Todo empezó por un exceso de ganas. Había muchas por ganar este partido y el equipo salió muy mentalizado para lograrlo, desde la piña, también una idea bastante acertado de cómo lograrlo. Pero fue precisamente el factor precipitación lo que provocó todas esas imprecisiones que impidieron al Valencia CF ponerse por delante con claridad en la primera parte. Habría sido determinante ante un rival que llegaba dispuesto a defender y ver qué más podía pescar en Mestalla. Después, a medida que pasaron los minutos el equipo fue poco a poco volviendo a las andadas, y con ello acabó dando a Osasuna demasiadas expectativas para empatar e incluso ganar el partido. No es una anécdota, es una muy mala noticia este empate, era el día perfecto para dar un salto en todos los sentidos y no haber sido capaces supone una gran decepción que solo puede invitar a seguir en el buen camino iniciado semanas atrás. Además no hay otro, todo lo que vaya a conseguir el Valencia esta temporada está en manos de Javi Gracia y los jugadores, con sus virtudes y defectos solo se puede hacer una cosa y es confiar en ellos.

No hay que esperar mucha más ayuda externa. En el club hay un máximo accionista que dice estar muy preocupado pero no hace nada y un presidente, Anil Murthy, que dice tener la intención de reforzar la plantilla pero no se lo acaba de tomar en serio a pesar de la situación en que está el equipo y el peligro real de verse peleando por evitar el descenso. Ahora van a traer a Piccini, que no es lo que necesitan el equipo y Gracia.

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