El dorsal tiene lo mismo, aunque debería ser el ‘10’. Lo que importa es que las cosas estén claras desde el minuto uno. El leit-motiv de la recuperación del ADN, además de por Bordalás, pasa también porque Soler sea un futbolista fundamental más allá del número que lleve a la espalda y la posición que ocupe en el mapa. Lo pide a gritos, ya sea jugando por dentro, donde lo preferimos todos, o por fuera, donde coinciden en ponerlo los entrenadores.

Es el momento de la verdad. A sus 24 años, el flamante olímpico se expresa como un auténtico viejoven. Llegó al primer equipo cuando las vacas gordas pero ha sido en las flacas, como él mismo reconoce en la entrevista, cuando más ha crecido. Después de una temporada complicada a más no poder se quedó a un palmo de la absoluta. Y ahora, por unos días de margen, disfruta de la experiencia de Tokyo 2020. Ayer, tras su suplencia del primer partido, jugó de titular y será buena señal que Bordalás lo tenga a sus órdenes lo más tarde posible, con LaLiga ya prácticamente en marcha. Que no le pase factura un verano extraño en el que cortó sus vacaciones para incorporarse a la burbuja de Luis Enrique y en el que luego enganchó con la concentración de Benidorm es otra de las cuestiones que deberá calibrar el entrenador.

Culebrón

Reconforta leer a Soler. Todo lo contrario que no escuchar a Wass. Al danés se le espera a partir de esta semana en Paterna tras haber deslizado a través de sus representantes la posibilidad de no hacerlo. L’Equipe informó de un secreto que no lo es para el Valencia, consciente de sus devaneos con el Olympique de Marsella de Longoria. El asunto no debería demorarse más. Si se quiere marchar, que pague. Y si no puede pagar lo que cuesta su libertad, que se ponga a trabajar. Que no renueve, pero que cumpla.