Matrícula de honor para el técnico valencianista en su primer Derbi -aunque no fuera oficial- en el banquillo. Era importante el triunfo para el vestuario y para Bordalás. Más allá de ser un amistoso, la derrota ante el Zaragoza fue un aviso para la propiedad de que con esta plantilla se puede volver a vivir en una montaña rusa constante como hace un año. Del desastre en Pinatar a un partido serio y con el guión que más gusta al nuevo jefe del banquillo de Mestalla. Esas son las dos caras y por eso mismo se reclaman fichajes y salidas de futbolistas que no van a aportar. Porque con los jugadores que elija el técnico, más 3 o 4 llegadas que suban el nivel real de la plantilla, se lograría regularidad y se trasladaría sin duda mayor tranquilidad. Mientras todo eso pasa, el alicantino tiró de Jesús Vázquez y Gayà para la banda. Todo un acierto. También ha logrado sacar la mejor versión de un Alderete que parece que lleve media vida vistiendo la camiseta del Valencia. Con el paraguayo, Paulista a su lado y Thierry en derecha la defensa ya es otra cosa. Y partir de ahí, a falta de calidad en muchos aspectos, la clave está en la filosofía del técnico.

Identidad

Arriba a Maxi aún no le entran pero verle correr y presionar ya es un cambio de chip con respecto a lo visto en muchos meses del curso pasado. Guedes también lo intenta y la mejor noticia es que aunque su futuro está en el aire y tiene más de un pie fuera su profesionalidad en esta pretemporada está fuera de dudas. Y en el medio. ¡Ay en el medio! La aparición de Burlamaqui es un punto para Bordalás que ante la ausencia de futbolistas en esa zona está puliendo al peruano. Ayer, al lado de Guillamón, fue el reflejo de lo que le gusta al técnico. Carácter, incluso con un veterano como Soldado, posicionamiento y alguna que otra patada. En el sentido positivo.