdido.
Según lo acontecido en el Ramón Sánchez Pizjuán, todas las fuerzas se depositaron en conseguir la primera victoria de la temporada en el Ciutat. No había otra salida. Sobre todo, en medio de una batalla por la permanencia donde la competencia es cada vez más dura. Cada vez hay más estrechez entre sus integrantes. Luís Castro, reconociendo que su once dependerá no solo del plan de partido, sino también del mérito semanal, puso sobre el césped a los que asaltaron el estadio del Sevilla, quizás, porque aquello que funciona no merece la pena tocarlo. A pesar de ello, contra un Espanyol caracterizado por ser mordedor y correoso, el Levante, eléctrico en su arranque, fue de más a menos. Desestabilizó a los de Manolo González, sobre todo, a través de un Kareem Tundé que se acercó al primer gol del partido con dos grandes acciones individuales. Recortó hacia adentro para exigir a un Dimitrovic que tuvo que estirarse para impedir la diana y, minutos después, ejecutó un lanzamiento que se marchó rozando la escuadra. El Ciutat de València aumentó sus decibelios ante un Levante dinámico, pero que se fue apagando según transcurrieron los segundos.

El defensa del Espanyol Carlos Romero (i) disputa un balón con el centrocampista del Levante Carlos Álvarez (d) durante el partido de la jornada 19 de LaLiga EA Sports entre Levante UD y RCD Espanyol celebrado en el Estadio Ciutat de València, en Valencia. EFE/ Manuel Bruque. (Levante) (Espanyol) / Manuel Bruque / EFE
Un tiro de Iker Losada, al palo contrario que se fue por poco, fue la única ocasión del equipo superado el primer cuarto de hora. El Espanyol, mientras, empezó a morder en segundas jugadas, balones divididos y con un Carlos Romero inspirado tanto en defensa como en ataque. De sus botas surgieron dos oportunidades de gran peligro, yéndose arriba el larguero el primer remate y, el segundo, siendo atajado por Mathew Ryan. Sin embargo, el portero australiano no pudo hacer nada para impedir la diana perica, obra de un futbolista llamado a ser el lateral del futuro. Reanudado el choque tras el descanso, el ‘22’, aprovechando un rechace dentro del área, la clavó en la mismísima escuadra para tambalear una esperanza que se vio reforzada con el empate. Dos minutos después, Dela, a pelota parada, teledirigió un balón a la espalda para que controlase de pecho Iker Losada y rematase al fondo de la red.

Los jugadores del Levante UD celebran el gol de Losada / Edu Ripoll
El escenario del ‘18’ ha cambiado radicalmente: de ser defenestrado por Julián Calero a llevar dos goles en sus dos primeras titularidades. Sin duda, la mejor noticia para un Levante necesitado de refuerzos y de ayuda, pero donde nadie da su brazo a torcer independientemente del adversario. Fue el impulso que necesitó un conjunto que se atrevió a ser más valiente, con un Ciutat de València entregado y un Espanyol impreciso que, para más inri, sufrió la recaída de Javi Puado.
A la desesperada, Luís Castro sacó todas sus naves al césped tras introducir, en el 60’, a Carlos Espí. Metió a Morales… y a Etta Eyong a falta de cinco minutos para la conclusión del partido. Con el coliseo de Orriols encendido, el Levante buscó con ahínco sumar de tres y cerrar su tormentosa dinámica en casa. No obstante, el punto fue el consuelo de un equipo que, si quiere salvarse, deberá duplicar esfuerzos en la segunda vuelta de la competición.
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