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Levante UD

Las seis claves del resurgir del Levante con Luís Castro

38 días después de su llegada a Orriols, el técnico portugués ha logrado revertir una situación agónica para los granotas, inyectando una dosis revitalizante de oxígeno ilusionante, seguro y competitivo. Son muchos los cambios que han impulsado una revolución táctica-técnica, un cambio de mentalidad y un giro de 180 grados en la dinámica de resultados

Luís Castro dando instrucciones desde la banda a sus jugadores en el encuentro de Liga ante el Atlético de Madrid en el Ciutat de València

Luís Castro dando instrucciones desde la banda a sus jugadores en el encuentro de Liga ante el Atlético de Madrid en el Ciutat de València / LaLiga

València

El Levante y Luís Castro o Luís Castro y el Levante... o llámalo como quieras, pero lo que está claro es que la ilusión y la esperanza han recobrado vida en Orriols. Como ya es sabido por todos, tanto en equipos a gran y/o menor escala, la lógica del ya conocido "resultadismo" se impone en el fútbol, hasta el punto de ejercer una presión tan intensa que es capaz de llevarse por delante hasta a los propios entrenadores, como le ocurrió a Julián Calero hace más de un mes. Pero el pasado es pasado, y no hay tiempo para lamentaciones, añoranzas o quejas... Ahora es la hora de los valientes, de los que quieren pelear hasta el final y dar todo por un objetivo prioritario para todos: la permanencia en Primera División. Y eso lo tiene muy claro el técnico portugués que, 38 días después de su llegada a tierras levantinistas, ha reconstruido y levantado los cimientos de un equipo que estaba inmerso en una dinámica de resultados preocupante y agónica, sumado a esa desconfianza y preocupación de una afición que nunca ha dejado de creer en los suyos.

De la mano de Luís Castro, los granotas vuelven a tener vida en Primera División. El cuadro levantinista ha "resucitado", con la máxima de sumar y sumar los máximos puntos posibles que esclarezcan ese camino hacia la salvación. Difícil sí, imposible no... Muchos son los argumentos positivos a los que aferrarse este nuevo Levante y todo el Ciutat de València: desde lo emocional, con energías renovadas y la fe intacta de lograr todos juntos el gran objetivo; desde grupal, con una plantilla unida, comprometida y consciente de esa meritocracia interna; desde lo táctico, con una revolución táctica-técnica y un estilo de juego más flexible, atrevido y ofensivo; desde la afición, entregada y arraigada como nunca a su equipo; y sobre todo, desde los resultados que, por encima de todo, refuerzan esa idea y predisposición de un técnico portugués que ha llegado para revolucionar el Levante. De momento, el equipo marcha con esos 8/15 puntos posibles, la primera victoria de la temporada en el Ciutat y la sensación de poder competir ante cualquiera.

El once titular del Levante UD frente al Atlético de Madrid

El once titular del Levante UD frente al Atlético de Madrid / LaLiga

La meritocracia, la base de todo

Uno de los grandes cambios de este Levante es la vuelta a la meritocracia. Para Luís Castro, no existen las estrellas, los grandes nombres, los juego por decreto y los DNI, es decir, juega el que lo merece, el que mejor ha entrenado y el que demuestra, con voluntad y juego, que tiene que estar en el once titular. Por tanto, el mensaje de que el equipo está por encima de todo ha calado en un vestuario consciente de que deberá impresionar al entrenador portugués si quiere ser de la partida. Los Unai Vencedor, Kervin Arriaga, Manu Sánchez (titulares indiscutibles con Calero), Etta Eyong (suplente ante el Atlético) y Morales (no entra en la rotación) ya han experimentado de primera mano lo que significa esa vuelta a los méritos propios tanto futbolísticos como por esfuerzo y dedicación.

