Un Levante plagado de héroes acaricia la permanencia en Primera
El equipo de Luís Castro consigue una victoria histórica contra el Mallorca que le acerca, más que nunca, a una salvación utópica hace meses, pero que, gracias a la entrega y al espíritu de unos futbolistas inigualables que nunca dejaron de creer, la tienen a un punto de distancia

F. Calabuig

Gloria eterna a este grupo de jugadores y a este entrenador, que, después de salir victoriosos de un partido a vida o muerte frente al Mallorca, entran por la puerta grande en la historia del Levante. No es matemática la salvación, todavía queda una última brazada, pero los soldados comandados por Luís Castro se han ganado el derecho de escribir, con letras de oro, sus nombres en la eternidad granota. Es, sin duda, y por mucho que le quede un último empujón, una de las remontadas más espectaculares que se han visto en la élite del fútbol español. Cuando las dinámicas negativas tienden a la desesperanza y a la desilusión, lo común es dejarse llevar. No remar frente a escenarios de elevada improbabilidad. Sin embargo, lo presenciado en las profundidades del Ciutat de València, ante un Levante que tumbó al Mallorca con goles de Carlos Espí y Kervin Arriaga, es para enmarcar gracias a una plantilla que creyó en sus posibilidades cuando pocos apostaron por ellos.
Si hace pocos meses lo dieron por muerto, al Levante, debido a la victoria del Elche contra el Getafe, le basta solo un punto para llegar a la orilla de la permanencia. Ver para creer, aunque, en Orriols, nadie entiende de imposibles. Acostumbrado a superar adversidades a lo largo de su historia centenaria, esta es la enésima gesta, pendiente de culminar, en sus años de existencia. Y, sin duda, será recordada para siempre. Un último empujón y se materializa definitivamente. Un paso más y el Levante resistirá en la categoría que le corresponde: Primera División.
Los corazones de todos los presentes en el coliseo de Orriols latieron sin control y a velocidades inestables, fruto de lo mucho que había en juego sobre el césped y de la trascendencia de los puntos. Nadie quería arriesgar. El fallo, más que nunca, iba a tener graves consecuencias. Sin embargo, el Levante se fue estirando a pesar de que el Mallorca llevó los hilos de la posesión. Más al contragolpe que trazando pases que le llevaran a la meta defendida por Leo Román, pero los futbolistas de Luís Castro, conscientes de que el partido sería largo, masticaron cada circunstancia sin transmitir apenas nerviosismo, por mucho que el mismo reinase en las gradas. Pese a ello, cada atisbo de peligro, por mínimo que fuera, encendía a un Ciutat de València lleno hasta la bandera.
En un encuentro cargado de tensión, el primero en intimidar fue el Mallorca batido el ecuador del primer tiempo. Samu Costa, cabeceando un centro lateral de Mojica, probó los guantes de Ryan cuando más sensación de peligro dieron los de Demichelis. Sin embargo, si a estas alturas de temporada, los detalles marcan tanto la diferencia hasta el punto de ser cruciales, el Levante se puso por delante en el marcador debido a un error de David López que aprovechó Carlos Espí. El defensor quiso jugar con Leo Román y el delantero, anticipándose al envío, la clavó en el fondo de las mallas. Si el coliseo de Orriols se dejó el alma desde el primer segundo, sus corazones reventaron por completo al ver a su equipo imponiéndose en el luminoso. Más si cabe cuando Mathew Ryan, cuyo nivel está a la altura de las de los porteros más decisivos de LaLiga, salvó a los suyos con dos manos milagrosas. La primera, a un testarazo ajustado al palo de Luvumbo. Y, la segunda, volando sin motor para desviar un latigazo desde fuera del área de Sergi Darder.
Llegar al entretiempo con un resultado favorable fue una bocanada de oxígeno tremenda. Los granotas no practicaron su mejor fútbol, pero, con la orilla de la permanencia asomando por el horizonte levantinista, poco importó. Después de una primera parte lluviosa, los cielos se despejaron en la reanudación del choque. Como si el cielo le abriera las puertas de par en par a los soldados de Luís Castro, hambrientos de gloria para consumar una heroica remontada hacia la salvación. Por ello, no tenía que pasar absolutamente nada en el segundo tiempo. Y eso que el Mallorca, insistente con balón en las cercanías del área, agitó los nervios de los granotas presentes en Orriols. Todo podía pasar, pero el Levante, tan resistente como resiliente, hizo todo lo que estuvo en su mano para aguantar el tipo. Aun así, los pupilos dirigidos por Luís Castro disfrutaron de un par de oportunidades, aunque, incluso en el partido más trascendental, tuvieron que remar contra la injusticia.
El Ciutat de València pidió penalti de Mojica sobre Brugué, pero, durante las protestas, el ‘22’ tiró del pelo al ‘7’… y Alberola Rojas se coronó expulsando a los dos para zanjar la polémica de golpe y porrazo. Tanta tensión se acumuló en Orriols que el gol de la sentencia, anotado por Arriaga cabeceando un centro desde la esquina de Olasagasti, provocó el éxtasis definitivo. El que te acerca, más que nunca, a la Primera División. Incluso un penalti fallado por Dela en el descuento pasó desapercibido entre tanta felicidad. Ahora solo queda un último empujón. Y, por mucho que cueste de asimilar, los héroes de Luís Castro lo van a conseguir. Por supuesto que sí. “Illa, illa, illa, nos vamos a Sevilla”, cantó el Ciutat de València. Lo dicho: todos a Sevilla.
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