14 de febrero de 2012
14.02.2012
PARTE DE GUERRA

Con las señales de Pepe y Sergio Ramos

Koné apareció en la sesión con un apósito en cada pierna para proteger las heridas que le provocaron los dos zagueros blancos.

14.02.2012 | 11:53
Koné

A los ocho minutos, Koné ya había sufrido la dureza madridista. Arbeloa lo dejó tendido en el suelo, aunque no sería el que más le acribillaría y sí sus otros compañeros de zaga. El mano a mano con Pepe prometía. El marfileño lo catalogó como un defensor agresivo y esa fue la única vía que encontró el luso para que el ´2´ no se plantara con más asiduidad en el área de Iker. Las tiritas que lucía el ariete en el suave entrenamiento tras bajar del AVE de Madrid ejemplificaron la contundencia del líder. Pepe le dejó su firma en una pierna; y Sergio Ramos, en la otra. Juan Ignacio Martínez tuvo que salir disparado del banquillo cuando Koné se quejó tras una de las innumerables entradas de Ramos. JIM explicó posteriormente que temía que el marfileño estuviera lesionado, que prefería que no lo tocaran, y que no era un reproche hacia el defensa andaluz.

Arouna fue un incordio para el Real Madrid. Siempre tenía una buena ocurrencia en ataque. Poderoso, vertical y con movilidad, el marfileño cumplió su sueño de la infancia, pero esta vez no sirvió para puntuar. Prometió que marcaría de nuevo a Casillas y lo hizo tras culminar un contragolpe de manual. Sensacional el cambio de juego de Valdo y el centro de Serrano. Fue el séptimo gol de cabeza de los once que ha recibido el Madrid en 2012.

Koné volvió a ser el mejor del Levante. Y rozó el tanto en más de una ocasión, y no sólo en sus botas. Casillas evitó el 0-2 a disparo de Iborra después de una magnífica asistencia de Arouna, cada vez más enchufado a medida que iban pasando los minutos. Antes del descanso, Coenträo le ganó un mano a mano cuando el granota ya había dejado sentado a Sergio Ramos y Pepe. En la segunda parte, mientras el Madrid se aprovechaba de la superioridad que le había brindado Undiano Mallenco, Koné seguía a lo suyo, mareando a Pepe y Ramos, y enmudeciendo a un Bernabéu que acariciaba un triunfo que valía algo más de medio campeonato. Su gran encuentro lo culminó con el octavo gol en la competición doméstica. Aunque el desenlace fue cruel.

Un gol para Agua
Koné tenía un baile preparado si marcaba en Chamartín. Aunque lo habitual cuando el resultado da la espalda es recoger el balón rápido para creer en la campanada, él celebró la diana haciendo el gesto de mecer una cuna por su futura quinta paternidad. Será una hija y se llamará Agua, nombre musulmán que en la religión cristiana sería Eva. Era el 3-2, pero rápidamente Karim Benzema dejó en nada la segunda exhibición de Koné ante los blancos. Lo intentó hasta el último minuto, buscando que el balón estuviera más cerca de las inmediaciones de Casillas que de la de Munúa. En los veinte últimos minutos, la premisa del Levante era aguantar la cuarta posición. Ya son 18 jornadas seguidas en Liga de Campeones.

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