Quiero empezar estas líneas destacando la importante victoria del Levante Femenino en la Champions. Es verdad que sólo se ha superado un escollo y que todavía un camino por recorrer, pero el poso dejado por el equipo ante el Celtic es como mínimo para confiar y creer en ellas.

La gestión del club en el proyecto del femenino tuvo un importante impulso hace unos años. Desgraciadamente, el poderío y dominio del FC Barcelona o Atlético minimizó el impacto. La irrupción del Real Madrid ha aumentado la competencia y la dificultad y más aún con el trasvase de jugadoras que han tenido lugar estos dos años.

Pese a ello, y en un verano en el que referentes como Esther, Zornoza o Banini fueron imposible retener, Ángel Villacampa no ha lanzado ningún lamento, todo lo contrario, no ha escondido que su plantilla está preparada y quiere jugar la Champions. Valientes palabras que deben calar en un Levante, que a falta de poder sumar un título que está tan cerca y lejos a la vez, vería premiado su constante empuje y fe, teniendo el antecedente de ser un club pionero en el fútbol femenino español.

El escenario de antaño ha cambiado, pero no así la filosofía. Por todo esto, mañana habrá que superar la barrera del Rosenborg y en septiembre ratificar el puesto definitivo entre la élite continental. Ellas creen y yo creo en ellas. Lo merecen.

El domingo mientras tanto llegará el Real Madrid al Ciutat. Con menos glamour pero con un gran empaque, el cuadro de Ancelotti pondrá a prueba por primera vez esta campaña, la fortaleza en Orriols del Levante. He de reconocer que tras el partido de Cádiz me quedó un sorbo agrio de decepción. El equipo me gustó en términos generales y fue mejor que su rival hasta que llegaron los minutos decisivos.

Parecía que el golazo de Morales, icono granota con sus 50 goles en LaLiga, iba a ser suficiente. Por un momento vi a un Levante que había madurado y que con los lógicos pero no excesivos agobios, iba a estrenarse con victoria, que la portería iba a estar salvaguardada, no fue así. La realidad cruda del levantinismo volvió a emerger en la jugada que clausuraba el choque. Otra vez los fantasmas de los horrores defensivos, otra vez las dudas sobre los defensas, otra vez las críticas al sistema y planteamiento de Paco López. Es sólo un partido y esperemos quede ahí. Muchos queremos un Levante que también sepa jugar sin tanta lucidez pero que sea contundente atrás, que apenas dé concesiones. Hay que madurar esta idea.

Mientras en La Fonteta ha arrancado una pretemporada en la que López-Arostegui ha sido el primer inquilino de la enfermería. El jugador vasco es una de las grandes apuestas y su tobillo maltrecho inquieta, tal y como aseguró el propio Peñarroya. Con una plantilla cerrada y un presupuesto definido, el equipo deberá hacer frente a lo que viene con lo que hay.

La plantilla ofrece menos alternativas porque básicamente cuenta con dos efectivos menos. Para la Liga Endesa debe ser más que suficiente pero en Europa la cosa está más peliaguda. Esperando que su vuelta sea lo ante posible, este contigencia debe servir de alerta para al menos reflexionar si hay que mantener la idea de tirar con lo que hay o de tener siempre el mercado en la mente. Me consta que la segunda opción nunca se ha desdeñado, otra cosa es ejecutarla.

En el Valencia Basket nunca se deja de trabajar en el presente aunque tampoco se para de cara al futuro. Dimitrijevic o López-Arostegui han sido los últimos ejemplos. Pese a ello tocará valorar si la exigencia debe ser la misma en función de las piezas que Peñarroya pueda contar y sabiendo los baches que un año deportivo deja. Relanzarse hacia la Euroliga no permite dudas ni concesiones.