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REPORTAJE SUPER

Raimon Ferrer disfruta de su jubilación tras 38 años mimando el césped del Ciutat de València: "No tengo fortuna, pero el Levante me ha dado alma, corazón y vida"

El histórico jardinero granota finaliza su etapa laboral con el deseo de que las nuevas generaciones tengan presente lo mucho que ha sufrido el club para llegar hasta donde está: "A veces no había dinero ni para regar. Éramos solo cuatro trabajadores y tenías que hacer de todo. Estábamos en Segunda B, pero ya éramos de Primera"

El melianero, a su vez, se niega a abandonar sus funciones sin antes reivindicar el oficio que ha desempeñado durante casi cuatro décadas: "Lo nuestro no está valorado ni bien pagado. Si trabajas en una fábrica, dejas un tornillo y te vas de vacaciones, el tornillo sigue igual. Pero la hierba no"

Entrevista a Raimon, jardinero del Levante UD durante casi 40 años.

Entrevista a Raimon, jardinero del Levante UD durante casi 40 años. / Francisco Calabuig

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Rafa Esteve

Rafa Esteve

València

La grandeza de Raimon Ferrer no se mide con palabras. Se evalúa recorriendo los 38 años de esfuerzo, sacrificio, compromiso y trabajo que le dedicó al mantenimiento del césped del Ciutat de València. Y, aun así, es imposible de calcular, ya que su trayectoria es tan admirable como incomparable. El valor que le ha aportado Raimon al Levante a lo largo de su carrera profesional es tan alto que su huella permanecerá siempre sobre el terreno de juego del coliseo de Orriols. Pese a ello, ahora que abandona su puesto de trabajo para vivir los partidos desde la grada, y dispuesto a disfrutar de su merecida jubilación, cruza los dedos para que el paso del tiempo no elimine lo mucho que ha sufrido el club hasta poder ver al Levante en la élite del fútbol español.

“Cuando entré en el 88 éramos pocos y hacíamos de todo. Subía hasta a cuñar la lotería de Navidad. Se estropeaba un grifo del lavabo y lo arreglábamos nosotros. Pirri tendía la ropa en las gradas. Y cuando llovía, iba de Meliana al estadio para recogerla y ponerla en el vestuario. Estábamos acostumbrados a resolver nosotros los problemas. Ibas a Alginet, Foios o Meliana a por una máquina el día del partido porque se nos estropeaba. Todo sobre la marcha. Estaban los jugadores entrando al campo y tú aún estabas terminando de segar el campo. Estábamos en Segunda B, pero éramos ya de Primera. Eso se lo tendrían que enseñar a la gente que entra a trabajar al Levante o a los propios aficionados. Un niño, por ejemplo, de 15 años no sabe lo que se hacía en este club. Alguna persona lo tiene que inculcar”, aseguró Raimon en SUPER, quien descansa y vive la vida entre Meliana y la Vall de Almonacid, después de que su existencia haya girado alrededor del césped del Ciutat de València.

Ahora tendrá tiempo no solo para descansar, sino también para reivindicar las labores de jardinería consciente de todos los dolores de cabeza que le ha provocado durante cuatro décadas: sembrar sin descanso, segar a contrarreloj y regar en su justa medida frente a contratiempos, climatologías adversas, calendarios de competición apretados y vacaciones contadas: “Mi jubilación no tendrá ni punto de comparación con hacer el campo a cuarenta grados, de noche, dependiendo de cuándo vienen los camiones, de la climatología... Si trabajas en una fábrica, dejas un tornillo y te vas de vacaciones, el tornillo se queda igual. Pero el césped no. Llevo alrededor de 40 años sin tener apenas vacaciones. Estás pendiente del césped de la Ciudad Deportiva, antes de que el equipo empiece la pretemporada, y de hacer el campo una vez quiten los escenarios de los conciertos. Eso, en el mes de agosto, te mata, y más yendo a contrarreloj por el inicio de LaLiga. A lo que menos importancia se le da es a la jardinería. La gente piensa que el césped se quita y se pone. Y no es así".

Entrevista en el Raconet con el jardinero del Levante UD Raimon con motivo de la visita del Sporting de Gijón de donde procedia el ex entrenador del Levante ya fallecido Manolo Preciado

Raimon, en su penúltima entrevista con SUPER, realizada en febrero de 2025. / JM LÓPEZ

Sin embargo, a Raimon le han pesado más los comentarios sobre el estado del césped por parte de los rivales, sin haber un criterio entre medias y desde la máxima osadía, que, por ejemplo, segar a 40 grados bajo la sombra. El melianero ha trabajado siempre bajo presión y navegado a contracorriente. A veces, solo contra el mundo. No en vano, siente que cada una de las experiencias vividas, e incluso de las críticas recibidas, cuya única finalidad era desviar el foco del resultado final de los partidos, han forjado un carácter en el que el Levante forma gran parte de su identidad. “Tener la presión de los futbolistas, del equipo rival, de la prensa… es muy pesado. Y el estrés que llevas no se paga. Pero no solo pasa en el Levante, sino también en el resto de equipos de fútbol. Lo más cómodo es echar la culpa al césped. Son experiencias que se te quedan en el corazón porque estás dejando mucho sudor, mucha sangre y muchas horas sin la familia para que después lleguen un domingo, que son para disfrutar y estar de paella, y que, en dos comentarios, te desmonten la película. A mí me ha molestado siempre. Las personas trabajan para obtener un sueldo y poder progresar en la vida, pero lo nuestro no está ni valorado ni bien pagado”.

Esfuerzos que valieron la pena

Aunque así lo crea y le siga marcando, a Raimon le ha compensado estar ligado al club de su vida mediante una de sus pasiones. Y eso que la actual es “la cuarta crisis económica" que sufre el Levante desde que entró en 1988. "Aquí se ha pasado muy malamente. A veces no había dinero ni para regar el campo. Y, aun así, se regaba. Una vez el pozo se fue abajo y el nivel bajó hasta que se quedó seco. Hasta que no se arregló regamos con cubos del Ayuntamiento de València. Ahora lo piensas y dices: ¿Cómo he podido hacer esas barbaridades? Pero era lo que había. Éramos solo tres trabajadores. Tenías que hacer de todo porque no había nadie. Hacías otras cosas además de mantener el césped. Si no, este club no seguiría con vida. Aquí siempre ha faltado la peseta ‘pal’ duro".

Y es que, según Raimon, "te haces del Levante porque sufres mucho", pero "te haces duro y te haces fuerte. Vengo de la huerta y sé lo que es levantarse a las 3 de la mañana para ir a regar. No tengo fortuna, pero tengo alma, corazón y vida”. Así resume el jardinero granota su etapa en el Levante: alma, corazón y vida. La de “un matrimonio que nunca se va a separar”, feliz y emocionado de que el club y su afición no paren de crecer. “La masa social ha crecido mucho. Toda la gente viene con la camiseta y eso es muy bonito, al igual que ir por la calle y decirle a un niño: ¡Macho Levante! Y que se ría. Hay muchísima gente joven que no sabe quién soy y eso también es bonito. Hemos visto un Levante-Novelda con 1000 personas. Hemos abierto la tribuna por las lluvias y ni la tribuna se llenaba”, rememora, emocionado, Raimon, poniéndole el punto y final a “una etapa de muchas subidas y bajadas”, pero con la conciencia tranquila. “Lo bonito e importante es irte en Primera División, al menos para mí”.

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