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El Levante se agarra, a la épica y por todo lo alto, a la esperanza

El conjunto de Luís Castro vence al Elche y consigue su primera victoria de la temporada en casa de la forma más apoteósica posible: remontando un 0-1 en contra, sufriendo el empate en el descuento y marcando el tanto del triunfo en el último suspiro del partido, con el Ciutat de València totalmente enloquecido

Matturro, eufórico, celebra el gol de la victoria con sus compañeros

Matturro, eufórico, celebra el gol de la victoria con sus compañeros / Germán Caballero

Rafa Esteve

Rafa Esteve

Según avanza la temporada, por mucho que los tropiezos se acumulen, el Levante se niega a tirar la toalla ni a darse por vencido. Forma parte de su identidad. Es la señal que identifica a un club acostumbrado a remar a contracorriente, pero que nunca da su brazo a torcer. Se negó a hacerlo cuando gobernó el pesimismo y el futuro pintó oscuro, como en los tiempos recientes donde un ascenso a Primera División fue agua en un desierto lleno de tristeza y ausente de recursos. Es por ello que la victoria contra el Elche (3-2), cargada de entrega, pasión y convencimiento a pesar del tanto inicial visitante y del empate en los últimos coletazos del duelo; fruto de una remontada obrada gracias a los goles de Pablo Martínez, Dela y Matturro, es la culminación a meses donde jamás existió pesimismo, sino esperanza por revertir la situación, huir del pozo y, por consiguiente, soñar con la salvación en Primera División después de un encuentro caótico y donde se alcanzó el triunfo de la forma más épica posible. Sufrir un empate en el descuento, posterior a una remontada, y levantarte con la fortaleza suficiente como para asestar el golpe definitivo con la energía bajo mínimos, es el apotéosico remate a cinco meses donde, por momentos, pareció que el Ciutat de València estaba maldito. No obstante, sus primeros tres puntos de la temporada, seguramente más tarde de lo deseado, son la vida para este Levante: que no solo nunca perdió la esperanza, sino que, ahora sí, sueña, descontroladamente, con permanecer en la élite. 

Levante - Elche.

Levante - Elche. / EFE

Cinco meses esperó el coliseo de Orriols para ver triunfante a un Levante que, de menos a más, fue superior a un Elche que sigue enredado en una mala dinámica que le impide desatender a sus perseguidores. Los pupilos de Eder Sarabia llegaron al Ciutat de València sin vencer como visitantes y, transcurridos los diez primeros minutos de enfrnetamiento, sintieron que podían estrenar su casillero lejos del Martínez Valero en el lado azulgrana de València. Álvaro Rodríguez, aprovechando un desvío desafortunado de Matturro en su intento de ahuyentar el peligro, superó a Mathew Ryan. A pesar de ello, el Levante no le perdió la cara a un choque donde Etta Eyong, tras regresar de la Copa África, pareció el césped con el pie izquierdo. Impreciso en la combinación, aun así, protagonizó la más clara del primer asalto a la media hora inicial, pero su lanzamiento, a la altura del punto de penalti tras un rebote en Affenbruger, se marchó arriba, rozando el larguero. 

El Levante transmitió viveza, pero sin precisar, sobre todo, dentro del área. Consciente de que la noche en Orriols necesitaba electricidad y estímulos sobre los que creer en la remontada, Luís Castro dio entrada en el descanso a Paco Cortés, para allanar un empate que el equipo no tardó en hallar. Cazando un centro de Toljan al primer palo, Pablo Martínez, sumando méritos para culminar su mejor actuación de la temporada, batió a Iñaki Peña para, 15 minutos después, ponerle un centro a la cabeza de Dela con el que culminar la remontada. Parecía tan cerca el triunfo en Orriols del curso que cualquier esfuerzo era bienvenido. Todos dieron lo máximo, incluso cuando flaqueaban unas fuerzas que, en el descuento, se derrumbaron. Un gol del Elche, obra de Adam Boayar y de chilena, inundó de frustración un estadio aturdido, pero con un equipo que, ni en su momento más delicado, perdió la esperanza. El tanto de Alan Matturo, con el final del partido asomando después de un centro de Olasagasti, desató una locura y un descontrol en la grada totalmente justificado. El Levante, cinco meses después, ganó su primer partido de la temporada en casa por todo lo alto, con épica y a lo grande. Digno de un equipo caótico, pero que, jamás, negociará esfuerzos ni tirará la toalla. Tres puntos que dan, literalmente, la vida. Por supuesto que la salvación es posible. Y más, tratándose del Levante.

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