En cambio, Losada (dos goles), Pablo Martínez (un gol, una asistencia y con papel clave en el juego del equipo), Diego Pampín (buenas sensaciones), Alan Matturro (un gol y grandes actuaciones) y Ugo Raghouber (dueño de la medular) han sido los beneficiarios directos de la nueva filosofía del entrenador. En efecto, no existe equipo A o equipo B, existe un grupo de jugadores implicado al cien por cien con la idea de Luís Castro, con el club y con la afición. A pesar de esa "sequía" goleadora que atraviesan Etta Eyong o Iván Romero, hasta siete goleadores distintos han emergido en los últimos cinco partidos: Matturo, Dela, Carlos Álvarez, Carlos Espí, Pablo Martínez y Losada (dos goles). Esto demuestra lo enchufado que está el equipo en cada demarcación, sin importar si eres central, medio o delantero, todos contribuyen con su juego, goles y asistencias al equipo.

La cantera, una prioridad

Una de las prioridades más elementales para Luís Castro pasa por la factoría de Buñol, por una cantera que no ha dejado de complementar, ayudar y dar rédito tanto deportivo como económico al primer equipo. En rueda de prensa, el técnico portugués ya ha repetido en numerosas ocasiones la importancia de fortalecer las categorías inferiores del club y de dar oportunidades a los futbolistas más jóvenes. Y es que esa meritocracia señalada anteriormente abre la puerta a jugadores prometedores de 16, 17, 18, 19, 20 años... de poder subir y jugar con el primer equipo. La edad es un número... y sin duda, ha quedado demostrado con la presencia reiterada en el once inicial de Kareem Tunde, que ha respondido con grandes actuaciones; la vuelta de Paco Cortés, con ese perfil habilidoso y regateador diferencial en el equipo; la mayor inclusión de Carlos Espí en los partidos, y a lo que ha vuelto a responder con gol ante el Sevilla; y las convocatorias con otras joyas de la cantera como el joven lateral Nacho Pérez. No importa lo que ponga en tu carnet de identidad; importa la capacidad de aportación al equipo, y, sobre todo, la implicación. Todo ello, añade ese valor añadido en términos de revalorizaciones, proyección y futuro para la entidad granota.

Kareem Tunde pugnando un balón con Almada

Kareem Tunde pugnando un balón con Almada / LaLiga

Ser un equipo difícil de batir

Luís Castro lo tiene muy claro: todo lo que vienen ahora son "finales", y se necesita de un equipo valiente, competitivo e intenso. Todo ello, se ha visto claramente en estos cinco primeros partidos, siendo el Levante un equipo difícil de doblegar, con una idea de juego clara, una mejora defensiva evidente y esa capacidad para aprovechar las oportunidades de gol. Sin miedo a nadie y nada, con la aspiración de ser ese equipo rocoso y aguerrido, al que cueste mucho ganar y que pelea contra cualquiera. De hecho, el calendario que le esperaba al portugués no era para nada sencillo, y aun así ha logrado resultados importantes ante rivales de gran calado como la victoria por 0-3 ante el Sevilla en el Pizjuán, el empate 1-1 ante el Espanyol (6º) en el Ciutat o el último punto logrado también en casa frente al Atlético de Madrid. Además, ha conseguido un triunfo clave por 3-2 contra el Elche en feudo granota y a pesar del resultado, competir con una gran primera mitad y con opciones, ante todo un Real Madrid en el Bernabéu.

El Ciutat gana partidos

Las grandes noches del Ciutat de València están de vuelta. La emoción hasta el final y esa épica tan característica de nunca rendirse han regresado a las gradas levantinistas. La permanencia pasa por ser fuertes y altamente competitivos en casa, recuperando esa fortaleza inexpugnable que tantas alegrías ha dado al equipo, especialmente la temporada pasada en Segunda División. La afición, preparada para este maratón de finales ya sin pausa hasta final de temporada, quiere volver a ser ese jugador número 12 y mostrar ese apoyo incondicional pase lo que pase. Tanto es así que, después de nueve jornadas consecutivas sin conocer la victoria en casa, los granotas se liberaron y disfrutaron como nunca de esa gran victoria sobre la bocina por 3-2 ante el Elche. La primera victoria llegó... y de la mano de Luís Castro. Aunque esa imagen segura y convincente sobresalió también en los empates frente al Espanyol y el Atlético de Madrid, dos rivales en la parte alta de la tabla. Una victoria y dos empates en los últimos tres encuentros rompen esa mala racha de resultados como local (cinco partidos sin ganar) y refuerzan esa comunión afición-equipo, ya demostrada anteriormente en su capacidad para aunar esfuerzos.

