Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

REPORTAJE SUPER

El Raconet siempre será el santuario de Raimon Ferrer: "Espero que me dejen cuidarlo, aunque sea una vez a la semana"

El histórico jardinero del Levante desea que la jubilación no le separe del que ha sido su lugar en el mundo ni que su legado caiga en el olvido: "El día de mi homenaje, entró un jugador a verlo sin saber que existía. Y ya llevaba un año. Para mí es como una iglesia, hay una paz difícil de explicar"

Lo que era el cuarto de mantenimiento, el melianero lo convirtió en un espacio cargado de levantinismo donde una paella era la excusa ideal para juntarse, aunque siente que el fútbol ha cambiado hasta el punto de desvirtuar la verdadera esencia de la vida: "Antes te ibas con todos a almorzar y ahora están con un sándwich de cara al ordenador"

Valencia VLC SPD entrevista a Raimon Jardinero del Levante UD

Valencia VLC SPD entrevista a Raimon Jardinero del Levante UD / Francisco Calabuig

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Rafa Esteve

Rafa Esteve

València

La despedida de Raimon Ferrer como jardinero del Ciutat de València, después de casi cuatro décadas velando por un césped en perfectas condiciones, no significa que se desvincule del club de su vida. Hay tantos lazos entremedias que nunca se acabará el que ya es un sentimiento eterno, forjado después de un sinfín de horas de trabajo y dedicación, con tal de que su equipo del alma se dejara la piel sobre un terreno de juego impoluto. Siempre estuvo a disposición del club con tal de que tirase hacia adelante. Y más, en la década de los 90, donde la bonanza escaseaba en las profundidades del Ciutat de València.

A pesar de todo, a Raimon Ferrer se le conoce más por ser el arquitecto de El Raconet que por sus 38 años trabajando sin descanso por y para el Levante. Parece injusto, pero lo construido con sus propias manos, de forma altruista, es una obra de arte al alcance de muy pocos. “Me conocen más por esto que por mi trabajo, pero todo forma parte del Levante”, aseguró en SUPER. Sin duda, la mejor forma de transmitir un sentimiento y de dejar su huella en el club granota, aunque a veces sienta añoranza por las costumbres del pasado mediante todo lo que vivió en El Raconet. Que el mundo no deje de girar no significa que Raimon se identifique con la misma. “Antes ibas a almorzar y ahora están todos con un sándwich de cara al ordenador. Todo cambia".

De hecho, siente que ya forma parte de un estilo de vida, e incluso de una vorágine futbolística, que Raimon desconoce si volverá. “El fútbol ha cambiado un poco. Antes los futbolistas y los entrenadores eran más próximos al que se encargaba del terreno de juego. No es que se distancien, pero ahora equipo de fútbol es cuerpo técnico, cuerpo médico, utilleros, futbolistas, delegado y ya está. No existe ni oficinas, ni jardineros, ni nada. No se ha deshumanizado, pero, por ejemplo, antes un futbolista, si no entraba en El Raconet, no era futbolista del Levante. El día de mi homenaje (8 de mayo, correspondiente al partido contra Osasuna), entró un jugador y no sabía ni que existía El Raconet. Y ya llevaba un año”.

El jardinero destinará su jubilación a vivir despreocupado, aunque mantiene la inquietud de si le dejarán seguir cuidando de su lugar en el mundo. “No sé qué sucederá, pero espero que me dejen cuidarlo. Al menos alguna vez a la semana. Será una obligación para mí ir a verlo. Aquí se me van las penas”, dijo en SUPER, rememorando cómo, “sin ton ni son”, empezó a “hacer una barraca” con “cuatro recortes de periódicos, un par de camisetas y unos cuantos recuerdos” para levantar un museo que refleja la “identidad” de Raimon. “Está todo muy ‘barrejat’, pero a mí no me gustan los museos con carteles. Si fuera pintor sería abstracto. Es mi personalidad, un acto de rebeldía. No sabes dónde mirar. Esto cuesta mucho de hacer”.

Punto de encuentro

No obstante, El Raconet comenzó siendo un lugar de encuentro, con una paella como centro de atención, para olvidarse del fútbol y hablar de la vida. “Esto empezó por la época de Manolo Preciado. Era el cuarto de material y se empezaron a poner paredes. Antes de la pretemporada vinieron Félix, Olías, Jofre y quisieron hacer una paella. Llegó una, después otra, después otra…”, para convertirse, incluso, en un restaurante improvisado donde comían las directivas antes de los partidos con la bendición del legendario Bruce Springsteen, quien probó una paella en 2006, después de actuar en el Ciutat de València... hecha por Raimon. El Raconet abarca tanta grandeza que adquiere múltiples significados. Incluso, sus paredes se pueden considerar un símbolo de resistencia y resiliencia.

Raimon después de perder la final del playoff de ascenso ante el Alavés.

Raimon después de perder la final del playoff de ascenso ante el Alavés. / F.Calabuig

Esto sufrió dos incendios y se perdieron cosas. Había algunas muy grandes, como banderines impresionantes de 3º y 2ºB. Pero se reconstruyó. Ser del Levante nos hace duros y fuertes. No tiramos la toalla ni nos rendimos. Somos como toca”. Pero, sobre todo, El Raconet va más allá, hasta el punto de alcanzar niveles intangibles. “Es una vía de escape, sobre todo, cuando no hay fútbol. Esto es un santuario. Aquí hay una paz que es difícil de explicar. Es como una iglesia, notas algo diferente. Me anima mucho a estar aquí. Han venido jugadores o amigos a sincerarse y aquí se han arreglado las cosas. Después del partido contra el Alavés, aquí se lloró mucho. No solo yo, sino también muchas personas”. Tantos recuerdos, conversaciones, confesiones y momentos vivió Raimon en El Raconet que su legado merece ser conservado.

Tracking Pixel Contents