Era lo esperado. Joan Peñarroya es el nuevo entrenador jefe del Valencia Basket. Su destino estaba escrito a vincularse más pronto que tarde a La Fonteta y esta temporada ha llegado el momento. Con una experiencia en proyectos valientes pero no tan ambiciosos como el Valencia Basket, el preparador catalán tiene ante sí su mayor reto hasta el momento como entrenador. El repertorio táctico del técnico de Terrassa no es tan extenso o rico como el de técnicos anteriores pero su apuesta por un baloncesto directo y rápido va a gustar seguro a una afición que necesitaba un soplo de aire renovado en el banquillo.

La vinculación de Peñarroya y el Valencia Basket será por una sola campaña, hecho que nuevamente ha levantado cierto revuelo. Aunque se pueda ver cómo una fórmula de falta de confianza hacia el nuevo entrenador no hay que obviar que ha sido el ´modus operandi´ del Valencia Basket desde 2015 con la destitución de Perasovic. No querer hipotecarse con contratos largos que pueden obligar a mantener una relación turbia, y sobre todo dejar diáfanos los objetivos, son algunas de las líneas que definen el motivo de esta vinculación anual.

Desde el punto de vista de Peñarroya, su vinculación se debe entender como la de un reto en el que si consigue lo firmado seguirá sin problemas teniendo además la baza de poder escuchar proposiciones desde el exterior en un riesgo asumido por parte del club. No cumplir lo pactado seguramente le permitirá acabar la temporada, a tenor de que el Valencia Basket no es club acostumbrado a tomar decisiones drásticas en mitad del año deportivo. Además, contará con posibilidades de seguir si la gestión ha sido buena contando con precedentes muy cercanos como los de Pedro Martinez o el propio Jaume Ponsarnau. Querer elucubrar y comparar los contratos de jugadores y técnico carecen de fundamento a tenor que su rol e incidencia es diametralmente opuesta. Un año de horrible de un jugador se puede subsanar con la aportación de otros. Una temporada desastrosa de un técnico conduce a la deriva de todos.

Si tan negativa fuera esta situación Peñarroya no habría firmado, ni tampoco lo hubieran hecho los anteriores. Dirigir a un club como el Valencia Basket debe comportar ser valiente y Peñarroya con su carácter y personalidad lo ha corroborado. Si lo hace bien será entrenador del Valencia Basket muchas temporadas.

Cambiando de tema

En el Levante el primer refuerzo ya es una realidad. En una apuesta por la experiencia y el contraste de los goles, Soldado jugará en Orriols un mínimo de dos cursos. En el levantinismo no termina de agradar un refuerzo marcador por su pasado valencianista y su edad. Sólo por los números su llegada es un acierto. Los 25 goles anotados en dos años en Granada han corroborado ese idilio eterno del gol con Soldado en su carrera.

Toca ser pragmático y funcional. Paco López necesita más variantes a las de Roger y Morales y con Soldado las va a tener. El pasado importa en lo histórico, pero el futuro lo marcará el conseguir asentarse en Primera y con la acreditada aportación del ariete valenciano se ha puesto una piedra más. Si el aval llega además de la mano del técnico, hay que estar tranquilos. Aunque luego el tiempo dará o quitará razones, Soldado es sobre el papel jugar a caballo ganador. Debe salir bien.

Las preocupaciones llegarán con las salidas. Sin ninguna definida, inquieta que el Levante pueda perder a activos como De Frutos o Bardhi y bien se haría en trabajar la marcha de otros como Vezo, bastante más prescindible que los anteriores y que seguro aliviaría también entrenador y afición