La permanencia deja de ser una utopía en Orriols
El Levante de Luís Castro consigue una victoria contra el Sevilla a la altura de sus ganas e ilusión de agarrarse a la categoría, situándose a solo dos puntos de la salvación

El Levante celebra el primer gol de Iván Romero. / F. CALABUIG

Dos victorias consecutivas. Dos puntos de distancia con la permanencia. ¿Y ahora qué? Pensarán los que, aturdidos y desconocedores del empuje y la energía de un Levante que nunca dejó de creer, ven al equipo levantinista metido de lleno en la batalla por la salvación tras ganarle al Sevilla. Los de Luís Castro, después de meses remando a contracorriente, y sintiendo cómo su alrededor daba por imposible tramitar un año más en la élite del fútbol español, otea la orilla a pocos metros de diferencia cuando más lo necesitaba y más vivo estaba. Poco ha importado el lastre, las semanas en el pozo como si fueran interminables y los resultados nunca cayeron de su lado. No exento de sufrimiento, el gol de Iván Romero superada la media hora de partido fue agua en el desierto para un Levante que echó litros de sudor sobre el césped para sentenciar en el 94’ por mediación, otra vez, del ‘9’ de un Levante que, tras dos triunfos cosechados de manera consecutiva, va viento en popa hacia la permanencia. Nadie le va a parar. Nadie va a decidir su destino. Porque el Levante es de Primera… y de Primera no se irá. Si sigue así, seguro que no.
Nunca es buen momento para asumir un partido de tanta trascendencia, pero al Levante, valiente y descarado como pocos equipos de Primera, le sobran ganas de demostrar que está dispuesto a dar todo lo que lleva dentro para quedarse en la élite. Contra el Sevilla, de hecho, salió a tumba abierta. No era para menos. Era la final por la que tantos meses suspiró un Levante que, de una vez por todas, se acerca a la orilla de la salvación. Poco tardó en intimidar a su rival, con Olasagasti filtrando un pase entre líneas para que Iván Romero fuese barrido dentro del área por Castrin. La falta fue clara, pero Sánchez Martínez, asistido por el VAR, anuló la acción al considerar que no era pena máxima. Más allá del eléctrico comienzo, los levantinistas llevaron el dominio del esférico ante un Sevilla resguardado en defensa, pero sin precisar sus contragolpes ni trazar pases que le acercaran a la meta de Mathew Ryan.
Mientras, Orriols, vistiendo sus mejores galas y creando una atmósfera de día grande, presenció a un equipo insistente. Pese a ello, apenas inquietó la portería de Odysseas un equipo de Luís Castro que sí encontró el camino del gol en el 38’, aprovechando la fuga defensiva de un Sevilla que se sintió cómodo atrás. Incluso, que buscó ralentizar la electricidad y el hambre de su rival, pero que no detectó un hueco entre el lateral y la zona central que aprovechó Iván Romero. El ‘9’, rematando un envío de Olasagasti sin apenas controlar el esférico, celebró pidiendo perdón al que fue su exequipo, aunque sin ocultar la euforia y la alegría que produjo su diana. No solo por el gol, sino por la trascendencia del mismo. La permanencia ya se visualizaba a dos puntos de distancia, por mucho tiempo que quedase por delante y trabajo que faltase por hacer. No obstante, sobraron los motivos para dejarse el alma en cada acción. Hasta el último segundo. Quedarse en Primera bien vale cada esfuerzo. Pese a ello, el Sevilla entró a la segunda parte con un aire diferente, intentando agitar un encuentro que estuvo a punto de empatar en dos ocasiones.
A las primeras de cambio, Agoumé detectó la internada en el área de un Vargas que, afortunadamente para los intereses del Levante, se marchó por encima del larguero. Instantes después, el ‘18’ hispalense recogió el balón y, en su intento de buscar orificios en el entramado defensivo de los de Orriols, ejecutó un lanzamiento que fue arriba por poco. En apenas 6 minutos, el Sevilla desestabilizó a un Ciutat que no tiró la toalla. Cuanto más vio a su equipo contra las cuerdas, más le alentó y le transmitió su energía, su ánimo y su apoyo. De hecho, el Levante lo notó. Ni negoció esfuerzos ni fue a medias tintas, hasta el punto de que Espí, en el 65’, tuvo la oportunidad de sentenciar. Sin embargo, mano a mano con Odysseas, la zaga del Sevilla le rebañó el cuero en el último suspiro. Mientras intentó rebajar las revoluciones, los de Luis García Plaza intentaron igualar de todas las maneras. Cerca se quedaron de conseguirlo después de que Sánchez Martínez señalase una mano de Pablo Martínez anulada por el VAR, ya que fue el propio '10' quien despejó el balón. Pero, tras unos últimos minutos llenos de tensión, con el Sevilla colgando balones al área que despertaron fantasmas en Orriols, un despeje en la zaga levantinista fue recogido y conducido por Kervin Arriaga, habilitando a un Iván Romero que, en boca de gol, sentenció la contienda para desatar la locura en un Ciutat que, ahora más que nunca, cree en la permanencia.
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