El Levante reduce sus opciones de permanencia en apenas tres días
Los granotas pierden su comodín para acercarse a la salvación tras caer derrotados en el duelo pendiente frente al Villarreal, quedándose a siete puntos del cuarto por la cola después de un partido que les inunda en la frustración y en la negatividad pese a haberlo intentado de todas las maneras

Mikautadze celebra su gol ante el Levante. / F. CALABUIG

La sensación de perder la categoría en el mes de febrero, o como mínimo, de que las opciones de permanencia son mínimas, es irreal. Quedan tres meses para que finalice la competición y muchos puntos en juego. Ningún granota, todos curtidos en mil batallas y habiendo superado obstáculos de todo tipo, se niega a entregar las armas. Pero la derrota contra el Villarreal del Levante, que pierde su comodín personal para sacar cabeza, para introducirse en una realidad muy difícil de digerir, provoca que el pesimismo gobierne como nunca antes esta temporada: 7 puntos de distancia con la permanencia y un equipo incapaz de extender sus buenas sensaciones. No solo ha metido de lleno los pies en el barro, sino que, en un margen de apenas tres días, ha minimizado sus opciones de salvación. Ningún granota desistirá. Seguirá peleando incondicionalmente. Sin embargo, el equipo ha dejado de transmitir seguridad en su objetivo de conseguir la permanencia.
Quién sabe si con la conciencia intranquila tras su estrepitosa derrota en el Derbi, la imagen del Levante, sin cambiar de manera radical, mejoró con respecto al domingo. Dominó el esférico, siendo activo en ataque, pero consciente de que cualquier transición amarilla suponía un serio peligro. Sin embargo, la primera oportunidad del encuentro la protagonizó el Villarreal sin practicar su mejor fútbol. Aprovechó un saque de banda colgado a las profundidades del área y Moleiro, después de una ligera prolongación de Rafa Marín, cabeceó al palo de la portería defendida por Mathew Ryan. No obstante, el Levante replicó con un disparo de Carlos Espí a las manos de Júnior, antes de que, a poco del descanso, un centro de Nicolas Pépé fuese rematado por un Ayoze Pérez que se topó con el meta australiano.
Si el Villarreal finalizó el primer asalto con la sensación de haberle cogido el pulso al partido, su paso por vestuarios le sirvió para despejar ideas y ser más dinámico. Lo demostró a las primeras de cambio, mediante un lanzamiento desde la frontal de Pape Gueye que se marchó fuera por muy pocos centímetros, y cuya respuesta fue emitida por un Paco Cortés que exhibió el duende que lleva en sus botas para ganarse definitivamente a la grada: recogió en la frontal, se perfiló y ejecutó un disparo que, de no haber sido por la brillante parada de Luiz Júnior, a mano cambiada y palmeando el esférico a la altura de la escuadra, hubiera, sin duda, insuflado vida a un Levante que, en el 57’, sufrió un duro revés cuando, quizás, menos se lo merecía. Un desajuste defensivo habilitó a Georges Mikautadze para dársela a Pépé, pero la presión defensiva de la zaga levantinista, sumado al intento de Ryan de arrebatarle el esférico, provocó que el nacido en Costa de Marfil se la devolviese a un georgiano que no perdonó.
El miedo a una nueva derrota, con las duras y difíciles consecuencias que arrastraría, generó un Ciutat de València muy nervioso por el devenir de los acontecimientos y un equipo que lo intentó, aunque sin la precisión que requiere su delicada situación clasificatoria. Es más, las constantes pérdidas de tiempo desquiciaron a un coliseo de Orriols que, en el minuto 75, explotó ante un empujón dentro del área de Cardona sobre Etta Eyong que no tuvo castigo. Ninguno de los presentes supo a qué agarrarse entre tanto desespero, mientras el Levante navegó en un mar de dudas donde gobernó la intranquilidad. Dela, en el 80’, le sacó sobre la línea el segundo a Mikautadze para dar esperanzas, aunque fueran mínimas. Pero, para más inri, y con el equipo volcado, un remate franco de Tundé en el descuento fue repelido, casi sin querer, por Renato Veiga. Lo peor que le pudo suceder a la parroquia del Ciutat de València fue sufrir una nueva derrota. Sobre todo, porque, desaprovechada la bala, subir hacia la cima de la permanencia, a siete de distancia, se complica cada vez más.
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