Luis Enrique le dijo que se lo había ganado. Y seguramente fue muy parecido con Bordalás cuando recién aterrizado de Japón jugó de titular contra el Getafe sin apenas haber acumulado entrenamientos. A Soler nadie le ha regalado nada, ni en la selección española ni especialmente en el Valencia. Aquí ha ido quemando etapas hasta ser el 10 que lleva hoy y que debió haberle tocado antes. En una exquisita conversación en Las Rozas con los enviados especiales de SUPER, los mismos para los que posó en la previa de Suecia junto al otro gran orgullo del valencianismo que es Gayà, el centrocampista de moda, debutante y goleador con la absoluta, reflexiona tanto sobre el mejor momento de su carrera como sobre el que posiblemente también lo es para el Valencia desde el terremoto de hace dos años. A salvo de nuevas réplicas, con las sensaciones que han dejado las tres primeras jornadas y favorecido por el viraje de política en el mercado, su palabra es de capitán, un voto de calidad similar al del entrenador con los fichajes. 

Soler habla de ellos y lo hace con el matiz, para nada gratuito, de que vienen «con humildad». Sin embargo, entre las muchas cuestiones relevantes que cuenta hay una frase que destaca por encima del resto y que coincide con la que hemos usado para titular su entrevista en portada: «Se han quedado jugadores importantes y podemos hacer un buen año». Entre esos jugadores importantes que se han quedado está él, aunque no es a sí mismo a quien se refiere sino al mencionado Gayà y a los Guedes, Wass o Maxi por los que el club ha rechazado ofertas. Lo importante, eso sí, no es el hecho de no haberlos malvendido. Podían estar en el equipo y dedicarse a verlas venir. Lo importante es que estén convencidos y vayan a muerte. Pinta bien. Palabra de Soler.