El Levante no perdió contra el Elche por Paco López sino porque le faltó el oficio que no ha tenido casi nunca jugando sin balón. Por eso y porque, como él declaró, no se dio «el mínimo nivel exigible». Sin embargo, Paco López y su cuerpo técnico, cuya voz y voto en la toma de decisiones conviene no desdeñar, tampoco ayudaron a ganarlo, ni siquiera a empatarlo. Desde el antes y el después de la Copa hay un terreno abonado a la frustración por la deriva del equipo y la ausencia de expectativas. También, aunque se esconda debajo de la alfombra, un contexto crispado de lesiones y quejidos hacia los servicios médicos. Un problema, el de los diagnósticos fallidos, al que una de dos: o Quico hace oídos sordos o es que el presidente genera más reverencia que respeto y nadie le habla claro ni con la gravedad que merece.

Lástima que la temporada para la historia, ese mantra del que se abusa para justificarlo todo, haya sido un punto y final en lugar de un punto y seguido. Sin un once fijo ni un estilo definido, los tumbos se han ido sucediendo. Y que conste que no es nuevo que la gestión del grupo sea un arma de doble filo. A falta de objetivos, el componente político de las alineaciones ha alimentado la confusión. Siempre ha sido así. Pasó en las buenas y ahora en las malas es lo que le faltaba a un vestuario en el que se sigue echando en falta otro tipo de complicidad de parte de los pesos pesados, la mayoría sumidos en la autocomplacencia. Paco y su cuerpo técnico, lo mejor que en mucho tiempo le ha pasado al Levante, han dado este mismo año una lección sobre cómo optimizar recursos. Pero a base de derrotas es como si improvisaran sobre la marcha. Las cámaras de LaLiga grabando entrenamientos, más allá del decoro, son solo una anécdota controvertida. Aunque la permanencia no peligra, la euforia ha dado pie al temor por el poso de las derrotas y la mala imagen, una deriva que amenaza con dejar secuelas en el futuro inmediato y a la que hay que poner remedio. Es por eso que quien esté orquestando en este momento una campaña por la renovación de Paco se equivoca de plano. Menudo tiro en el pie. Un flaquísimo favor porque lo reduce a un entrenador cualquiera, justo todo lo contrario de lo que es. En tres años y medio pocas veces ha tenido palabras tan críticas el míster de Silla como las de Elx, aunque con las imágenes de su contrariedad al descanso era más que suficiente. Suya fue la gran responsabilidad en los éxitos y suya es también una parte de culpabilidad en esta crisis anunciada. Dijo que no iba a permitir que ningún futbolista se dejase ir y ahora solo hay que esperar que sea verdad. Del pico de forma de varios de los pesos pesados hablan a gritos sus partidos. Quedan cinco para arreglarlo.