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CRÓNICA

El Levante araña un empate de los que vale una permanencia en Primera División

El equipo de Luis Castro suma un punto frente al Atlético de Madrid y sigue firme en su escalada hacia la salvación

Una acción del partido.

Una acción del partido. / EDUARDO RIPOLL

Rafa Esteve

Rafa Esteve

València

Nadie desea una vuelta de competición liguera sin victorias como local. Es inasumible para cualquier aficionado al fútbol, pero el Levante, en apenas una semana, ha roto su maldición en el Ciutat de València, ganando épicamente al Elche, y rascado un empate contra el Atlético de Madrid para que la esperanza en conseguir la permanencia siga latiendo. Orriols, revitalizado e ilusionado, respira un aroma diferente desde que, de la mano de Luís Castro, ha hecho un reseteo que le permite no solo cambiar su tendencia, sino también sentirse en condiciones de tumbar al que se ponga enfrente, más allá de la condición y, sobre todo, de la dificultad. Sumó un punto y, por momentos, se sintió capaz de meterse los tres en el bolsillo. Pese a ello, el empate contra el Atlético de Madrid sirve es un golpe sobre la mesa en su batalla por quedarse en Primera División sabiendo que el trayecto será complicado y exigente, pero, con partidos así, será más fácil de conseguir.

Dela pugna con Thiago Almada

Dela pugna con Thiago Almada / LaLiga

Desquiciado por su derrota en Champions ante el FK Bodø/Glimt, que le sacó del privilegio de quedar entre los ocho primeros, el Atlético de Madrid mordió desde el primer minuto del partido, buscando un resultado que despejase las dudas que giran en torno a la figura del Cholo Simeone. Pese a ser un partido importante en las aspiraciones colchoneras, el técnico argentino hizo cinco cambios en su alineación para desestabilizar a un Levante que, paciente en defensa, nunca le perdió la cara al duelo. Aun así, los visitantes protagonizaron peligro a través de dos testarazos de Nico González: el primero, pocos instantes después del silbato inicial, topándose con el larguero con ayuda de Mathew Ryan. Y, el segundo, batido el cuarto de hora.

Pese a ello, poco sucedió durante una tarde en la que el Levante no amenazó la meta de Oblak, pero se resguardó atrás esperando su momento ante un Atlético que perdió a Sorloth, su referencia en ataque, por un choque de cabezas con un Matías Moreno que también salió mal parado. Quizás, el acto que enfrió un duelo que llegó al descanso sin emoción, pero con la sensación en el ambiente de que el Levante, si seguía así, podría hacer daño pese a no intimidar la portería atlética. Mientras, Simeone, nervioso, realizó, más allá de la entrada de Julián Álvarez por la conmoción de Sorloth, tres cambios prácticamente del tirón. Entre ellos, dio entrada a un Marc Pubillque fue ovacionado por Orriols, pero, a su vez, pisó el césped un Etta Eyong que, además de llevarse el reconocimiento de la grada, provocó la primera ocasión de los levantinistas.

Etta Eyong pugna con Le Normand un balón

Etta Eyong pugna con Le Normand un balón / LaLiga

Corrió hacia Jan Oblak y se topó con el esloveno para encender a un Ciutat que, según transcurrieron los minutos, empezó a soñar con una tarde para el recuerdo. El Atlético, por su parte, no disparó entre palos hasta superado el 60’, con un lanzamiento desde lejos de Nico González que exigió a Ryan, aunque, superado el ecuador de la segunda mitad, el australiano voló sin motor para desviar un cabezazo de Julián Álvarez a bocajarro, aunque un tanto escorado. Fueron pasando los minutos y el Levante se sintió plenamente capacitado para tumbar a todo un Atlético de Madrid, generándole dudas y merodeando por las cercanías de un área en la que Dela, demostrando que tiene un imán en su frente cuando caen balones parados hacia sus profundidades, remató un centro de Olasagasti que palmeó, con una notable estirada, Jan Oblak.

No se terminó ganando, pese a que una prolongación hacia el punto de penalti, y rematado por Julián Álvarez a las manos de Ryan, hizo peligrar un empate de valor incalculable, pero la entereza con la que el Levante compitió frente a uno de los mejores equipos de Europa, la arrolladora personalidad con la que jugó sobre el verde del Ciutat de València y su inconformismo son las señales por las que el coliseo de Orriols cree que la salvación en Primera no es tan descabellada. Hay argumentos de sobra para soñar con la permanencia y el Levante, con Luís Castro como principal argumento esperanzador, no dejará de pelear por ella hasta el último segundo.

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