Los jugadores del Levante celebrando el gol de cabeza en el minuto 96 de Alan Matturro ante el Elche

Los jugadores del Levante celebrando el gol de cabeza en el minuto 96 de Alan Matturro ante el Elche / LaLiga

La plasticidad del juego

En cuanto al apartado táctico-técnico, el Levante ya refleja esa plasticidad en el juego, es decir, capacidad para adaptar la jugabilidad en función de los rivales y/o contextos del partido, propia del técnico portugués. En estos cinco encuentros, el conjunto granota ha mostrado dos ideas de juego complementarias: una faceta de mayor dominio o tenencia de balón, con ese atrevimiento de los centrales en salida (véase con Matías Moreno o Alan Matturro) o tratando de sacar el balón jugado, con combinaciones rápidas por el centro; y otra cara más defensiva, ordenada y efectiva, pero sobre todo, con esa capacidad para contragolpear en fase de menor control del partido. Además, Luís Castro ha cambiado el esquema de un 4-4-2 a un 4-2-3-1 o 4-3-3 en ataque, y un 5-4-1 en defensa, incrustando al pivote más defensivo, en este caso Raghouber, para fortalecer la línea defensiva y proteger la retaguardia. El centrocampista francés combina ese criterio y verticalidad con balón, sumado a esa capacidad para dar estabilidad al eje granota y ser agresivo en las recuperaciones. Un pivote polivalente que fusiona acciones defensivas y ese punto extra de creatividad.

Por otra parte, los extremos recuperan esa importancia y peso en el equipo, lo que les permite ensanchar el campo, y aportar una mayor profundidad y verticalidad en el ataque, así como ofrecer esas ayudas extra en zona defensiva. Por ello, las llegadas de Tai Abed y Paco Cortés satisfacen esa necesidad del de Moreira de Cónegos (Portugal) de tener jugadores de banda rápidos y habilidosos. La reconstrucción en defensa se ha evidenciado con esas dos porterías a cero (Sevilla y Atlético), la contundencia de Dela, Matías y Matturro y con un Ryan salvador. Por otra parte, los laterales han adoptado un rol más defensivo o equilibrado, sin exponerse en demasía a los contraataques del equipo rival. Eso sí, en esas transiciones rápidas salen a la contra adoptando ese rol de centradores, en el que ya han sido partícipes de dos goles en estos primeros encuentros. Primero, con ese centro de Toljan tocado por Morales en ese tanto de Carlos Espí ante el Sevilla, y segundo, otro gran centro lateral del alemán en ese remate en el área de Pablo Martínez frente al Elche.

El balón parado, un arma imprescindible

Por último, el balón parado se ha convertido en una herramienta fundamental para marcar goles, desatascar los partidos difíciles o cerrados y generar ocasiones de peligro en ataque. En efecto, tres de los siete tantos (42,86%) anotados por este Levante de Luís Castro han llegado en acciones de estrategia, concretamente de dos faltas centrales y un córner, con los goles de Dela y Losada y Matturro, respectivamente. Asimismo, los de Orriols también aprovechan los saques de banda ofensivos como otra alternativa para atacar la portería rival con esos lanzamientos en largo de Iván Romero y la acumulación de hombres en área rival, hasta con los propios defensas como el central uruguayo para prolongar la jugada de cabeza. Ante los de Simeone, Dela también dispuso de un remate franco de cabeza tras un centro de falta de Olasagasti. Un arma imprescindible que el cuerpo técnico trabaja meticulosamente tanto a nivel ofensivo, para resolver encuentros de máxima iguladad como a nivel defensivo, para ser fuertes en la defensa del área.

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